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Unificando criterios pedagógicos y de servicio desde los centros de práctica. -Una experiencia de abordaje familiar en el ámbito escolar-

Luisa Guzmán, Norma E.DíazDescargar PDF

La cátedra Práctica Profesional III, se integra pedagógicamente con Trabajo Social III, ambas sustentan un marco teórico común para el abordaje de problemáticas familiares a partir de la manifestación de problemas de parte de algún miembro de la familia.-
En términos generales las cátedras adhieren al Modelo Sistémico, a efectos de dar explicación e intervenir frente de diferentes demandas que involucren el denominado “Paciente identificado” y su grupo familiar.-

Con relación a la identificación de niños con problemas en el ámbito escolar, Stéfano Cirigliano dice que…”Las conductas problemáticas manifestadas en la escuela por algunos alumnos, solo resultan comprensibles si se las sitúa dentro de la dinámica del grupo familiar. Esto no impide que la escuela pueda llegar a ser la caja de resonancia de esas conductas trastornadas, alimentadas inconscientemente por las modalidades relacionales que originan los problemas de los alumnos”. –
En tal sentido, la intervención desde el modelo sistémico indica que deberá tener en cuenta el contexto en el cual la conducta se manifiesta. Es decir, no es posible abordar el problema, obviando las interacciones que se producen entre escuela-docente y familia-niño.-

La escuela, como institución complementaria del funcionamiento familiar está investida de una serie de mitos y creencias sustentadas desde el imaginario social (“la escuela es el segundo hogar”, “la maestra es la segunda mamá”) y reproducidas o reforzadas por cada una de las familias que están en relación con la escuela. No es raro que los padres manifiesten por ejemplo: “Aquí le dejo a mi hijo para que lo hagan una persona de bien”, “Ya que yo no puedo ser nadie porque no tengo cabeza, espero que mi hijo sí pueda ser alguien estudiando”,”Trátelo bien porque es muy mimado”, “Eduquelo Ud. porque es muy mal educado”, etc.
Estas construcciones están en juego cuando cada niño entra en relación con la escuela, y por intermedio de él toda la familia. Pareciera ser que al docente le compete no solo la enseñanza formal, sino sobre todo el cumplimiento de la socialización que muchos padres no están en condiciones de hacer.
Esta depositación acerca del rol del docente es un elemento presente en la relación del maestro con cada uno de los alumnos, lo que pone en juego la posibilidad de que se reproduzcan en el ambiente escolar los vínculos disfuncionales que los niños mantienen con sus respectivas familias. Los vínculos familiares se reproducen muy fácilmente en la relación del niño con el maestro y con sus pares, incluyéndose en aquellas conductas de agresión, marginación, etc.
Otro aspecto importante es que el contexto escolar también está integrado por “los otros”: docentes, directivos, administrativos, donde también pueden repercutir las sintomatologías generándose un ambiente de tensión o estrés.

Es importante tener claro que los docentes y directivos funcionan necesariamente como modelos vinculares, tanto para los alumnos como para las familias, es decir, si no funcionan como un “holón ejecutivo” (Equipo integrado) y coherente, serán susceptibles de fisuras o manipulaciones cuando alumnos o familias deseen obtener beneficios secundarios y no asuman sus propias responsabilidades. Puede suceder que el docente se sienta responsable de algún problema que debiera ser asumido por los padres, o que se permita transgredir normas institucionales porque la familia aparece como muy desvalida. Cabrían aquí algunas preguntas:

¿Cuál es la competencia real de la escuela?
¿Qué se puede esperar de ella y que no?
¿Qué conductas serán aceptadas en la escuela y cuáles no?
A este último aspecto autores como Selvini Palazzoli lo denominan:”definir la relación”, es decir, que todos los miembros que están implicados en la relación (maestros, directores, alumnos, padres, etc.,), sepan explícitamente para qué están y que puede esperar cada uno con relación a otros.
La definición de la relación posibilita que en el ámbito escolar se traten los problemas específicos y que no se conviertan en sustitutos de la familia. Además, que la escuela no se convierta en un espacio terapéutico de los problemas familiares. Lo que sí es aconsejable, es orientar a los padres para que las dificultades de conducta de sus hijos sean tratadas terapéuticamente en los espacios pertinentes; esta sería una función de orientación.

Los problemas de conducta de los alumnos, son, por lo general asignados a un equipo psicopedagógico o centro de consultoría escolar, a cargo de profesionales de la salud mental.
La intervención debe tener por finalidad que los padres asuman el problema y consecuentemente se hagan cargo, de forma tal que el docente deje de ser el depositario de las funciones parentales y pueda ser efectivo en su rol específico.
Es pertinente señalar que en toda intervención deben asimismo considerarse las variables que devienen del contexto institucional, las cuales pueden reforzar, agudizar e incluso provocar la manifestación de conductas disfuncionales.

En el año 1997, una escuela primaria de la ciudad de Posadas funcionó como centro de práctica, partiendo de una demanda de intervención de la misma, relacionada con la manifestación de problemas de conducta y o aprendizaje de alumnos que concurrían al establecimiento.
Las “situaciones problemas” fueron detectadas por los maestros de grado y canalizadas por intermedio de la directora.
El supuesto implícito en la demanda hacía referencia a la existencia de problemas en las familias de los niños, lo que motivaba la manifestación de conductas sintomáticas en la escuela y /o frente a las tareas escolares.

La cátedra consideró pertinente la demanda institucional, partiendo de la premisa que las manifestaciones de conductas disfuncionales de los niños en la escuela podrían responder no solo a problemáticas familiares, sino también a trastornos psicológicos individuales u orgánicos, como asimismo a conflictivas interaccionales dentro del propio contexto escolar.

La intervención de los alumnos se circunscribió a un contexto de asesoramiento y diagnóstico, es decir, conocimiento de las familias y sus problemas y orientación para el reconocimiento explícito de los mismos.
Se priorizaron de entre la demanda, diez casos para su atención.-
Los aspectos destacables observados en el desarrollo de la práctica fueron los siguientes:

1. Existencia de disfunciones familiares explícitas o no, en la totalidad de las situaciones abordadas.
2. En la mayoría de los casos la disfuncionalidad familiar aparecía reforzada en la escuela, por alianzas o coaliciones de los padres con docentes y /o directivos.
3. Había de parte de los padres una abdicación de la función parental normativa, delegando la en la escuela
4. Un elevado porcentaje de las familias requería de asesoramiento y contención en sus problemáticas aún cuando no se había partido de una demanda espontánea
5. La relación mantenida entre el sistema familia y el sistema escuela, aparecía desdibujado

Al término de la intervención el equipo de práctica hizo las siguientes propuestas a la escuela:

1. Considerar la posibilidad de crear un gabinete técnico, integrado por: trabajadores sociales, psicopedagógos, psicólogos, etc.
2. Capacitación de los docentes como preventores en relación a los problemas de conducta, informándoles sobre posibles formas de contención y/o derivación.
3. Realización de talleres de reflexión y capacitación conjunta de padres y maestros

Cabe explicitar que en el ámbito educativo de la provincia no se contempla la atención integral del grupo familiar de referencia de los alumnos, ni el abordaje de situaciones problemas que se manifiestan dentro del contexto áulico, por lo cual el trabajo realizado por la cátedra a partir de la demanda concreta desde un establecimiento constituye un punto de partida para el abordaje de dichas problemáticas y el presente informes una primera aproximación a ello.

Bibliografía:
Campanini A. y Liuppi, F.. Servicio Social y Modelo Sistémico. Paidos. Bs. As. 1991
Cirillo, S.. El Cambio en los contextos no terapéuticos. Paidos. Bs. As. 1994
Palazzoli, M.; Cirillo, S. y otros. El mago sin magia. Paidos. Bs. As. 1993