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Las marcas de época. La familia y la intervención del trabajador social en diferentes ámbitos y espacios

Baez Pini Gabriela, González Beatríz Lirussi MartaDescargar PDF

El trabajo social en la Argentina se profesionaliza vinculado al desarrollo del Estado social constituyéndose éste en el principal empleador hasta inicios de los años “90”, cuando comienza a instrumentarse un nuevo paradigma de políticas sociales centrado en la focalización y descentralización de las prestaciones. En este contexto un papel importante en la provisión del bienestar, además del estado y el mercado, fue asignado a la sociedad civil a la que se le atribuía mayor eficacia para intervenir en la distribución de los recursos. El crecimiento del denominado tercer sector como instrumentador de políticas sociales acarreo el desplazamiento del Estado como principal empleador de los profesionales del Trabajo Social.
Entonces, considerando que las ONGs han cobrado importancia como espacios ocupacionales de los trabajadores sociales se consideró necesario indagar sobre las condiciones materiales y simbólicas implicadas en el ejercicio profesional en este tipo de organizaciones, para ello se realizaron una serie de entrevistas a trabajadores sociales vinculados a ONGs. En las entrevistas de carácter no directivo se plantearon una serie de ejes conversacionales en torno a los mecanismos de procura y obtención de empleo; las debilidades y fortalezas y los obstáculos y dificultades en la actuación; la situación y condición laboral; la relación entre formación y las demandas en el ejercicio profesional en estos escenarios; las representaciones que los profesionales tienen sobre la formación recibida y sobre las ONGs. como espacios ocupacionales de la profesión.
Las entrevistadas que desempeñan funciones en diferentes ONGs. de la Ciudad de Posadas, se caracterizan por ser mujeres, de entre 24 y 60 años, procedentes de diferentes localidades de la provincia de Misiones, así como de la ciudad capital; en general casadas con hijos; graduadas entre los años 1985 y 2008, periodo en el cual rigieron la formación profesional tres planes de estudio diferentes; la mínima antigüedad registrada entre las entrevistadas en el ejercicio de la profesión es de un año y la máxima de 23 años; en general además del título de grado en Trabajo Social, han encarado otra formación de grado como psicología o abogacía; o han realizado algún tipo de formación de postgrado, entre ellos maestrías, especializaciones o cursos de postgrado.
El análisis de los datos permite identificar la vocación por el trabajo social como una construcción que se gesta a temprana edad, a partir de experiencias de trabajo comunitario realizado en diferentes organizaciones no gubernamentales y también en vinculación con la iglesia.
(…) elegí trabajo social porque yo ya venía trabajando con un grupo de jóvenes….. Desde la adolescencia hice hincapié con un grupo trabajo juvenil de la Iglesia. Tuve afinidad, me perfilaba para eso. En realidad yo quería estudiar otra cosa pero no hubo posibilidad económica. Yo ya trabajaba, tenía un grupo de jóvenes, trabajaba comunitariamente. (Entrev. MV3: 2008).
Mecanismos de procura y obtención de empleo
El análisis de los datos relevados da cuenta que el problema del empleo, fundamentalmente se presenta entre los trabajadores sociales recientemente graduados, quiénes no quedan exentos de las condiciones de reclutamiento actualmente vigentes para los aspirantes de un empleo.
Por un lado, el Estado cubre la demanda de trabajadores a partir de contrataciones y subcontrataciones, en los cuales se pone en juego relaciones clientelares y por lo tanto la exigencia de algún tipo de involucramiento en acciones político – partidarias de los aspirantes al empleo público.
“(…) Y justo nuestro jefe se postuló y preguntó quién quería, implícitamente sabíamos que el que no trabajaba políticamente no trabajaba más. Yo no dije nada en un primer momento, pero después sí, y ahí nos metimos de lleno. El equipo técnico se metió entre los que trabajaban políticamente y nosotros que éramos nuevos, que veníamos, que nunca habíamos trabajado políticamente, pero te digo que no es nada difícil hacerlo…. Le armamos toda la plataforma política, porque él se candidateaba….Le armamos las propuestas. Como la organización, le planificábamos todo eso, asistíamos a las reuniones, armábamos las reuniones, visitábamos a la gente. Generalmente era contar lo que hacíamos, pero ahora era agregarle un plus, poner al candidato……Perdimos, el candidato perdió….Hasta que vino toda la cuestión política y el equipo queda sin trabajo. Lo bueno es que había plata guardada desde mi jefe y él nos sostuvo todo ese tiempo, unos meses más. Después de las elecciones nos sostuvo unos meses más, con el mismo sueldo, sin trabajar. ….. Entonces la promesa era “si yo sigo en mi cargo político, todo el equipo sigue, firmo un pedido, y entrabamos a planta permanente”. (MV 3 2008).
“(…) Lo que yo destaco de esta organización es que nunca trabajamos políticamente. Por eso nunca manejamos un programa grande, por eso nunca tuvimos un apoyo, ni un respaldo económico fuerte, nunca tuvimos un espacio físico propio, porque nunca negociamos, nunca pertenecimos a ninguna bandera política”. (Entrev 1, 2008)
Otro mecanismo de acceso al empleo público ampliamente difundido es la realización de pasantías, destinadas a alumnos avanzados, mecanismo altamente criticado por competir deslealmente con las posibilidades de empleo de los profesionales.
“(…) En ese momento había dos tipos de pasantías. Las pasantías de convenio con la Facultad de Humanidades que eran a nivel provincial, y las nuestras que eran a nivel nacional. Era el Ministerio de Salud de la Nación articulado con Atención Primaria de acá, de la provincia. Nosotros cobrábamos 90 pesos y tenías que ir diez horas semanales. Vos sabes como es el tema de la pasantías, las diez se multiplican en veinte, más los viajes y todo eso. Y así empezamos a trabajar, bien, a conocer lo que es el ámbito de la administración pública, empezar a conocer la realidad del ámbito laboral.” (MV·3 2008)
Por su parte, las ONGs además de demandar experiencia, requieren que el trabajador esté dispuesto al trabajo ad honorem, disponga de recursos factibles de ser puestos al servicio de la organización, de tiempo y predisposición para la realización de múltiples tareas.
“(…) Me mostraron el proyecto y me interesó. A mi la verdad en ese momento me interesaba adquirir experiencia. Tenía mucho miedo de un trabajo nuevo y no saber intervenir. En ese entonces no me pesaba lo económico, porque estaba viviendo en la casa de mis padres. Quería aprender, experimentar. Era mínimo lo que me daban, me pagaban los pasajes, me daban los viáticos” (Entrev 1: 2009) .
“(…) para bajar un programa de Nación, Nación ahora no te canaliza los recursos a través del área de los Ministerios, sino a través de alguna ONG que monitoree los recursos. No le da plata directamente al Estado, sino a un tercero, ese es el rol protagónico de las ONGs”. (Entrev. B1: 2008)
Asimismo, otras de las estrategias detectadas a la hora de conseguir empleo son el uso de los vínculos de conocidos, colegas, amigos o parientes que por su posición, ya sea en la estructura de gobierno o partidos políticos con poder, funcionan como porteros al empleo.
“(…) se presentó al concurso una amiga; mi amiga tenía otro trabajo y no le daban los tiempos, los horarios, pero no quería perder esa posibilidad. Entonces ella me presenta a la Subsecretaría de la Juventud, al subsecretario”. (Entrev. L: 2008)
De esta manera, los trabajadores sociales recientemente graduados, a la hora de gestionar su primer empleo, se ven obligados a poner en juego una serie de estrategias, entre ellas: la distribución de curriculum acompañados de la presentación de proyectos de intervención social a distintas organizaciones potenciales empleadoras; la participación voluntaria en las organizaciones sociales (capilla – grupos de jóvenes a nivel barrial); la iniciación profesional a partir de actividades ad honorem, estrategias que responden a la necesidad de hacerse conocer, establecer vínculos, construir un curriculum que acredite antecedentes de trabajo como plataforma para aspirar al empleo remunerado de carácter estable y por otra parte, a la necesidad de adquirir experiencia en el ejercicio de la profesión; esto último, planteado como una carencia en el proceso de formación.
Situación y condición laboral
Una vez incorporado al mercado de trabajo, las características del trabajo flexible exige que los profesionales desarrollen como estrategia contar con más de un empleo en forma simultánea: Estado – ONG / Diferentes programas de políticas sociales instrumentadas por el Estado, o en diferentes ONGs. Esquema en el cual, el armado de ONG propia pasa a constituir parte de la lógica del sostenimiento en el mercado de trabajo. Esto exige estar a la procura permanente de líneas de financiamiento tanto de instituciones del Estado o internacionales y hacer uso de recursos / bienes propios para poner en andamiento la organización y las posibilidades de trabajo.
“(…) el trabajador social es un autogestor de sus propias políticas y propuestas de trabajo, sino te quedas encasillado en nada. Definitivamente no hay salida laboral”. (Entrev 3: 2008))
“(…) Cuando yo estaba en “proyecto” había armado un grupo referente con un representante por manzana, me reunía con ellos una vez por semana para ver que era lo que estaban necesitando. Y ahí iba enfocando las búsquedas de fuentes de financiamiento, en función a las necesidades de la gente. (Entrev. Ml 2008)
“(… )Lo que nosotros hicimos, como recién empezábamos y siempre tiene que haber un ingreso, porque tenés que pagar un libro de balances, pagarle al contador que te hace esas tareas; en ese entonces estábamos con lo de la personería jurídica y tenés que pagar un monto; al escribano por la firma del estatuto. Entonces en ese momento puso cada uno de su bolsillo algo. Y todo lo que entraba era para tener una caja chica… (Entrev MV3 2008)
Otra de las situaciones que se desprende de las entrevistas es la “alternancia” de trabajo entre ONG e instituciones del Estado, el empleo en el Estado va funcionar como garantía de un ingreso que a pesar de ser bajo, es considerado como seguro, permanente y con los beneficios de la seguridad social; condiciones que son ponderadas a la hora de decidir la incorporación como empleado en la estructura del Estado.
“(…) Yo tengo como objetivo, si vos me decís cuál es mi objetivo, es una planta permanente en un lugar público, listo, porque vos cumplís un horario… el empleado público y el docente que se queja me hincha las pelotas. Se sabe que entras a las 7 de la mañana y a las doce podés salir o entras a las 8 y a las 2 salís. Tenés un sueldo, estás blanqueado, paro que hay no vas, tenés vacaciones, tenés todo, entendes. No existe otro trabajador como el público, Tenés toda la tarde libre. Cosa que no tiene un empleado de una empresa, un banquero, un empleado de comercio que tiene que cumplir horario que tiene que trabajar inclusive los sábados. Lo ideal sería: trabajo de mañana, no importa que tengas un sueldo de 500, 600 pesos pero tenés la tarde libre para generarte otra fuente laboral. Pero si surge otra posibilidad de trabajar todo el día, no importa, trabajo es trabajo y hoy en día hay que valorar eso. (Entrev. B1 2009)
“(…) Por eso te digo, la ONG te puede dar algunas ventajas, pero no siempre, no todo es remunerado, no podes vivir de una ONG, a no ser que uno curre, pero no es la idea, la nuestra no… Entrar a planta permanente no te da un ingreso….Te da estabilidad, pero no te aumenta el ingreso. Hay una categoría por supuesto, según la categorización, pero nada más. Llega un momento en la vida en la que necesitas ese respaldo, esa tranquilidad. Este es mi trabajo institucionalizado de mañana pero de tarde tengo posibilidad de hacer lo que me gusta… Pero la verdad eso está difícil, hoy esta difícil”. (Entev 1, 2008)
Entre aquellos que cuentan con otros empleos, ya sea en la administración pública, autogestionados o en el sector privado, el trabajo en las ONGs les permite complementar el salario recibido.
“(…) La mayoría está en otro trabajo. Una es de Salud Pública, la otra persona en Desarrollo Social, la otra persona tiene fuente propias y las otras chicas que son estudiantes una de ellas está en otra pasantía de la facultad. Porque con quinientos pesos no vivís. Es un complemento del sueldo. Y para los de administración pública que trabajan a la mañana, les queda la tarde para generar otro ingreso” (Entrev. B1, 2009).
Estas condiciones de trabajo van a cambiar para los trabajadores sociales empleados en organismos no gubernamentales, allí generalmente el trabajador social se constituye como trabajador autónomo, que debe facturar sus servicios y tributar; la jornada laboral y la intensidad del trabajo se rigen por otros cánones que el empleo en relación de dependencia, en general no hay delimitación y asignación de tareas en función de jerarquías; como ocurre en las instituciones de política social del Estado. En muchas ocasiones el profesional debe resignar la especificidad del quehacer en pro del financiamiento y de sostenimiento en el marcado de trabajo (desarrollo de actividades administrativas).
“(…) Soy monotributista, le facturo a la asociación, pero viste que después de seis meses pasas a ser relación de dependencia, por más que factures, y yo hace doce que trabajo. Acá trabajamos cómodos. Aparte yo tengo otra ONG, que también estamos dando microcréditos. Otro sistema, otra metodología. Que es el Banquito de la Buena Fe. Este programa es sustentable. Nosotros cobramos nuestro sueldo de los intereses. Por supuesto la asociación sigue pagando la luz, el agua. El teléfono lo pagamos nosotras. Hay cosas que igual la asociación sigue aportando” (Entrev. ML, 2008).
Los ámbitos de desarrollo profesional en la ONGs. van a depender de las líneas de financiamiento, lo que exige que el profesional esté a la expectativa y a la procura permanente de fondos como garantía de la continuidad del trabajo. Así, las posibilidades de generar empleo tanto en ONGs. Constituidas por los propios trabajadores sociales, como en aquellas donde el profesional es contratado, van a dependen de la capacidad de gestión de los profesionales, en este caso de los trabajadores sociales.
“(…) En ONGs tiene que tener recursos para tomar un TS, a veces lo hace en forma temporal y con poca estabilidad. Hay que generar esos fondos o buscar subsidio. Mirá lo que antes me pasó a mi, les sucede a colegas con los que he hablado creo que lo más fuerte es la situación de desamparo que se tiene como profesión, tu currículo tu formación, tenes que luchar mucho para estar en un lugar determinado” (Entrev. MI, 2008).
“(…) Tenemos una mina de oro que no estamos explotando. Porque por lo que sé, ahora, hay un fuerte impacto de la ONGs en la comunidad, para con las instituciones, para con la gente. Donde hay muchas más posibilidades de obtener recursos, conseguir cosas. Ahora en este momento. Con el tiempo se fue dando esa importancia y dando el traspaso de las obligaciones, o, tercerizando a las organizaciones para que vayan manejando” (Entrev. MV3 2008).
“(…) A nivel de las ONGs ves gente que arman ONG consigue en ese momento apoyatura o consiguen el ok del gobierno y se mandan y consiguen muchas cosas, pero en ese aspecto veo que hacen cosas que no tienen nada que ver con la profesión o que no están formados suficientemente o se que olvidan su formación en trabajo social” (Entrev. MI: 2008).
Las condiciones de trabajo de los trabajadores sociales en las ONGs. dan cuenta de una diversidad de situaciones pero siempre asumiendo características semejantes a las que plantea David Harvey (1989) cuando describe el mercado de trabajo en el modo de “Acumulación Flexible”, donde en un contexto de desempleo estructural, de falta de trabajo se imponen con mayor facilidad la precariedad y flexibilidad laboral; a partir de contratos de trabajo temporarios, de tiempo parcial, con salarios modestos y polifuncionalidad en las tareas. Esto además de configurar un profesional multipropósito y polifuncional, sin horarios de salida – entrada, feriados, vacaciones.
“(…) De repente en la ONG que te dicen se tienen que sentar y en menos de 24 horas tienen que hacer siete proyectos porque Nación mañana cierra el concurso. Noches enteras hasta la madrugaba, todos alrededor de una computadora armando el proyecto para al otro día mandar toda la documentación a Nación. Eso también te da la habilidad y la agilidad de la elaboración de proyectos; los lineamientos que siguen nación también”. (Entrev. 1: 2008)
“(…) A nivel de las ONGs también, también los ves, ves gente que arman ONG consigue en ese momento apoyatura o consiguen el ok del gobierno y se mandan y consiguen muchas cosas, pero en ese aspecto veo que hacen cosas que no tienen nada que ver con la profesión o que no están formados suficientemente o se olvidan de su formación en trabajo social.” (Entrev. MI:2010)
A pesar de las condiciones de trabajo visiblemente diferentes que se plantea en las organizaciones no gubernamentales comparativamente a las instituciones del Estado; la falta de trabajo y la práctica clientelar en el reclutamiento de profesionales en las organizaciones del Estado, contribuyen a que las ONGs. sean vistas y funcionen como un “lugar de refugio”, generando una ilusión de autonomía, a diferencia de las instituciones del Estado que por sus características y mecanismos de funcionamiento ponen en tensión el quehacer profesional y el ejercicio de la autonomía.
“(…) con la ONG yo no sé si vivir. Pero sí, se puede tener un ingreso, pero vos tenés que dedicarte a eso. Tenés que estar atento a todo lo que salga, llevar al día todo los papeles. Sí, puede ser un laburo, es un laburo”. (Entrev. MV3 2008)
Las representaciones que los profesionales tienen sobre su propio quehacer
A la hora de hablar del ejercicio profesional entre los profesionales entrevistados se ha observado la construcción de dos tipos polares de profesionales vinculados a la intervención social: el profesional de campo y el profesional de escritorio. El trabajador de campo es representado en la imagen del trabajador social “Vivo”, que lleva líneas de acción a diferentes lugares, comprometido con la resolución de la problemática social que atiende y con las personas involucradas, con principios éticos, que no se acomoda a la burocracia., el que elabora propuestas y contra propuestas, el que golpea puertas, indaga sobre alternativas, el que insiste.
En el polo opuesto aparece el profesional de escritorio, el que “no genera”, el que hace lo mínimo para cumplir con su horario, inactivo, representado como el trabajador social muerto, cómodo e institucionalizado, con muchos años de servicio en una sola institución o lugar de trabajo, en general instituciones de política social del Estado, referidas como “el cementerio”.
“(…) el trabajador social que entraba ahí (Ministerio) tenía solo un trabajo de escritorio y no un trabajo de campo. Y yo desde el 2001, de alguna manera, estoy conectada al Ministerio de Bienestar Social, me dí cuenta que eso también pasa por cada profesional. Porque muchas veces las políticas vienen de Nación pero también está en vos golpear puertas, el hacer propuestas o contra propuestas”. (Entrev 1, 2008)
“(…) Cuando hablo de trabajo institucionalizado hablo de que está permanente, pero permanente a su silla, que de ahí no se mueve….. Para mi eso es lo institucionalizado aquel que no genera”. (Entrev. 1, 2008)
“(…) El otro día me hablaban de los institucionalizados, de aquel empleado que hace lo mínimo para cumplir con su horario y su tarea, no hay un compromiso con el trabajo.” (MV·3 2008)
Esta tipología que aparece para contrastar los tipos polares de trabajo social, también se refleja en relación a los espacios ocupacionales, el trabajo en el Estado, institución considerada por los entrevistados como “el cementerio de los trabajadores sociales”, aparece relatado en los discursos como un trabajo individualista y competitivo, burocratizado; en tanto el trabajo que se realiza desde las ONGs: aparece bajo las nominalizaciones de flexible, que posibilita la promoción de relaciones horizontales, etc..
Así, el quehacer profesional en el ámbito del Estado aparece como un modelo de ejercicio profesional “institucionalizado” y no deseado como proyección y desarrollo profesional; esto a pesar de que el empleo en el Estado sea deseable por la estabilidad laboral, como forma de reaseguro de empleo permanente, con un ingreso mínimo y con cobertura social.
Estas tipologías diferenciales nos remiten a pensar, por un lado, en los estilos de funcionamiento institucional típicos de las instituciones de política social en la provincia y por otro, en los perfiles de formación profesional a partir de los cuales se formó la mayoría de los trabajadores sociales de Misiones, ambas dimensiones modeladoras del quehacer y de la identidad del profesional, participan en la producción de diferentes resultados en el quehacer, permitiendo la posibilidad de construcción de intervenciones favorecedoras de lo instituido, del statu quo, o favorecedoras de lo instituyente, esto es orientadas a democratizar las instituciones y posibilitar la gestación de vínculos con mayor horizontalidad (Rotondi, G. 2007).
Además de los tipos polares sobre el quehacer profesional construidos a partir de las entrevistas, los relatos dan cuenta de la aparición de un perfil más liberal de la profesión vinculado al progresivo desarrollo de la mercantilización del ejercicio en el marco del cual se reivindica la iniciativa privada como una de las estrategias de intervención social y de procura de empleo. El surgimiento de este perfil trae aparejado la modificación en la relación con el otro, apareciendo el corrimiento de la figura de usuario a la de cliente, modificándose así la concepción del destinatario del quehacer profesional.
“(…) nuestros clientes en nuestro trabajo, son principalmente familias carenciadas y el aporte económico que te puedan hacer para tener tu servicio es mínimo, sí o sí tenes que tener una entrada económica ya sea del estado, ya sea de una institución privada que pague tu trabajo….Por ejemplo, otras profesiones por ejemplo un médico, un psicólogo, pueden montar su gabinete y como que está más expandidos hacia la población de otros niveles”. Entrev. MI: 2009)
“(…) Lleva mucho trabajo porque cuesta que entiendan que la base del programa es la confianza. La confianza en ellos, la confianza en nosotros. Entonces ellos mismos van cambiando. Después cuando uno ve que queda firme ahí recién uno queda tranquilo”. (Entrev ML2008).
Vinculado a la aparición de los nuevos perfiles profesionales arriba descriptos, los testimonios relevados dan cuenta que la terciarización de la política social ocurrida en la argentina a partir de la década del noventa posibilitó la reaparición de características típicas de la intervención filantrópica, el ayudar como impulso generoso relacionado a los preceptos morales y al amor al próximo a la hora de la actuación.
“(…) creo que también hay mucha gente que está laburando muchísimos que se está formando y que está frente a una ONG, o sea, hay el amor, no?! …..gente que está luchando mucho que está en una ONG que la está llevando adelante de manera transparente, con formación, ejerciendo la profesión y llevando la bandera del Trabajo Social en alto y eso no debe ser tapado”. (Entrev. MI 2010)
Sobre la formación recibida y espacios ocupacionales de la profesión
La aparición de los tipos polares de trabajo social reflejadas en las categorías “trabajo social vivo” vs. “trabajo social muerto”, “trabajadores sociales de escritorio” vs. “trabajadores sociales de terreno”, va a replicarse en la dicotomía teoría – práctica cuando se trata de la formación profesional. En los relatos de los entrevistados va aparecer el campo de la formación profesional como el campo de la teoría, el momento de la gestación de un perfil de investigador o de un académico, más que el de un trabajador de terreno, del campo de la práctica en barrios o instituciones. En esta lógica el académico aparece como alguien incapaz de dar este tipo de formación en función de no contar con la experiencia.
“(…) Porque está manejada por gente que esta en esa lógica. En nuestra carrera pasa lo mismo. Como la carrera está manejada por gente que lo que conoce es la lógica de la academia, de la universidad. Cuesta mucho pensar la formación para otras cosas, cosas que ellos no han vivido, no han hecho”. (Entrev 1 2009)
Ante el percepción que la formación recibida no prepara para hacer frente a los requerimientos de la intervención profesional para “el terreno”, “para el campo”, cuestión que es demandada en las instituciones y organizaciones, el profesional reconoce que esta experiencia va a ser acuñada en el ámbito de las organizaciones, consideradas como el escenario de puesta en juego de los conocimientos adquiridos en la formación académica; así la práctica es considerada el ámbito de aprendizaje para la intervención, noción de intervención profesional vinculada a la acción en sí.
(…) “Ahí se aprendió mucho, yo aprendí muchísimo. Uno, al estar más grande tiene otra mirada, empieza a ver otras formas de moverse, otras estrategias dentro de lo que es el ámbito laboral. Empezas a analizar el juego, o el interjuego, de las personas que están ahí, del equipo, los intereses personales, del grupo y del que está llevando adelante, de la institución”. (Entrev. MV, 2009).
Esta escisión teoría – práctica aparece más fuertemente arraigada entre los profesionales graduados a partir del último diseño curricular que plantea una propuesta visiblemente tecnocrática de formación profesional; con una fuerte impronta del manejo de la técnica (diseño de proyectos y evaluación; negociación, mediación, reingeniería social, etc.); no siendo suficientemente considerado el trabajo social como un proceso en el cual se incluya la discusión y reflexión sobre la ética profesional.
“(…) mi plan estudio fue mejor, desde primer año teníamos la teoría y a la par la práctica. ….vos ya salís con otra mirada, no con la mirada de un vecino…… Yo veo que ahora a los chicos les falta mucha práctica, todo teórico, conejillo de indias con los mismos compañeros que no es la realidad que sucede afuera”. (Entrev. 1, 2008)
El análisis de la información relevada en las entrevistas da cuenta que el perfil de la formación tecnocrática se corresponde con el profesional requerido, que aparece como un profesional especializado en la resolución de los problemas sociales, derivados de contextos de crisis y en ese sentido se la considera como una carrera altamente pertinente. Este perfil de formación trasunta en la asimilación de los mandatos institucionales de la organización contratante como los pilares del deber ser y del quehacer de la profesión.
“(…) Por lo general lo que se trabaja en esta institución tiene mucho que ver con mi profesión, es decir solidaridad, asistencia y promoción, en realidad creo que nunca me vi obligada a hacer algo que no corresponda a mi competencia profesional. Tal vez como somos poco, algunas veces hago tareas que tienen que ver con la dinámica institucional como hacer de secretaria, atender el teléfono, el timbre. Por ejemplo me tocó ir a San Pedro para llevar ropa, chapas llevar insumos mercadería que por ahí no es propio de la profesión, pero eso es parte de la asistencia y que tiene que ver con los tres pilares: uno es la caridad, el otro es asistencia y el otro es la promoción humana no pueden faltar. Yo, no puedo hablar de la solidaridad sino hago caridad, no puedo hacer asistencia sin promoción. Por lo general lo que hacemos acá tiene mucho que ver con las actividades del TS” (Entrev. MI, 2010)
Los obstáculos y dificultades en la actuación la relación entre formación y las demandas en el ejercicio profesional en estos escenarios
Diversas son las dificultades y obstáculos que se indican en relación con la actuación profesional; entre ellas se destacan aquellos vinculados con las condiciones del mercado ocupacional. En este sentido, la carencia o los bajos ingresos que perciben los profesionales condicionan las posibilidades de perfeccionamiento, así como el sostenimiento de la matriculación en el Colegio de Profesionales. Entidad ante quién se marca la debilidad en la regulación y control de la profesión. Aparece el reclamo de una mayor representación, control e involucramiento del Colegio en asuntos como la competencia desleal, fijación de honorarios mínimos, el conocimiento de las condiciones socio-laborales de los matriculados, así como mayor participación de los profesionales en el ámbito gremial y articulación con las instancias de formación de grado.
“(…) otra cosa en la que estoy completamente en desacuerdo es: “se solicita trabajador social o en su defecto estudiante avanzado. No me parece, porque sino para que me voy a recibir si estoy compitiendo con el estudiante que gana lo mismo”. (Entrev 1: 2008)
“(…) Hay una falta de participación de mis colegas, absolutamente una falta de participación. Si vos me decís los motivos… comodidad…. al colegio entran pocas personas….está monopolizado.” (Entrev. 1, 2008).
“(…) La formación recibida no da cuenta del papel que cumple el colegiado. Se percibe una desvinculación durante el proceso de formación sobre la actuación del colegio. Desarticulación entre la academia y el ejercicio profesional.” (Entrev 2: 2009)
Entre otras de las limitaciones se señala la prescripción de proceso y productos exigidos a los profesionales en el marco de la instrumentación de las actuales políticas sociales que estarían desconociendo las diferentes instancias del proceso metodológico del trabajo social y dificultando el desarrollo de un ejercicio profesional crítico, asimismo se destaca la dificultad que genera la exigencia de resultados mediatos o inmediatos que requieren los proyectos, en contraposición a los tiempos que demandan los procesos de institucionalización necesarios para producir cambios actitudinales. La fugacidad de la demanda de intervención, sumada a la discontinuidad propuesta en los trabajos por proyectos, constituyen un serio obstáculo para pensar la intervención profesional bajo la lógica de derechos y sobre los ejes de la ciudadanía y la concienciación que propone el trabajo social crítico.
“(…) El ejercicio profesional demanda tener una ética, primero porque trabajas con personas, entonces tenés que tener una determinada ética profesional…..así sea que estén trabajando en la salud o con la niñez….. el trabajo es lento, hay que escuchar, diagnosticar con ellos e ir avanzando según su ritmo.” (Entrev. MI 2010)
“(…) hay comunidades que pronto se apropian del programa, lo hacen suyo,…..hay otras que no, les lleva mucho más tiempo……nosotros trabajamos en la promoción humana para instaurar en la comunidad la promoción humana, la dignidad por el trabajo, la solidaridad, el bien común, es todo un trabajo que se realiza en tiempos determinados que tiene todo un proceso y que lleva años, se van viendo resultados, pero tiene su tiempo, tiene su proceso”. (Entrev. MI 2010)
Un ingrediente que pone en tensión las posibilidades del trabajo social crítico que promueva los derechos de ciudadanía es la progresiva instalación de una concepción de población tutelada por parte de los programas de política social.
“(…) Entonces vamos creando con la gente para cambiar esa idea de “acá vienen a darnos”. Si bien hay quienes esperan que les des, porque también continúa la demanda de asistencialismo, que culturalmente se creó en la gente, eso de esperar que les des. Por eso es necesario primero el trabajo común, constante, que es construir con la gente, para que no esté esperando con los brazos cruzados a que le lleves las soluciones. La construimos, la buscamos juntos porque nosotros somos la articulación entre la comunidad, entre las diferentes instituciones”. (Entrev. MI 2010)
Si bien el trabajo interdisciplinario es considerado como una experiencia importante para el ejercicio profesional, en la práctica se señalan las dificultades que aparecen al momento de articular acciones con otras profesiones en virtud de: la alta rotación de profesionales, la falta de coincidencia espacio temporal, la subvaloración del trabajo del profesional de trabajo social, la diferenciación de remuneraciones y status ocupacional. Al respecto una de las entrevistada expresaba que cuando fue a buscar trabajo el director de la institución le manifestó, “(…) yo te digo una cosa, yo prefiero gastar mi presupuesto de sueldo en una enfermera que en un trabajador social”. (Entrev. 9: 2009)
Finalmente, otro de los obstáculos planteados en relación a trabajar desde ONGs es el dilema, que se presenta para el profesional cuando tiene que decidir entre adherir al trabajo político partidario o la identificación con alguna línea política y perder las posibilidades de financiamiento e incluso de empleo.
“(…) Estos diez años tuvimos la posibilidad de implementación de proyectos de distintos sectores políticos; pero como no queríamos identificarnos con nadie no accedimos, dijimos que no y perdimos plata obviamente”. (Entrev. B1 2008).

Conclusión
Los cambios en el mundo del trabajo y los ocurridos en las políticas sociales a partir de la década del “90” repercutieron tanto en el mercado ocupacional, en las condiciones de trabajo, en el quehacer profesional y en la redefinición de la identidad de los trabajadores sociales.
El colectivo profesional no quedo exento de la escases de trabajo, el surgimiento de formas espurias de empleo y la desregulación laboral surgida a partir de la década de los “90”, lo cual implico modificaciones sustantivas en las condiciones de trabajo, formas de contratación y en los ingresos. Extendiéndose el trabajo autónomo, “independiente”, autogestivo y progresivamente mercantilizado lo cual va a implicar un desplazamiento en las concepciones de la población objeto de intervención.
Una de las cuestiones que el cambio paradigmático de las políticas sociales introdujo, fue la habilitación para que una diversidad de instituciones, no típicas, pasaran a ocuparse de la operacionalizacion de programas y políticas sociales; instituciones que ya no demandan por un lado, la especificidad del quehacer y por otro, entre las que sí demandas, no se requieren la puesta en acto del proceso metodológico del trabajo social de forma integral, tornando de esta forma prescindible a la profesión, ya que cualquier trabajador (administrativo, funcionario) u otro profesional puede dar cuenta de esos requerimientos.
Así, la exigencia de intervenciones puntuales, rápidas y expeditivas sumada a la discontinuidad propuesta en los trabajos por proyectos constituyen un serio obstáculo para pensar la intervención profesional bajo la lógica de derechos y sobre los ejes de la ciudadanía y la concienciación que propone el trabajo social crítico tal cual lo plantean Haley (2000) y Matus (1999)1
Pareciera ser que la propuesta tecnocrática del trabajo social actualmente en boga, termina desconociendo el trabajo social como un proceso y excluye la discusión y reflexión sobre la dimensión política y ética de la intervención.
La situación descripta da cuenta de los análisis que se vienen desarrollando en el ámbito disciplinar del trabajo social y que marcan un campo de tensión en relación al ejercicio profesional y donde se ponen en juego las características del mercado ocupacional, la operatoria de las políticas sociales, la matriz curricular de la formación y el sostenimiento del capital simbólico vinculado a la presencia de los mecanismos de ayuda en la intervención. A lo cual debe sumarse la débil institucionalización de instancias de discusión y defensa de la profesión en el ámbito gremial.
Las características del espacio profesional y ocupacional en el ámbito de las ONGs. (los permanentes requerimientos de gestión en diferentes ámbitos, diversidad de temáticas a abordar, la precariedad y flexibilidad del trabajo, la inseguridad en el empleo, etc.) contribuyen a la redefinición de la identidad profesional de trabajo social.
Entonces aparece la ONG como espacio del desarrollo de la autonomía y creatividad profesional vs el Estado como el espacio institucionalizado pero anhelado en pos de logro de tranquilidad, respaldo y seguridad. Recreándose así las viejas antinomias teoría – practica, académicos – trabajadores de terreno, trabajo social “vivo” – trabajo social “muerto”.
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