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La otra fuga: los excluidos del sistema universitario

Dieringer Alicia, De Perini Laura, Balmaceda Nelly, Berger NormaDescargar PDF

Resumen
El propósito de éste documento es describir y analizar los aspectos que hacen a las causas vinculadas a la deserción de los alumnos universitarios. Se enmarca dentro de la investigación denominada “Estudio explicativo de los principales factores asociados que hacen a la inserción, permanencia y deserción de los estudiantes universitarios en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales U.Na.M”. En este trabajo, nos interrogamos acerca de: ¿qué cantidad de población se inscriben en el programa obligatorio de nivelación y diagnóstico de ingreso a las carreras?; ¿cuántos finalizan el curso de ingreso?. Y, ¿cuántos acceden a la posibilidad y deciden matricularse en la carrera o las carreras? .Planteada la existencia de la población que, abandona, ya en el momento de su matriculación en la carrera o durante el primer año de cursado de la misma: ¿qué factores inciden en ello?, ¿cuál es el sentido que estos agentes sociales dan a la elección, permanencia, promoción o al abandono de la carrera universitaria?. Reconocida la realidad de fracasos y de éxitos académicos: ¿cuáles son los alumnos que tienen éxito y qué factores inciden en ello?; ¿quiénes fracasan y que factores se asocian a tal fracaso?¿Que responsabilidad le cabe a las instituciones educativas, a los docentes, frente a las consecuencias negativas de la deserción?
Dar respuestas a algunos de estos interrogantes, exigió comparar -al finalizar el primer año de la universidad- los aspectos involucrados en las realidades de los alumnos que abandonan y de aquellos que se muestran más acorde a la trayectoria esperada por el sistema educativo superior, para permitir una mayor visibilidad de los factores que influyen en estos resultados educativos

El problema de la deserción
La deserción constituye un problema para la educación universitaria, implica una pérdida del capital de recursos humanos para la familia, la comunidad y para el propio país y conlleva sentimientos de frustración que todo ser humano tiene cuando no se logra el objetivo perseguido
Tanto la deserción como el retraso escolar, son fenómenos sociales que pueden ser analizados desde diferentes enfoques o visiones. Así desde el enfoque de la economía educativa puede realizarse valoraciones de eficiencia y rentabilidad del sistema y / o planteando la redistribución de recursos a los efectos de lograr mayor equidad. Se trata de la creación de condiciones iguales de competencia –según el mérito- para todas las personas, independientemente de su origen socioeconómico y rasgos culturales y adscriptos. Esto implica que los problemas de acceso y selección se vinculan con el tema de la equidad.
Se presupone que la deserción y el retraso escolar en la Universidad se relacionan con una base escolar previa débil. En otras circunstancias, que la situación socio-económica de los alumnos incide en la misma. También se han señalado como causa la situación de crisis permanente que vive la educación universitaria. En oportunidades se menciona factores que podrían estar asociados a la deserción, como la insuficiente vocación y capacidad para los estudios superiores.
Formulación de un esquema conceptual

Las consideraciones expresadas por Alanís, M., Cejas, E. y otros (2004)i, acerca de los supuestos teóricos y metodológicos para el abordaje del desgranamiento y la deserción educativa, parten de definir tales problemas como fenómenos complejos; en este sentido podemos destacar: 1) la multireferencialidad del objeto, esto es, que el fenómeno presenta diferentes dimensiones; 2) la causalidad recursiva, es decir, que aquello que es efecto es causa al mismo tiempo; y, 3) la posibilidad de que el fenómeno sea analizado desde diferentes y múltiples perspectivas.

Otros autores convendrán que para caracterizar el sistema universitario, se suelen considerar factores macro y microestructurales. Entre los primeros, los aspectos sociales del desarrollo (economía, estado, demandas sociales), la articulación, la dependencia, los desequilibrios sociales y/o regionales que, al trascender las contingencias políticas, permiten construir marcos para la comparación de la situación y evolución de dicho sistema. Los factores microestructurales se vinculan con la cultura institucional especifica, los determinantes personales y /o familiares, es decir, todo aquello relacionado con el sistema en tanto espacio de participación de los distintos actores de la comunidad educativa.
La relación de la familia y de los estudiantes con la institución educativa es mediada por esos determinantes macro y micro estructurales en forma de presiones que el proceso de modernización de la sociedad impone al sistema educacional y al mercado de trabajo, y también en función de la organización de la unidad doméstica y del significado que ésta adjudica a la educación de los hijos.

Se habla de variables endógenas y exógenas a la hora de analizar el sistema de educación. (Tedesco, J.C. 2.002, pp 34-36) Las “variables endógenas” constituyen los factores que tienen que ver con la situación y evolución de la institución académica, el currículo; las representaciones y/o concepciones institucionales o personales que circulan en la institución; las actitudes de los docentes; prácticas de enseñanza; estrategias de ingreso, seguimiento y apoyo a los estudiantes; el sistema de evaluación; las políticas institucionales de financiamiento y servicio a los estudiantes, etc. Estas variables, conocidas también como factores alterables, incluyen además a los reglamentos, recursos, infraestructura, equipamiento, etc.
Mientras que las variables “exógenas” se componen de los factores que caracterizan la situación socioeconómica de los padres, la trayectoria escolar del estudiante y de su grupo familiar.

El Censo Nacional de Población y Vivienda de la República Argentina (2001), destacó que en la provincia de Misiones, 538.831 habitantes tenían 18 y más años, representando este grupo el 60% de la población de 3 años y más y el 56% de la población total. Sin embargo, en esa población la asistencia escolar superior se reducía a sólo 47.242 personas, esto es, apenas el 9% de la población de 18 años y más.
La incidencia porcentual de los educandos de nivel superior, representaba el 47,2% de los habitantes con 18 años y más que asistían a algún tipo de educación, el 7,3% de la población de 18 años y más y, el 2,4% de la población provincial total.
Entre la población que asistía a la educación superior (universitaria y no universitaria) alcanzaba el 47,3% cursaba sus estudios superiores en establecimientos educativos de carácter universitario y público (facultades de las Universidad Nacional de Misiones), los establecimientos de orden universitario privado representaban el 19%.
Entre los estudiantes de la educación superior no universitaria, los que asisten, en ese año, a establecimientos privados (18.6%) superan a aquellos que lo hacen en establecimientos públicos (15.1%).
Por lo general, la educación superior no universitaria atiende, principalmente, la formación de profesores para la enseñanza educativa inicial y general básica y, en menor medida, la educación tecnológica no universitaria (IEST). En la provincia de Misiones, existen por lo menos veinte instituciones de formación docente dependiente del Ministerio de Educación de la Provincia de Misiones y otras diez instituciones formadoras de docentes son gestionadas por el subsector privado con directa subvención estatal.
La información, más reciente, (2004 y 2005) sobre la matrícula universitariaii Argentina; nos permitió, comparar esa realidad con la información del total país.
En primer lugar, observamos que en el agregado nacional la educación superior – en las universidades nacionales – alcanzaba a poco más de 1,2 millones, siendo que para 2004 se registraron 292.511 nuevos alumnos y, en todo el 2003 egresaron 57.475 nuevos profesionales, alcanzando la tasa global de egreso el 4,71% del total de alumnosiii de 2004.

En este contexto, la U.NaM, tenía para ese año, una matrícula cercana a los 25 mil alumnos, de los cuales aproximadamente un 20% eran nuevos inscriptos. Al mismo tiempo la fuente de información destaca que en Misiones, en el año 2003, se habían producido 591 egresos profesionales, los que nos indican que su incidencia representa aproximadamente el 2,3% del total de la matricula de la U.Na.M..
La contribución de la provincia de Misiones a los resultados educativos de las universidades nacionales es muy pequeña, apenas 1,95% de la matrícula del 2004; 1,61% de los nuevos inscriptos y 1,03% de los egresados del 2003.
Podemos inferir, que tales cifras están señalando la presencia de una mayor proporción de alumnos con sobreedad en la matrícula local, acaecido por retraso en el tiempo de egreso.
Nos muestran, una vez más, de qué manera la problemática nacional de la deserción, sobreedad ivy baja titulación de los alumnos son, en la provincia de Misiones, mucho más crítica que en el total país.
Reforcemos lo considerado hasta aquí con el hecho de que la tasa media de nuevos inscriptos en el orden total país, alcanza al 23%, mientras que en la UNaM esa tasa se reduce al 19%. El promedio nacional graduados, se ubica en el 4,5% contra el 2,4% de la U.Na.M.
La evolución de la matrícula superior en los subsistemas privados sigue una lógica algo distinta, según el Ministerio de Educación de la Nación éstas instituciones albergan a cerca de 234 mil estudiantes, de los cuales aproximadamente 72 mil son nuevos inscriptos, mientras que el total de egresados del año 2003 no supera los 18,5 mil profesionales.
De acuerdo con la información obtenida, la evolución de la demanda de estudios en esta Facultad ha tendido a crecer hasta el 2004; en los dos años siguientes, dicha demanda decrece. Por ejemplo, si se observa la evolución relativa del total de preinscriptos a todas las carreras durante el período 2001-2004, la misma indica un crecimiento relativo para todo el período de poco más del 65%. Tengamos en cuenta que se trata de una cifra de demanda provisoria, pues está referida principalmente a preinscripciones; la población de preinscriptos no es considerada matrícula; la matriculación es el resultado de un proceso que demanda la realización de un curso de ingreso y cuyo resultado no condiciona la matriculación final del preinscripto, además del cumplimiento de otros requisitos obligatorios de orden administrativov.
Todos estos requerimientos harán que la cifra de preinscriptos sea siempre superior a la de matriculados. Así, por ejemplo, en el año 2004, mientras la preinscripción superaba los 3.640 casos, la matriculación efectiva se ubicará en el orden de las 1.650 personas, esto es, apenas el 45,5% de los preinscriptos.

Más allá de las variaciones en la preinscripción, la proporción de preingresantes que al finalizar la etapa nivelatoria no concretaron su ingreso definitivo a la Facultad (“desertores preuniversitarios”) ha ido en constante crecimiento en todos estos años. En el 2001 aproximadamente 44 de cada 100 aspirantes al ingreso desistieron voluntariamente o no pudieron iniciar la carrera elegida, mientras que en el último año 2006 este porcentaje ya llegaba al 59,2% del total de preinscriptos. Consecuentemente, la “demanda efectiva” de estudios universitarios (cantidad de “ingresantes”) ha disminuido progresivamente en los últimos años, a tal punto que el número de nuevos alumnos matriculados en el año 2006 es un 11% inferior que la cantidad registrada en el 2001.

Fuente: elaboración propia

El sistema educativo provincial y su impacto en el sistema educativo superior

El perfil educacional de la provincia se ajusta a un modelo que combinaría la persistencia de una elevada tasa de población analfabetavi, escasa eficacia para la matriculación de la población infanto juvenil en educación inicial y general básica (5 a 14 años); pero mucho más complicada entre los adolescentes y jóvenes respecto de la educación polimodal.
Al mismo tiempo, los resultados del sistema educativo son muy pobresvii, se ha determinado que más de 350 mil personas mayores de 15 años apenas han finalizado la educación general básica, mientras que los que no tienen el diploma de la educación media ronda el 80% de la población señalada. Censo 2001
De modo abreviado presentaremos, una descripción de variables educativas tratando de remarcar la relación que se establece cuando se procede a comparar las estadísticas educativas de la provincia de Misiones con las del Total País.

La matriculación en los grupos de edad según la Ley Federal de Educación

La deficiente tasa de matriculación en el sistema educativo en la provincia de Misiones queda al descubierto cuando seguimos los datos por los dos grupos de líneas paralelas representadas por la incidencia que tiene la matriculación escolar en cada grupo de edad.
Si nos detenemos en el grupo de 5 años, vemos que en el 2001, la provincia de Misiones sólo inscribió al 61% de su población comprendida en ese grupo, por debajo del Total País (79%). En el tramo del Primer Ciclo de la EGB (6 a 8 años), la matriculación en Misiones aumenta (94%) pero continua por debajo del valor para el Total País (98%).
En el Segundo Ciclo de la EGB (9 a 11 años), tiene una participación del 96%, sigue debajo del Total País (99%) mientras que en el grupo 12 a 14 años, el porcentual de matriculación solo cubre al 86% de los adolescentes provinciales en esa edad

La calificación y certificación educativa de la población
Si nos detenemos en el primer grupo comparado – conformado por los denominados analfabetos, o sin instrucción – apreciamos que en la provincia de Misiones, la tasa de analfabetismo en la población de 15 y más años, ronda el 6,3% y en el Total País el 3,7%; es decir la provincia de Misiones tiene más de analfabetos que el total país.
En cuanto a la escolaridad primaria completa e incompleta, en la primera, las tasas son bastante cercanas entre Misiones y Total País 26% y 28% respectivamente, mientras que en la segunda, crece hasta prácticamente duplicarse 27% y total país 14%
La diferencia es mayor en la educación media concluida (11% contra 16%); En cuanto a la educación superior incompleto (terciario o universitario 5% a 8%) y Superior completo (terciario o universitario 6% a 9%) respectivamente.

Nuestro diagnóstico del sistema educativo de la provincia de Misiones – medido en función del nivel de matriculación y certificaciones de la población – habla de la existencia de importantes dificultades para alcanzar metas proyectadas por el consenso social y educativo nacional. Descontamos que estas dificultades influyen en la formación de metas de escolarización prolongada entre la población juvenil, a la hora de formar opinión e iniciar su tránsito por la educación superior.

Educación universitaria: abandono-permanencia en el primer año- cohorte 2006

Mediante los datos recogidos en la muestra de los ingresantes 2006, más los datos indicativos de la actividad y rendimiento académico logrado por cada uno de ellos al cabo del primer año y, más la información cualitativa reunida en las entrevistas realizadas a varios de estos estudiantes; intentaremos encontrar explicaciones al grave problema del abandono en el primer año de estudios en la FHyCS.
Los estudiantes que se matriculan e ingresan por primera vez a una carrera de la Facultad, son habilitados (“inscriptos para el cursado”) automáticamente por el sistema informático de alumnado para cursar regularmente todas las asignaturas anuales del primer año del plan de estudios vigente y todas las asignaturas que corresponden al primer cuatrimestre de dicho plan. Al inicio del segundo cuatrimestre, el alumno por si mismo, debe inscribirse a las asignaturas cuatrimestrales que desea cursar o recursar en la segunda parte de ese primer año. Es decir, son momentos en los que el estudiante con sus acciones o inacciones, pone en evidencia su voluntad o no de proseguir sus estudios.
Alumnos 2006 por Cantidad Asignaturas Inscriptas
para Cursado 2007
Fuente: elaboración propia
Un número importante (44,0%) de estudiantes no tiene previsto comenzar el segundo año de estudios de la carrera elegida. Esta situación por si sola no significa la interrupción transitoria o definitiva de los estudios ya que todos los estudiantes, sin excepción, conservan la condición de “alumnos activos” y, como tales, están habilitados para rendir exámenes finales en cualquiera de los turnos del año.
Sin embargo, revisando la trayectoria que ha seguido este grupo crítico de alumnos a lo largo del primer año, encontramos que una parte de ellos (45,6%) tampoco han cursado asignaturas en el segundo cuatrimestre pasado. O sea, se trata de alumnos que, al menos desde el inicio del segundo cuatrimestre anterior, vienen poniendo de manifiesto su decisión de no continuar avanzando en la carrera iniciada. Además, en prácticamente todos estos casos observamos un resultado académico nulo a lo largo del año: ninguna materia regularizada o promovida, ningún examen final aprobado.
En síntesis: al considerar las trayectorias y resultados académicos de los estudiantes de la cohorte 2006 en el primer año de estudios y sus propuestas de actividad académica para el segundo año, podemos distinguir tres situaciones diferentes, a saber:

a) alumnos que registran inscripciones para el cursado de asignaturas anuales y/o cuatrimestrales del segundo año,
b) estudiantes que no registran inscripciones para el cursado de asignaturas anuales y/o cuatrimestrales al inicio del segundo año, pero han cursado asignaturas en el segundo cuatrimestre del primer año, y
c) alumnos que no registran inscripciones para el cursado de asignaturas anuales y/o cuatrimestrales al inicio del segundo año y no han cursado asignaturas en el segundo cuatrimestre del primer año.
d) Estas categoríasviii, nos permitirán aproximarnos a los fenómenos de la “permanencia” y “deserción” en el primer año universitario de la FHyCS, con las siguientes limitaciones: un alumno que se ha inscripto en una o más asignaturas del segundo año puede permanecer totalmente inactivo durante todo el año, un alumno no inscripto en ninguna asignatura puede rendir exámenes finales en cualquier momento del año y un “probable desertor” también puede rendir exámenes finales a lo largo del segundo año.

Alumnos 2006 Según Situación al Inicio del Año 2007

Fuente: elaboración propia
Desempeño académico en el primer año de estudios

Considerando que en su primer año de actividades en la Facultad, los alumnos se inscribieron para los cursos de entre 6 y 8 asignaturas (anuales y cuatrimestrales) del plan de sus respectivas carreras; el rendimiento general de la cohorte que nos ocupa ha sido muy bajo (al menos en términos cuantitativos). En efecto, el “alumno promedio”, al finalizar el año, registró solo 2 asignaturas regularizadas y menos de 2 materias aprobadas (por examen final y/o promoción sin examen). La situación más frecuente en toda la cohorte fue: ninguna asignatura regularizada, ninguna promovida y ninguna aprobada por examen final.
El 25% de los alumnos con mejor desempeño regularizaron 3 asignaturas o más, promovieron 1 o más materias y aprobaron 1 o más exámenes finales en todo el año. Solo un grupo muy pequeño de toda la promoción (entre el 1% y el 1,5%) alcanzó un rendimiento óptimo de 8 asignaturas regularizadas y 8 aprobadas (por exámenes finales y/o promoción) en el año.
Los alumnos que han manifestado intenciones de continuar avanzando en el segundo año de estudios (“con actividad de cursado 2007”) exhiben mejores índices de rendimiento académico en el primer año que el promedio general de toda la cohorte, mientras que los “probables desertores” se ubican en el otro extremo de los desempeños académicos más pobres.

Aspectos que Caracterizan la Deserción-Permanencia

Analizaremos a los estudiantes de la muestra procurando identificar los factores que inciden en la situación académica de cada uno de los tres grupos que nos ocupan. Para ello consideraremos tres grandes dimensiones de análisis, a saber: “Situación personal y familiar del estudiante”, “Trayectoria educativa del estudiante” y “Adaptación universitaria”.
Situación personal y familiar
Alumnos 2006 por Situación 2007 y Ocupación
Fuente: elaboración propia

Al observar el mejor desempeño de los estudiantes en función de su categoría ocupacional, nos resulta importante destacar que entre aquellos que “sólo estudian”, el 57% se muestra activo, el 20% ha desertado antes de la matriculación y el 23% no registra actividad académica. La misma tendencia se observara para los casos en que son desocupados y buscan trabajo
Si tomamos en términos globales a todos aquellos preinscriptos que de una u otra manera se encontraban percibiendo ingreso sin considerar su categoría socio-ocupacional, vemos que entre éstos las tasas de deserción llegan a representar a 4 de cada 10 preinscriptos.
Entre los estudiantes trabajadores del sector público, encontramos los mayores porcentajes de deserción (50%) es decir, desertaron o bien no registran actividad.
Los empleados del sector privado, presentan tasas sensiblemente menores, y los registros de deserción son nulos.
La ocupación de “propietario/empresario” y “profesional/técnico” del sostén económico del alumno, pareciera favorecer la mayor actividad que los mismos poseen en su función de alumnos.

El tipo de ocupación y el nivel de estudios del padre y de la madre constituyen variables claves para analizar las diferencias o desigualdades de las trayectorias del alumnado, incluidas las correspondientes a su capital cultural y sus opciones. Aun así, en la muestra obtenida, también se evidencia que en aquellos casos en que el sostén económico se desempeña como “empleado público”, también la falta de actividad y la deserción pareciera ser elevada

Alumnos 2006 por Situación 2007 y Tipo Sostén Económico
Fuente: elaboración propia
En forma correlativa con el problema de la caracterización de las categorías socio-ocupacionales de los ingresantes, debemos indicar que los estudiantes deben responder a la pregunta acerca de las condiciones socioeconómicas que han de sostener el financiamiento educativo superior.
La tasa de preinscriptos que no percibían ingresos, ya sea porque decidieran no trabajar
o están desocupados mientras buscan empleo, trepa al 85%, es decir que los que podrían eventualmente responder a su educación pública superior a partir de sólamente sus ingresos laborales no supera el 16%
Desde este punto de vista se puede comprender que la tasa de expectativas de financiamiento educativo superior a partir de los ingresos laborales sólo representa el 13% y el grueso combina el financiamiento familiar, más el trabajo y el financiamiento familiar más el acceso a ayudas económicas para estudiantes.
En función de estos datos, vemos que los resultados favorecen primero, a los que sólo dependen de la familia para financiarse y, en menor medida a los que suman el producto de su trabajo más la ayuda familiar. Esto es extensivo tanto para el caso de las deserciones como de las inactividades durante el primer año de estudio.
Los resultados de nuestra investigación nos permiten indicar que, al menos para la cohorte iniciada en 2006, el grueso de la población estudiantil proviene de hogares de sectores sociales medio y bajo; caracterizados especialmente por la presencia del 85% de padres de familias que se inscriben en las categorías socio-ocupacionales de tipo dependientes (Obreros y empleados) y sólo una pequeña proporción de funcionarios públicos jerárquicos, pequeños propietarios de negocios, técnicos y profesionales que no superan el 10% del padrón de hogares representados en la muestra.
Al parecer, los grupos familiares de mejor posición social no parecen encontrar en la Facultad las condiciones deseadas para que sus hijos continúen con la educación universitaria.
Una breve aproximación a la caracterización de los hogares de estudiantes de la FHyCS de la U.Na.M nos permiten señalar que al menos 3 de cada 4 hogar tiene un perfil de hogares cuyos jefes son trabajadores o bien del sector público o bien del sector privado en establecimiento de escasa envergadura.
El efecto de las condiciones socioeconómicas sobre los resultados educativos también es evidente cuando tomamos en cuenta la condición de financiamiento o sostenimiento de la carrera iniciada en esta Facultad. Efectivamente, según hemos señalado, los estudiantes que disponen del mayor tiempo posible para dedicarse sólo al estudio son los que se encuentran en una situación académica más favorable al cabo del primer año de estudios. En el otro extremo se ubican los alumnos que trabajan en el sector administrativo del estado, con tasas de deserción y de inactividad un tanto mayores, incluso que de aquellos estudiantes que se reconocían desempleados en busca de una actividad remunerada.

Lugar de Procedencia

Indagar sobre el lugar de procedencia, formó parte de nuestro interés, teniendo en cuenta que tanto el desarraigo para los que no viven en Posadas, como el cambio de vida que significa ingresar a la universidad constituyen a generar situaciones de difícil adaptación del estudiante. Al respecto se registró, un porcentaje relativamente alto de deserciones para aquellos que provenían de otras provincias.
Alumnos 2006 por Situación 2007 y Lugar Procedencia
Fuente: elaboración propia
En el grueso de la población de ingresantes de Misiones, sobresale el municipio de Posadas con el 60%; en segundo lugar se destacaba la categoría municipios del interior provincial que en forma conjunta representaba el 40% de los alumnos. Se completaba el padrón con alumnos provenientes de otras provincias de Argentina y del Exterior, aunque la tasa es mucho menor.
La tasa de deserción llegó al 15% para los alumnos de Posadas, un 20% para los provenientes de localidades del Interior y finalmente, el 32% en las otras jurisdicciones
Esta misma tendencia se observa para el caso de la inactividad de la matrícula de primer año durante 2006, aunque la salvedad se presenta cuando se analiza la categoría otras provincias, donde la tasa en sí de la inactividad es muy pequeña.
Alumnos 2006 por Situación 2007 y Composición del Grupo Familiar

Fuente: elaboración propia

Las tasas de deserción e inactividad tienden a desfavorecer a hogares en que los residentes se encuentran con hogares incompletos por ausencia de unos de sus padres, o de sus cónyuges. Si tenemos en cuenta la primera tasa, es decir la de la deserción, observamos que mientras en los hogares donde el estudiante vive con su familia de origen, no supera el 15% de la población total, en los demás casos la misma es del orden mucho mayor a ese guarismo.
En cuanto a la tasa de actividad durante el primer año, los mejores posicionados son los hogares con jefaturas femeninas, el estudiante que vive solo con la madre y/o cuando estamos frente a estudiantes a cargo de sus hijos; luego, le sigue en orden de importancia el caso de las familias de hogares completos.
En la evaluación diagnóstica del curso de ingreso, los resultados de mejor puntuación obtenidas por los estudiantes, nos indican que medidos en función del tipo de instituciones educativas del que provienen, los mejores puntajes se relacionan con estudiantes egresados de colegios localizados en el interior provincial, y de gestión privad, mientras que los alumnos con igual resultado provenientes de escuelas privadas de Posadas llega al 15,1%. De modo semejante las diferencias entre estudiantes provenientes de escuelas públicas con el mismo puntaje favorece a los egresados del interior provincial (19,2%) contra el 8,2% de los egresados de colegios públicos de la capital provincial.
Trayectorias educativas
Los resultados educativos alcanzados por los estudiantes respecto de su trayectoria educativa acumulada, nos permite destacar que por un lado los estudiantes que no han realizado estudios superiores anteriores a la carrera universitaria a la que se halla inscripto, en su mayoría (55%) mantuvieron actividad durante el año académico 2006.
Los peores resultados parecen asociarse a los que ya han logrado alguna acreditación educativa superior, así el 30% de estos estudiantes han desertado y 20% no registró actividades académicas.
Entre los que alguna vez estudiaron en el nivel superior y al mismo tiempo abandonaron, la tasa de actividad durante el 2006, llega al 60% un valor muy superior a las dos categorías anteriores pero parecida a los que teniendo la experiencia se hallan cursando actualmente dicha carrera (58%).

La carrera universitaria y el proyecto individual

Cientistas sociales como Gilberto Velho (1999) -Nogueira, Romanelli, Zago, (2000.) han venido trabajando y aportando a la construcción de un esquema conceptual de proyecto individual; este concepto juntamente con el de trayectoria educativa y otros, producidos por Bourdieu, nos permite construir hipótesis para una explicación científica de las apuestas y resultados educativos en poblaciones de jóvenes y adultos de camadas medias y populares en la provincia de Misiones.

A diferencia de la socialización educativa en instancias anteriores, en la universidad los jóvenes y otros adultos que siguen este camino se enfrentan con un esquema de oferta cuya adquisición requiere una inversión en interés, tiempo y recursos. En cierta medida, tomar parte del mercado de la educación superior conlleva el ajuste de vivir para los estudios en vista de la ventaja de la graduación o quedar relegado a ser un estudiante que vive en la universidad, y a la larga desertar.

Sin dudas que la decisión de afectación temporaria de recursos a la educación superior de sus hijos no difiere en mucho de lo que las familias de origen realizaban cuando los hoy universitarios cursaban la educación primaria o media. En cierto sentido, podemos decir que desde muy temprana edad los niños son afectados a la vida escolar, a su socialización institucional; sin embargo la adscripción a la universidad comporta una situación un tanto especial; porque el éxito universitario, la graduación correspondiente, depende principalmente de la relación entre los alumnos y la universidad que los asimila. La herencia familiar incorporada en forma de capital cultural, y las apuestas financieras en ejecución sólo sirven de intermediarios entre el universitario y la universidad.
Nos obstante, es imposible dejar de pensar cuánto influye la estructura y dinámica de la familia de origen, de sus vinculaciones con el mundo institucional y con la disponibilidad de recursos financieros para ligar con éxito las inquietudes de los hijos y las ofertas institucionales.
Cuando los jóvenes eligen la carrera universitaria lo hacen en condiciones de relativa restricción, en los cuales influye, sin dudas, la disponibilidad de capitales, el interés y apoyo efectivo comprometido por sus padres, la historia curricular académica, etc.
Asimismo, el grado de influencia de los padres en la elección de la carrera universitaria que realizan los jóvenes depende del grado de autoridad y capital simbólico que pueden proyectar sobre sus hijos y del grado de dependencia que tienen éstos de los recursos disponibles sólo en el ámbito familiar, los que no pueden ser sustituidos con cierta facilidad por la asistencia becaria de las universidades u otras instituciones que trabajan en la materia.
Está claro que la disponibilidad de ofertas y, con ello, de ofertas elegibles, es decir, al alcance de la mano y gozando de cierto prestigio ante la mirada de los futuros estudiantes, es una propiedad estructural del mercado de ofertas institucionales, y el acceso a esa oferta se encuentra desigualmente distribuída entre las familias, en función de sus capitales disponibles.
En el imaginario social la primera categoría que se impone a la hora de inclinarse por una carrera es la “imagen de la carrera”, en segundo lugar el imaginario de la distancia física entre el domicilio de la familia y el de la carrera, es decir el desplazamiento físico que ello implica para su cursado y, por último, la disponibilidad efectiva de los recursos necesarios para acceder a la oferta.

Pero el imaginario de las preferencias queda fuertemente condicionada por la capacidad de contraponer los recursos necesarios para adquirir la oferta deseada, el desajuste entre recursos de oferta y demanda se sortea ajustando las expectativas a las ofertas disponibles.
Algunos datos presentados por la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación, nos indican que las elecciones de carreras siguen estando ordenados por la idealización que la población se hace de algunas carreras; y los egresos condicionados por la capacidad de los estudiantes y sus familias de solventar esas demandas.

La organización institucional y la adaptación
Si analizamos el vínculo de los sujetos “desertores” con la institución educativa y la posición que ocupan en la estructura social , no es posible asumir que se trata de una “decisión voluntaria” el llegar a ser desertor. “Los actos voluntarios nunca lo son completamente, en el sentido que condensan, en nuestra visión, un conjunto de determinaciones –siempre históricas-sociales- y que la institución puede jugar un papel central en la construcción de la creencia del sujeto en su destino de fracaso: “esto no es para mi”(Goldenhersch 2006,Pp 19)
Del comentario de algunos alumnos, se rescata a modo de ejemplo, el circuito de procedimientos que implica avanzar en los estudios:
Para inscribirse en el segundo año, el alumno deberá cumplimentar requisitos de correlatividad. Asimismo aparece como condición sine quanon del proceso de aprendizaje el disponer de la bibliografía mínima asignada por el docente y prevista en el dispositivo académico denominado programa de cátedra.
Disponer del material bibliográfico representa para el alumno la obligación de gestionar y también de disponer de dinero para su adquisición. Asimismo implica la administración de tiempos suficientes para lectura y su uso.Articular el proceso de obtención del material, prepararlo y utilizarlo en las clases es una rutina que sólo se adquiere con la práctica y de modo gradual.
Según los propios alumnos, el acostumbramiento a este proceso de lectura y estudio simultáneo de diferentes cátedras, en una misma semana e incluso en un mismo día, es sumamente complejo a lo que se suma la vinculación del estudiante recién egresado de la educación media con la educación universitaria.
La planificación de nuevos horarios para las cátedras resulta obligada; y el introducir reformas que sólo podrán consolidarse después de las primeras semanas de clases es una constante que afecta por igual a todas las materias del primer año.
La mayor parte de los estudiantes se muestran sorprendidos por esta inestabilidad a la que son sometidos como producto de una práctica institucional en la que, por lo general, los demás estudiantes ya se acostumbraron.
Encontrar aulas, hacer coincidir la información documentada y la información recogida en pasillos, en reuniones informales a la entrada de la facultad, es una tarea que requiere decisión y paciencia.
Los primeros vínculos con las aulas donde se dictan las cátedras, la comprensión e interpretación plena de las “reglas de juego” que definen el sentido de cursar clases teóricas y clases prácticas, la diversidad de materias troncales y complementarias a la carrera escogida que se dictan en el primer semestre y las que se dictarán en el segundo semestre, muestra un proceso abierto caracterizado por el ir hacia timoneado por el mismo estudiante.
Los estudiantes a los que se pudo entrevistar, plantean que desde el momento mismo de la preinscripción y durante todo el período de las primeras semanas de clase lo que caracterizaría a la vivencia estudiantil es la ansiedad y la desorientación.
Cuando concurren a las clases, las exposiciones de los profesores les parecen muy distantes de la comprensión inmediata, en esos momentos, es como si en lo que se estuviera viviendo pesaran más las referencias de contextos, es decir, los compañeros, los docentes, los espacios, los tiempos, antes que el contenido mismo que se busca transmitir desde los docentes. Y estas vivencias no siempre son comprendidas por los demás, y uno tendría la sensación de que sólo le pasa a uno, a mí y no al resto.

Las clases con gran cantidad de alumnos comprueban con el desarrollo del tiempo, la idea de que los cursos masivos son las herramientas menos apropiadas para asegurar el aprendizaje significativo. En la medida en que las posibilidades de interacción real entre docentes y alumnos son pocas en las asignaturas introductorias.
En esta compleja trama, las condiciones institucionales no son ajenas, (falta de espacios, de circuitos de información y asesoramiento, masividad vs. estilos docentes, sistemas de exámenes y calificación).
Sólo con el correr de las semanas los estudiantes mejor acomodados a los vaivenes de la estructura y dinámica institucional, permanecerán y se apropiarán con mayores éxitos de los recursos académicos y extraacadémicos que aseguran una buena perfomance estudiantil.

También destacan que se puede, y de hecho así lo hacen, intentar planificar de manera creativa los tiempos disponibles, la distribución de los espacios con que se cuenta, y el mejorar el cómo estudiar, pero en la práctica la ansiedad experimentada trastorna el proceso y no siempre se logra tener una idea clara acerca de cuánto se ha avanzado.

A modo de conclusiones
La educación superior tiende a convertirse en una moneda corriente entre las familias que perciben en ella, un mecanismo para ascender en la escala social. De este modo, al lado del sector social más acomodado económicamente, las familias de sectores medios, y en cierta medida de sectores populares, han visto incrementar el porcentaje de probabilidad de acceso a la educación superiorix.
Pero este crecimiento en la probabilidad de acceso no es ajeno a la elevada conflictividad social que plantea el tránsito por el sistema educativo total. Las mediciones sistemáticas organizadas y operativizadas por el Ministerio de Educación de la Nación a través de los Operativos Nacionales de Evaluación de la Calidad Educativa (ONE), vinieron mostrando que el desigual acceso a la calidad de los contenidos educativos tenía fuerte impacto en los resultados de evaluaciones de estudiantes diferenciados por sus hogares, tanto en función de la calidad de los ingresos per cápita como así también de las diferencias en los niveles del clima educativo de los hogares.

Es decir, la calidad de vida de los hogares de los que provienen los estudiantes continúa siendo gravitatoria en las desigualdades de acceso y permanencia en la educación superior -aún con las chances que puede brindar el acceso irrestricto y no arancelado-, y de hecho actúa en contra de las aspiraciones de los hogares más empobrecidos.

Pero si bien es cierto que los datos, censales y de cuantos estudios de población realizados a través de muestras significativas, siguen indicando que la pobreza y desigualdad social son factores explicativos de las diferencias en las oportunidades de acceso a los diferentes estamentos de la educación y a su desigual calidad, también es cierto que el papel de estos factores suelen trazar sus mayores determinaciones en los niveles primario y medio del sistema educativo.

De este modo, los estudiantes que logran pasar esas barreras de exclusión que plantea la desigualdad, una vez dentro de la educación superior, deben reajustar sus condiciones para la permanencia y la promoción dentro de la universidad. Este reajuste implica un conjunto de estrategias adaptativas que vienen a integrar las dimensiones del capital social, los conocimientos aprendidos y transformados durante la educación superior, las capacidades de constituirse en un actor pedagógico para ganar en autonomía e interdependencia educativa en relación con las ofertas académicas de la facultad, y con los grupos de estudiantes a que se integran.

Las dificultades a las que se enfrentaron los estudiantes en su fase de ingreso se relacionan directamente con el cambio de comportamiento en la cantidad y frecuencia de estudio. Así los estudiantes destacan que las mayores dificultades encontradas ya desde el inicio de las actividades del cursillo de ingreso fueron la comprensión del material de estudio y el tener que estudiar diariamente.
En este sentido, podemos señalar la importancia que reviste el uso de los instrumentos cognoscitivos respaldados en un buen desempeño de la lecto escritura (especialmente de la escritura en el campo de las ciencias) para posibilitar al estudiante un mejor desempeño de la calidad de los aprendizajes. No olvidemos que estudios de grandes dimensiones han podido determinar la escasa incidencia de las políticas de libros de texto y libros técnicos entre las demandas más recurrentes, aún de las familias con ingresos solvente en la materia.
Un estudio de la Universidad de Buenos Aires ha logrado indicar que entre los docentes responsables por la formación de las primeras herramientas de lectura existe escasa política capaz de inscribir en las representaciones de los estudiantes y sus familias la necesidad imprescindible de hábitos y prácticas de la lectura y consecuentemente de la escritura como herramientas del conocimiento cotidiano.
En este contexto, no deja de ser incoherente la respuesta de los estudiantes recién egresados de la educación media que ven en la práctica mínima diaria de los estudios universitarios un desfasaje difícil de sortear sin su correspondiente proceso de adaptación psicoeducativa. Al mismo tiempo, es aquí donde los altos niveles de clima educativo pueden estar favoreciendo la mejor prestancia de ciertos sectores de alumnos para avanzar en el camino de la adecuación entre conocimiento y cantidad y frecuencia de material bibliográfico a la que se tiene acceso.
El esbozo de una propuesta
La información colectada, permite delinear una propuesta o posibles líneas de acción
en donde se consideran necesario implementar los siguientes aspectos básicos:

Desarrollar una Política académica global De hecho los dos problemas centrales detectados en la investigación son la elevada deserción y el bajo rendimiento académico, consecuentemente también va a ser bajo el nivel de graduación. Este conjunto de situaciones demanda urgentes medidas tales como una política académica global cuya elaboración, aplicación y evaluación se oriente a enfrentar y disminuir dicha problemática. A continuación sugerimos algunas estrategias y líneas de acción consideradas fundamentales.
Implementar un Programa de Seguimiento Académico teniendo en cuenta las posibilidades que brindan los sistemas informáticos (Siux Guaraní,) desarrollar estudios sistemáticos de seguimientos de cohortes y acciones de actualización constante de las principales variables de mayor incidencia en el proceso de deserción, desgranamiento, cronicidad y bajo nivel de graduación: De esta manera, al reconocerse tendencias se podrán
anticipar medidas sustentadas convenientemente, por ejemplo a la hora de tomar decisiones en la asignación de recursos o de otras medidas académicas y administrativas.
Generar una unidad permanente de articulación interna y monitoreo para detectar los factores internos que pueden incidir en el fracaso académico: tanto en los aspectos organizacionales como en los pedagógicos y curriculares,
Evaluar los proyectos de articulación con el nivel medio que ya están en marcha para, de ser necesarios, ampliarlos y profundizarlos.

Rever constantemente las acciones del curso de ingreso en la medida en que los sucesivos eventos desarrollados desde el 2000 han demostrado ser sólo paliativos que no logran enfrentar de manera integral la problemática general del ingresante.

Realizar tareas complementarias: talleres, tutorías y otras actividades académicas que puedan fortalecer al ingresante dada la importancia que parece adquirir la carencia de competencias, calidades y habilidades mínimas para emprender y sostener estudios universitarios.

Aumentar el sistema de becas universitaria podría contribuir a facilitar el acceso y/o permanencia de alumnos de escasos recursos económicos en las universidades. En este sentido el Ministerio de Educación cuenta con un programa de becas nacionales universitarias (PNBU). Para acceder a esos beneficios los estudiantes deben demostrar su condición de escasos recursos y su alto rendimiento académico en la educación media y/o polimodal. Sin embargo este recurso es insuficiente para las instituciones educativas y en especial para la U:Na.M dada las características socioeconómica de su población estudiantil ya señaladas. Este Programa otorga anualmente 2000 nuevas becas, de las que 1000 son destinadas a carreras denominadas “prioritarias” otras 69 a indígenas y 17 a discapacitados, restando solo 866 para ser distribuidas en todas la Universidades Nacionales (Año 2004).
Notas