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"La Inserción Laboral del Trabajador Social en el mundo de las organizaciones de la Sociedad Civil"

Lic. Sergio RodríguezDescargar PDF

Introducción
El tema que se abordará en el presente artículo parte de algunas reflexiones, comentarios y discusiones que con un conjunto de alumnos y docentes, hemos venido realizando sobre las vinculaciones del Estado, las Políticas Sociales, las organizaciones de la sociedad civil (OSC) y la influencia que dichas relaciones tienen en las prácticas profesionales de los Trabajadores Sociales (TS), desde el punto de vista de la inserción laboral.

Para hablar de inserción laboral, hay que hacer referencia a las áreas de inserción, que en la actualidad se presentan diversas y cambiantes en cuanto a su demanda. Entre éstas, existe una fuerte incidencia del sector salud y de bienestar social, a las que se le agregan el espacio académico, vivienda, justicia, y seguridad social. Sumado a ellas, se viene configurando en los últimos tiempos un nuevo espacio que demanda intervención por parte de los profesionales del Servicio Social; que se van incorporando en diferentes proyectos de las denominadas organizaciones de la sociedad civil, también conocidas como “no gubernamentales (ONG´s). A raíz de ello, se piensa en la sociedad civil como una posibilidad más para la inserción de los TS, concibiendo desde otro lugar la intervención y buscando alternativas a la clásica inserción profesional institucionalizada.

Si bien en el complejo entramado del Tercer Sector encontramos distintos tipos de organizaciones según su carácter jurídico legal, formas de intervención, poblaciones a quienes brindan servicios (1); este artículo trata de las organizaciones de apoyo con intervención comunitaria, aquellas que se constituyen con el propósito de dar respuesta a las necesidades de los pobladores de un ámbito territorial determinado y que por lo general tienen un nivel aceptable de capacidad de gestión.
Estas organizaciones en los últimos tiempos han sido llamadas por el Estado para colaborar en el campo social, por su capacidad de respuesta, llegada a la gente o conocimiento de las problemáticas locales; y vienen incorporando en sus planteles de recursos humanos distintos tipos de profesionales, entre los que se hallan los TS.

Así como los procesos sociales requieren de la adecuación continua de las prácticas sociales, el ejercicio profesional del TS tiene la necesidad de concretarse de acuerdo a las realidades en que opera y actúa, creando condiciones para transformarlas, es decir, recrear modos de actuar flexibles a fin de atender las cambiantes demandas de un campo profesional en permanente transformación, para que la inserción laboral que se plantea (con organizaciones) se conciba como deseable y no forzosa.
Como profesionales de las ciencias sociales, formamos parte activa de la fuerza laboral incorporada al proceso de producción material y social. Así mismo competimos en un mercado de trabajo reducido, cambiante, sujeto a las contingencias que caracterizan la oferta y la demanda de servicios.

Si bien puede entenderse el auge del crecimiento del Tercer Sector a partir del constante retroceso que se viene dando en los servicios sociales brindados desde el Estado, al plantearnos la inserción laboral del TS en este campo, no tratamos de colaborar con esta política, sino de contribuir a la reconstrucción del tejido social, la expansión de tipos de comportamiento asociados a la participación y la reducción de vulnerabilidad de los sectores populares.
En esta perspectiva encuentra justificación el tema que se abordará, aludiendo como eje central, las OSC como campo profesional del TS.

En la primera parte presentamos las posibilidades que la ampliación y consolidación del Tercer Sector presenta para la inserción laboral de los TS. Se realiza brevemente un análisis histórico del surgimiento de este nuevo actor incorporado a las Políticas Sociales, el nuevo rol que viene desempeñando y la creciente necesidad de apostar a la profesionalización de su gestión con miras al fortalecimiento institucional que requieren los tiempos actuales.

Posteriormente se plantean las advertencias o dificultades que tendrían los TS a partir de la inserción laboral en OSC. Se parte de la idea de que la demanda de intervención del Trabajo Social se ha constituido históricamente a partir de la ampliación del Estado en términos de garantizar los derechos sociales a la ciudadanía; por lo que una inserción laboral en el Tercer Sector podría presentarse como una contracción al interior del campo profesional del servicio social.

Finalmente y teniendo en cuenta que más allá de los debates y discusiones que se generen en torno a la inserción del TS en el mundo de las OSC, esta es una tendencia que en distinta medida y con diferentes perfiles se viene dando en el contexto latinoamericano; procuraremos hacer un análisis desde las organizaciones, visualizando algunas modificaciones en su accionar a partir de la inserción laboral de los TS.

Surgimiento, ampliación y consolidación del Tercer Sector como posibilidad laboral para el TS

Las grandes tendencias del profundo y acelerado proceso de cambio que enfrentan los países latinoamericanos han implicado modificaciones en el papel del Estado y de los diferentes actores sociales.
Las transformaciones socio – políticas y económicas de los últimos años, representan un profundo y acelerado ajuste estructural. Los programas van dirigidos a alcanzar estabilidad macroeconómica a través de un conjunto de políticas de liberalización de mercados, desregulación, privatización, reforma tributaria y ajuste fiscal.
Los países de la región no estuvieron ajenos a estas transformaciones y, particularizando en Argentina, se puede constatar un cambio en la ejecución de las Políticas Sociales, en la cual el Estado pierde protagonismo dando paso a entidades privadas, tanto vinculadas al “mercado” (segundo sector) como a las organizaciones de la sociedad civil (tercer sector). Es decir, en este contexto surge con fuerza la no-exclusividad del Estado en torno a la cuestión social; y las funciones que en el pasado se les atribuían deben ser hoy comprendidas, en un marco de complementariedad e interdependencia.
La administración de la cuestión social pasa a ser compartida, atribuyendo a toda la sociedad la responsabilidad de asumir las consecuencias de los problemas sociales y aportar los recursos necesarios para resolver los problemas que el propio sistema genera.

Así, las reformas estructurales, las crecientes necesidades sociales y el vacío de asunción de responsabilidades ante la situación, propician el surgimiento de las OSC, que en los últimos tiempos aparecen como un “nuevo actor” incorporado al diseño e implementación de las Políticas Sociales.
Esto pone en evidencia que, más allá de las largas luchas de las poblaciones  para la satisfacción de sus demandas; la apertura hacia la sociedad civil también se da como resultado de un proceso impulsado por el propio Estado (2).

Tradicionalmente se ha pensado en dos alternativas: el Estado y el Mercado. Hoy nos enfrentamos a dos realidades incontrastables. En primer lugar, el Estado atraviesa una etapa de restricción financiera que obliga a un reposicionamiento en relación al resto de los actores sociales. Respecto al mercado, ya se ha demostrado holgadamente que produce desigualdades en el seno social. La proliferación de OSC pone de manifiesto que ni el Estado ni el Mercado por si solos pueden dar cuenta de los lazos de solidaridad indispensables en una comunidad.
El Estado requiere articular sus capacidades de coordinación, conducción e integración social con otros actores no estatales, recurriendo a los conocimientos y capacidades que residen en el seno de la sociedad. Esta decisión del Estado exige como contraparte una sociedad civil fortalecida y protagonista (3).

Desde algunos sectores, se las concibe como capaces de proveer los servicios sociales dejados por el Estado y/o cubiertos mínimamente por éste; ya que poseen un creciente protagonismo por su capacidad organizativa, sus recursos y posibilidades de inserción en las problemáticas sociales y en los asuntos públicos en función del bien común. Por ello, se las ha de convocar como copartícipes del proceso de formulación e implementación de políticas.

Ensalzadas en ocasiones por su eficacia frente a la acción gubernamental y su cercanía a los sectores vulnerables y criticadas otras por su falta de preparación o por manejar abundantes fondos públicos, las OSC se enfrentan en este fin de siglo a numerosos retos derivados de la nueva distribución de papeles entre Estado y Mercado y a la necesidad de redefinir su función. Sería interesante que pudieran hacerlo de modo autónomo y partiendo de su propia reflexión y no mediatizadas por los otros dos sectores, sin duda mucho más poderosos.

La sociedad civil es una esfera autónoma de la interacción social donde los ciudadanos organizados asumen crecientes y heterogéneas responsabilidades y toma de decisiones en los aspectos que los afectan, procurando lograr mayor identidad y protagonismo en un modelo de interacción centrado en la complementariedad de los actores. Si consiguen definir su espacio, mejorar sus métodos de funcionamiento y vincular a cada vez más numerosos sectores sociales, crecerán como actor social.

Un tejido social con organizaciones representativas y fortalecidas, asegura mayor responsabilidad y mejora las condiciones de negociación en las relaciones entre los tres sectores: Sociedad Civil, Estado y Mercado y compromete a toda la ciudadanía en la mejora de las condiciones de vida de la población y en la búsqueda de construcción de la sociedad del bienestar.
En el contexto del país y la provincia, con los profundos cambios operados en el sistema económico, laboral y social, ofrecen suficiente elementos como para constituirse en un marco de análisis, para comprender más acabadamente las posibilidades y limitaciones de inserción laboral de los TS dentro de las OSC.
La experiencia de los años 80-90 en la Argentina nos muestra que el retiro del Estado no es necesariamente sustituido por el mercado como nuevo eje articulador de la sociedad civil, que contenga a las mayorías. Es así que amplios sectores de la población muestran signos de desorganización y de anomia propios de una marginalidad social que amenaza con volverse estructural que ya no obedece, ni puede ser reparada por medios exclusivamente económicos (4).
Asistimos así al aumento de la pobreza, la fragmentación social y debilitamiento de las responsabilidades del Estado, aquel que anteriormente, por medio de las Políticas Sociales concertaba las acciones tendientes a satisfacer necesidades sociales.
Tratando de llenar los huecos que ha dejado la reforma del Estado y las políticas de ajuste, aparece en escena un nuevo actor que es ampliamente reconocido por los demás sectores.

Ahora bien, ¿porque consideramos que en el mundo del Tercer Sector puede estar un campo promisorio para la inserción laboral del TS? simplemente porque, más allá de que el pilar sobre el que descansan las actividades de las organizaciones es el trabajo voluntario (5) de sus miembros (tiempo no remunerado), van surgiendo organizaciones cuyo funcionamiento y calidad de servicio requieren de planteles con perfil profesional-técnico, principalmente para el desarrollo de capacidades gerenciales.

En los últimos años hemos sido testigos de un interés sin precedentes en las entidades sin fines de lucro como actores centrales en el proceso de desarrollo social en nuestro país. La creciente concientización en distintos ámbitos de nuestra sociedad del rol fundamental que estas organizaciones desempeñan, han puesto de manifiesto al mismo tiempo la necesidad de mejorar la capacidad institucional de estas para maximizar su contribución social.
Así, el desarrollo de la capacidad de los recursos humanos de las organizaciones ha comenzado a ocupar un lugar primordial en las estrategias para el fortalecimiento del sector, por lo que la necesidad de profesionalizar la conducción y gestión de estas entidades está aumentando notoriamente; teniendo en cuenta que de todos los insumos que una organización requiere para operar, los recursos humanos (más aún los técnicos – profesionales) son los más difíciles de reemplazar.

Los TS, cuyo perfil responde a la exigencia, presentan una oferta profesional más que interesante a los efectos de contribuir a la capacidad técnica que el trabajo concreto de estas actividades requiere. Adicionalmente, esta inserción laboral en el sector también podría contribuir para el desarrollo de programas de educación superior especializados en esta temática (6); con las ventajas que ello implica en términos de “retroalimentación” continua.

Tengamos en cuenta que, históricamente, la Política Social se ha constituido en la base de sustentación funcional – laboral del servicio social; dándole legitimidad a través de la demanda de su intervención y por lo tanto, creando un campo laboral propio para su ejercicio profesional.
Hoy, los nuevos paradigmas establecen que se refuerza la organización de la comunidad, promoviendo la capacitación, brindando información y haciéndolas participar de las decisiones. Al dejar de ser potestad exclusiva del Estado el diseño de las Políticas Sociales a la luz de los nuevos criterios, tiende al fortalecimiento de la sociedad civil (7).

Partiendo de ello, vemos que en los últimos años se han abiertos nuevos espacios de trabajo conjunto, diálogo y concertación desde el Estado nacional; apelando a la participación y el compromiso de grupos y organizaciones sociales para asumir en forma conjunta la responsabilidad frente a la cuestión social. La forma más frecuente de implementar esta articulación es a través de convenios, por lo que las OSC deberán profesionalizarse aún más para poder articular y/o complementar al Estado (8).

Así como las OSC deben resignificarse a partir de los nuevos paradigmas en materia social, el TS deberá realizar el mismo proceso. La profesionalización de nuestra práctica esta ligada con los derechos sociales de ciudadanía; ya que entre los medios a través de los cuales el Estado interviene, se encuentra la puesta en servicio de la experiencia profesional de los TS.
Por todo ello, la ampliación y consolidación de este nuevo actor (las OSC o Tercer Sector), han de constituir una alternativa más para la inserción laboral del profesional del Servicio Social.

Advertencias para la profesión a partir de la inserción laboral del TS en el mundo de las OSC.

La intención aquí es reflexionar acerca de los desafíos, dudas y cuestionamientos que se nos presentan como profesionales al analizar el nuevo espacio de intervención que ocupamos y se nos asigna cuando trabajamos como articuladores entre el estado y la sociedad civil.
No somos ajenos como profesión a las reestructuraciones radicales que se vienen dando en el mercado de trabajo y que instauran nuevas modalidades de contrataciones, relaciones de trabajo temporales, a tiempo parcial, trabajo domiciliario, etc. Todas estas transformaciones acaecidas se hacen sentir en el campo laboral del TS, profesional que se desenvuelve al interior del mercado de trabajo como un profesional asalariado.

Desde la historia del Trabajo Social sabemos que como práctica social se profesionaliza en el momento en que el Estado se apropia de la cuestión social, evidenciándose una correlación, similitud y paralelismo histórico- social entre práctica social y práctica profesional.
En la actual configuración del Estado, las Políticas Sociales no desaparecerán, pero deberán resignificarse. Trabajo Social es una profesión que orienta su intervención a la satisfacción de necesidades sociales materiales y no materiales, en donde exista la posibilidad de recursos o puedan ser creados para su satisfacción; estableciendo su relación con el Estado, las instituciones públicas y privadas de diferentes sectores sociales, así como también familias, grupos y comunidades que tienen obstáculos para la reproducción de su existencia.

En nuestro país el empleador por excelencia ha sido el Estado. Hoy la búsqueda debería orientarse a las posibilidades que la profesión tiene en otras áreas; para superar nuestra visión del Estado como único referente laboral.
Debemos posicionarnos desde otra perspectiva en torno a la relación recurso – demanda que respondió al Estado de Bienestar. Como colectivo debemos participar en las instancias de trabajo y/o discusión o promover otras nuevas para que este espacio nos permita encontrar nuevos encuadres y modificar estructuras y modelos de atención, coordinando instituciones y asignando prioridades ante el aumento complejizado y heterogéneo de la demanda y la asignación de recursos escasos en relación a las actuales Políticas Sociales.
Aquellas áreas de intervención dominantes (reconocidas formalmente) tienden a cerrarse a medida que avanza el ajuste. Sin embargo, y precisamente por eso, se está estructurando un campo de demandas que queda sin abordar.
La caracterización y evaluación de la inserción laboral dentro de las OSC es una tarea compleja dada la heterogeneidad que presentan las mismas.

Se puede realizar un primer análisis de las dificultades más frecuentes de la intervención profesional a partir de los objetivos que se plantean las OSC y las actividades que realizan.
La interacción de ambos aspectos (objetivo / acciones) crea estilos en la conducción y condicionan el desarrollo de las prácticas profesionales dentro de las organizaciones. Por ejemplo, aquellas OSC que atienden la parte asistencial demandan prácticas profesionales que tiendan a solucionar problemas urgentes con recursos insuficientes, descomprimiendo la demanda para evitar (generalmente) el conflicto social. En ocasiones, los procedimientos puntuales de las organizaciones tienden a opacar las posibilidades de desarrollo profesional del TS.
Otra advertencia para el TS, está vinculado a los objetivos y proyectos de las OSC, que tienden a ser incorporados por el profesional como inherentes a la profesión. En este sentido se diluye el perfil profesional en las orientaciones que tienen las organizaciones y los proyectos que realiza.
La imagen que posee la organización del rol profesional y cuáles deberían ser sus prácticas es asumida generalmente como propia por el TS. Si el profesional no está prevenido de estos condicionamientos lo más probable es que se asimile a las prácticas instauradas por la institución sin desviarse de aquello que se le preestablece. Tomar como propios los objetivos y contenidos de las Políticas Sociales institucionales y la falta de autonomía para definir su rol al interior de este espacio se presentan como dos dificultades a tener en cuenta al momento de analizar la inserción del TS en el mundo de las OSC.

Cuestiones de carácter administrativo, o esencialmente burocráticas conducen, en oportunidades, a confundir los objetivos institucionales con los específicos de la profesión, debilitando la capacidad, calidad, o eficiencia de la acción profesional y por ende, restando mayor competitividad de la disciplina respecto a otras prácticas profesionales. Ya que por lo general se continúa dependiendo de una política institucional que limita el que hacer profesional.

Iamamoto (2000: 36) afirma que el TS es más que una acción rutinaria y burocrática, “es una acción de un sujeto profesional que tiene competencia para proponer, para negociar con la institución sus proyectos, para defender su campo de trabajo (…) Requiere buscar aprehender el movimiento de la realidad para detectar tendencias y posibilidades en ella presente, posibles de ser impulsadas por el profesional (…) Las posibilidades están dadas en la realidad, pero no son automáticamente transformadas en alternativas profesionales. Cabe a los profesionales apropiarse de ellas, y como sujetos desarrollarlas transformándolas en proyectos y fuentes de trabajo”.

Sociedad civil y sus actores, depositan en el profesional los posibles cuestionamientos hacia la gestión del Estado, visualizándonos como representantes de éste. También pueden esperar que actuemos como sostenedores, mediadores y/o asesores de su gestión, en definitiva, que seamos interlocutores capaces de responder a sus necesidades actuando no como “inspectores” o “controladores”, sino como verdaderos “mediadores” entre ellos y el Estado.
El Estado puede pretender que (el TS) sea un viabilizador del cumplimiento de los convenios establecidos, puede también entender que la tarea es mediadora pero en definitiva los conflictos que puedan afectar los proyectos serán resueltos con una lógica política y no técnica, lo que sin duda limita el desempeño de una verdadera autonomía y estrecha el espacio de intervención.

Otra dificultad que se presenta en torno a la inserción laboral del TS en el mundo de las OSC, fluye de la propia lógica de funcionamiento de estas entidades; que con frecuencia deben adaptarse constantemente para subsistir, ya que los gastos de funcionamiento institucional rara vez están incorporados en las líneas de financiamiento estatales o internacionales. Esto genera un sentimiento de incertidumbre, dificulta cualquier intento de planificación institucional a mediano plazo y obliga a un esfuerzo desgastante y permanente de nuevas búsquedas de recursos; ya que el nivel de autofinanciamiento del sector todavía es relativamente bajo.
Incluso las ONGs que tienen relativa estabilidad en sus fuentes de financiamiento y que poseen un espacio propio en donde llevar a cabo sus operaciones enfrentan complicaciones al tratar de retener a sus cuadros profesionales. Debido a la excesiva carga de trabajo y a que (justificándose en su carácter de “organizaciones no lucrativas”) muchas OSC remuneren de manera precaria a sus empleados; muchos profesionales terminan agotados y abandonan estas organizaciones, rotando por numerosas OSC tratando de encontrar un lugar en el cual sentirse personalmente protegidos y profesionalmente respetados.

Si bien algunos opinan que la consolidación del Tercer Sector contribuirá a la restricción del espacio profesional del TS; podríamos plantarnos esta “consolidación” de las OSC desde el punto de vista de las potencialidades y sinergia que presentarían como aliadas del Estado para hacer frente a los problemas sociales.
Sabemos que el mercado de trabajo que se abre en el “Tercer Sector” no compensará la retracción del mercado laboral en la órbita estatal, no compensará en cantidad de puestos de trabajo, al tipo de vínculo (inestable, flexible, sujeto a financiamiento de proyectos puntuales), pero no por ello hemos de pensar en que TS se presenta como una de las profesiones más damnificadas ante la restricción de la cobertura estatal, ya que todos los papeles profesionales en este aspecto sufren sus consecuencias. Lo que se espera de nosotros, como profesión con capacidad de respuesta, es que mantengamos una actitud proactiva y no reactiva ante esta situación, ya que los nuevos perfiles de las Políticas Sociales nos exigen redoblar el compromiso profesional con la defensa de los derechos de la ciudadanía, la promoción de los espacios de participación y los derechos humanos en general.

Ya no se puede soslayar que nuestra profesión se encuentra en una encrucijada ante los cambios que se vienen produciendo en la implementación de Políticas Sociales. Para no quedarnos excluidos del mercado, debemos ser creativos para generar nuevos espacios de inserción laboral. Nuestra relegitimación no va depender únicamente de una acción interna a la profesión (endogismo profesional), sino más bien a las alteraciones que pudieran ocurrir en la hegemonía neoliberal.

Habrá que resignificarse; la demanda objetiva (problemas sociales, carencia, pobreza, etc.) de la profesión no tiende a contraerse sino que se reduce la demanda institucional estatal. Lo dicho refuerza los conceptos ya vertidos respecto a la complejidad y el desafío que representa para la profesión ocupar este nuevo espacio de intervención.
Convalidar profesionalmente la inserción del TS en las OSC, requiere resignificar su objeto, los sujetos con los que se trabaja, al igual que el campo profesional. El esfuerzo del TS deberá dirigirse a conservar la esencia de su oficio y la razón de ser de la profesión.

Impacto en el accionar de las OSC a partir de la inserción laboral del TS

En esta última parte del artículo, se buscará conocer aquellas posibilidades y aportes que los TS propician al insertarse laboralmente en el mundo de las OSC.
Si bien estos no son “privativos” del Trabajo Social como profesión, creemos que pueden contribuir al respecto, recordando siempre que nos estamos refiriendo a un espacio de trabajo de desarrollo incipiente. Hay que tener en cuenta que no se trata de un espacio pensado para el TS únicamente, ya que existen otras profesiones habilitadas para operar en él (sociólogos, antropólogos, comunicadores sociales, entre otros).

Ahora bien, en los últimos tiempos se viene planteando la idea de que las OSC ya no pueden ser manejadas simplemente con espíritu militante. Es necesario competir en un mercado. No en “el” mercado, pero si en un mercado por la obtención de fondos escasos, y para competir es imprescindible contar con capacidad técnica que permita ofrecer profesionalmente el servicio que queremos brindar. Las OSC pueden contribuir a grandes temas, pero para hacerlo deberán contar con alta capacidad técnica, ya que la mayoría de los fracasos de los proyectos se explican por deficiencia en la capacidad de gestión.
Desde nuestra profesión podemos hacer aportes concretos para mejorar la capacidad de gestión de las OSC. El trabajo con grupos, con líderes locales, con actores políticos y gremiales, con trabajadores y usuarios de los servicios, hace necesario actuar con una gran plasticidad y flexibilidad, que si bien no es exclusiva de nuestra profesión, contiene en ella importantes posibilidades y potencialidades de desarrollo.

Por otra parte, se pueden promover procesos participativos en los proyectos que las OSC desarrollan; ya que este presenta ventajas y beneficios, ampliamente documentados en base a evidencias empíricas, en términos de su eficiencia, eficacia, equidad y sostenibilidad. Cuando los interesados participan, las decisiones son generalmente percibidas como más legítimas y encuentran menor oposición; pero esto aumentará a medida que mejoren los marcos institucionales para la misma.

Las habilidades de las partes para identificar intereses y traducirlos a propuestas, acceder y asimilar información, dialogar, encontrar puntos de concertación son capacidades que se fortalecen gradualmente al ejercitarse, pero que también se pueden cultivar a través de actividades de capacitación y aprendizaje, intercambios, seminarios, etc. todas técnicas que pueden darse desde la intervención del TS, contribuyendo esto, sin lugar a dudas, a la generación de ciudadanía.

La inserción laboral del TS entre las OSC, ¿mejora la capacidad de acción de éstas últimas? Si el TS, formado en la temática, inicia un proceso de fortalecimiento institucional de las organizaciones, mejorará la capacidad de acción de esas entidades. Esto no sólo implica la ¨transferencia¨ de conocimientos sino que significa también fortalecer identidades, construir lenguajes de consenso entre actores e instituciones diversos y promover su vinculación, el análisis y experimentación de modelos de gestión asociada como alternativa de participación e implementación de posibles soluciones a diversos problemas sociales.
Con ello, redundará en un aumento de la integración en detrimento del riesgo de exclusión social, modificando las condiciones de vida, no solo en cuanto a la satisfacción de necesidades básicas, sino en cuanto a la creciente responsabilidad, protagonismo y sociabilidad.

Concretamente, puede aportar a las OSC mejorando su capacidad de gestión (planificación, gerencia), cultura organizativa (visión, estilo democrático, autonomía, solidaridad), valoración, cambios de rol, sentido de pertenencia, disposición a la innovación, capacidad de explicación de su situación.

Una inserción eficaz buscará fortalecer estas capacidades presentes en las OSC, a fin de que éstas sean evaluadas por los organismos como de alta, media o baja confiabilidad en términos de financiamiento y articulación intersectorial (posibilidad de que se las convoque en mesas de concertación, de gestión asociada, consejos consultivos, etc.).
Además, el TS puede realizar aportes en dirección a algunas áreas temáticas que resulten de interés para el mejoramiento institucional y capacidad de acción de las OSC; como son la conformación de redes, participación en medios de comunicación masivos, búsqueda de fondos, diseño de proyectos, clarificación de la identidad y rol social, negociación intersectorial, etc.

Con el fortalecimiento institucional se buscará incrementar la efectividad e impacto social de las OSC, mejorar su eficiencia, su calidad de gestión y su coherencia organizacional a lo largo del tiempo. Para ello, una de las primeras medidas a adoptar es la difusión de sus actividades a los efectos de buscar el reconocimiento social de las tareas que desarrollan.
Al trabajar junto a las organizaciones, los TS amplían el nivel de cobertura de la oferta de capacitación, para que no quede parcialmente en la capacitación individual de algunos miembros, evitando la baja intensidad temporal con la que con frecuencia son trabajados estos temas.

Finalmente, la redefinición, resignificación y rescate de los ideales y misiones institucionales es el punto central a fortalecer en las organizaciones de la sociedad civil, a fin de que estas mejoren su accionar.

No debemos olvidar que siempre que participamos en espacios nuevos, en procesos de cambio y construcción, nos enfrentamos a diversos desafíos que nos exigen la mayor solidez profesional, un fuerte respaldo teórico y el reciclaje permanente de nuestra formación. En tal sentido, no deben estar ausentes en cualquier análisis de los procesos de intervención, los debates actuales relativos a las Políticas Sociales y el enfrentamiento de la cuestión social.

El FODA “genérico” de la inserción laboral del TS en el mundo de las OSC(elaboración propia).

Para aportar a la comprensión del tema abordado en el presente artículo, se construyó este sintético FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas) de la inserción del TS en las OSC.

FORTALEZAS OPORTUNIDADES
Respecto a las OSC Respecto a las OSC
Alta capacidad de respuesta.
Mayor conocimiento de las necesidades de la población.
Alta convocatoria.
Eficacia para llegar a sectores pobres.
Promueven solidaridad y pluralismo.
Visibilidad creciente de las actividades del Sector.
Credibilidad en las actividades.
Fuerte entramado social construido.
Acuerdo generalizado de articulación Estado-SC.
Aportes Estatales al sector.
OSC son elegidas por la cooperación internacional para asistencia financiera.
Trato diferenciado en normas tributarias.
Desarrollo de actividades vinculadas a Empresas: “responsabilidad social empresaria”.
Generadoras de empleo.
Elegibilidad para la ejecución de PS.
Respecto al Profesional del TS Respecto al Profesional del TS
Experiencia y metodología de trabajos participativos.
Proximidad a los sectores populares.
Creador de fuentes no tradicionales de trabajo.
El 3er Sector se presenta como fuente alternativa de ocupación profesional.
Necesidad de profesionalizar el sector (incorporación de RRHH Técnicos).
Nuevos espacios de inserción profesional (multilaterales, consejos consultivos, etc.)
DEBILIDADES AMENAZAS
Respecto a las OSC Respecto a las OSC
Algunas instituciones del Tercer Sector representan aún una red muy débil para contener el peso de las consecuencias de la tercerización.
Financiamiento discontinuo.
Baja visibilidad de sus acciones.
Alta tasa de movilidad de RRHH, impide acumular experiencia y transmitirla.
Profesionalización incompleta.
Poca intercomunicación con otras OSC.
Poca capacidad de gestión institucional desarrollada.
Manejo político-partidario.
Multifragmentación de la cuestión social.
Alejamiento de la cooperación internacional.
Débil reconocimiento social como sector.
Falta de un marco legal propicio para el trabajo de las OSC.
Respecto al Profesional del TS Respecto al Profesional del TS
Remuneración sujeta a financiamiento externo de proyectos puntuales.
Desconocimiento de fuentes de financiamiento.
Concentración geográfica de las OSC en zonas más importantes del país.
Refilantropización del servicio social.
Precariedad en los trabajos de Desarrollo Comunitario por inestabilidad de los tiempos de ejecución de políticas.
Retracción del mercado de Trabajo en la órbita estatal.

Algunas conclusiones

Meditando sobre el conjunto de estas observaciones y recordando al Trabajo Social como una profesión que pretende conformar su saber en una disciplina científica que oriente su intervención, se hace necesario señalar las siguientes afirmaciones a fin de comprender de manera más acabada lo que se intentó describir a lo largo de este artículo:

Las transformaciones – registradas a partir de los 90s- en las relaciones entre el Estado y la sociedad civil otorgaron un rol protagónico a las OSC en el desarrollo social y la construcción de la ciudadanía. El marco institucional en el que se desenvuelven las relaciones de estas OSC con los Estados se ha ampliado y los espacios para la participación en procesos de consulta, decisión, gestión y control de las políticas públicas se han multiplicado. Ante ello, se registra un fuerte crecimiento en cuanto a la incorporación de profesionales en el sector.

La inserción laboral que se abre en el Tercer Sector no pretende constituirse en un área dominante dentro del campo profesional de los TS; sino como una alternativa más para el ejercicio profesional a raíz de los nuevos paradigmas que en materia social se registran en los últimos tiempos. Coincidiendo o no con los distintos planteos, debemos convenir que es imposible mantener toda la responsabilidad de la cuestión social en manos oficiales (Estado).

Si hablamos de un espacio profesional de reciente desarrollo, que se está construyendo en el marco de procesos de cambios en la forma de operar el Estado, en sus relaciones con la sociedad civil, consideramos que quizás son más las dudas que las certezas. Aún así, las OSC jamás deberán reemplazar al Estado, sino mas bien complementarse con él, potenciarlo.

Si bien valoramos como fundamental estimular la capacidad de las organizaciones de la SC para participar y gestionar proyectos sociales, entendemos que el éxito y la calidad de Políticas Sociales a nivel macro no puede condicionarse a estas posibilidades, a riesgo de enfrentarse a fracasos importantes.

A nuestro entender la forma más adecuada de intervención en este modelo sería desde un abordaje multidisciplinario, donde los profesionales puedan aportar su mirada desde las diferentes perspectivas complementándose y apuntar así a una integralidad fundamental en el análisis y la visión de la dinámica particular de las OSC.

Esta inserción requerirá de un esfuerzo adicional por parte de los TS a nivel corporativo – gremial, teniendo en cuenta las advertencias y dificultades que se han planteado en este artículo.

Finalmente, quedaría pendiente el desafío de evaluar la “calidad de inserción laboral” que el trabajo en y con organizaciones implica.

Notas

(1) Justamente, la primer característica – del sector – es la heterogeneidad. Por ello, surgen distintos conceptos que son utilizados indiscriminadamente para dar cuenta del Sector. Por lo general, se trata de organizaciones que desde el ámbito privado persiguen fines públicos.

(2) En nuestro país, en los últimos años se han creado organismos (Secretaría de Desarrollo Social, Centro Nacional de Organizaciones de la Comunidad) que intervienen en la constitución del Tercer Sector.

(3) Existe consenso respecto al surgimiento de un nuevo actor en la esfera pública (Tercer Sector).

(4) No es la manifestación de un sistema que estaría “funcionando mal” (en crisis), sino la contracara del funcionamiento correcto de un nuevo modelo social de acumulación (Grassi: 1994: 29).

(5) Hay que tener en cuenta, en este aspecto, que los cambios en las situaciones familiares o nuevas responsabilidades laborales tiene un profundo impacto en el tiempo disponible que las personas comprometen a las actividades voluntarias.

(6) La documentación de experiencias que resulten de profesionalizar la conducción y gestión de las OSC podría ser elemento de debate y reflexión en la formación de TS especializados en la temática. Sumado a ello, podría promoverse la creación de redes conformadas por quienes se desempeñan profesionalmente en las OSC.

(7) Fortalecer al sector de las OSC no implica un desentenderse del Estado en la cuestión social.

(8) Algunos autores coinciden en que dejar toda la “cuestión social” en manos del Tercer Sector es generar ciudadanías parciales movilizadas en torno a misiones especificas en el campo social.

Bibliografía

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Grassi, Estela (1994). Políticas Sociales, Crisis y Ajuste estructural. Ed. Espacio, Buenos Aires.

Iamamoto, Marilda (2000). O serviço social na contemporaneidade: Trabalho e formaçao profissional. Editorial Cortez, Sao Paulo.

Thompson, Andrés (1998). El Tercer Sector en la historia argentina. CEDES-CONICET, Buenos Aires.

Tobar, Federico y Fernández Pardo, Carlos (2001). Organizaciones Solidarias – Gestión e innovación en el Tercer Sector. Lugar Editorial, Buenos Aires.