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La importancia de resignificar el papel de las Instituciones desde el Trabajo Social

Rosario Itatí GonzalezDescargar PDF

Abstract
El conocimiento de las instituciones, el papel que cumplen en la sociedad y la importancia que tienen y han tenido como escenarios de actuación del trabajo social desde la constitución misma de la profesión requiere que reconozcamos la necesidad de reconsiderar cómo las entendemos y a partir de allí reflexionar nuestras prácticas cotidianas en ellas.
En este sentido, conocerlas, resignificar la manera de entenderlas y reflexionar sobre nuestro ejercicio en dichos escenarios se constituye en una cuestión medular para los que formamos parte del colectivo profesional.

Presentación
El propósito central del presente artículo, es dar significación al papel que cumple el conocimiento y análisis de las instituciones, cuando éstas se constituyen en el terreno de intervención del ejercicio profesional del Trabajo Social. Es decir, resignificar la importancia de las instituciones como escenarios de intervención de la profesión.
Siempre hay una dimensión institucional que se pone en juego en nuestra intervención y es imprescindible reconocer y repensar nuestras diferentes maneras de concebirla.
En ese sentido, la intención en este artículo es reflexionar sobre las diferentes maneras de concebirlas, entendiendo que las ideas, concepciones que se tienen sobre las instituciones orientan nuestras acciones en el cotidiano.
La necesidad de este reconocimiento implica reflexionar permanentemente el modo en que las instituciones enmarcan nuestro accionar.

Las instituciones: diferentes maneras de entenderlas
La cuestión de las instituciones, como campo de estudio, han sido objeto de interés y preocupación de diversas disciplinas: sociología, ciencias jurídicas, economía, psicología, semiótica, antropología, ciencias de la educación, etc., así también han sido abordadas desde diversas perspectivas de análisis – enfoques – teorías sociales, lo cual ha implicado la configuración de un campo de conocimientos sumamente amplio y complejo a la vez.

En este primer apartado recuperamos un conjunto de aportes de autores que nos parecieron significativos a la hora de aproximarnos al tema que nos ocupa.
Un clásico en el tema como lo es North Douglass (1990), señala que las instituciones pueden ser entendidas como las reglas del juego en una sociedad o, más formalmente, como las restricciones creadas por los seres humanos para modelar las relaciones humanas… o como un conjunto de reglas cuyo objetivo es proveer estructura y previsibilidad a las interacciones entre los individuos en la sociedad.
Gregorio Kamisnky (1994) nos interpela planteando que todos conocemos a las instituciones porque las transitamos, las aceptamos, las padecemos, aunque advierte que no están sencillo comprenderlas, abordarlas analíticamente y es por esta razón que propone poner entre paréntesis el saber con que contamos sobre las instituciones y nos invita a reflexionar sobre los saberes con que contamos cotidianamente sobre las mismas.
Frigerio Graciela en co-autoría con otros especialistas, en el texto denominado “Las Instituciones educativas: Cara y ceca”, hacen referencia a las instituciones del siguiente modo: “a veces parecería que ellas andan solas, que una mano invisible las mueve, que nos son ajenas, que se nos escapan, que su funcionamiento obedece a leyes oscuras, como si “algo” o “alguien” las manejase independientemente de sus actores y protagonistas”. Sostiene que contrariamente a esa sensación de curso azaroso, las instituciones pueden ser gobernables; que la conducción de las instituciones es lo contrario al azar, que implica y exige nuestra decisión y nuestra intervención. (1992:11)
En el sentido planteado por estas autoras, las instituciones son producto de nuestras acciones, las construimos y el azar es fundamentalmente aquello sobre lo cual no pensamos y que en consecuencia, dejamos que se decida sin proponernos intervenir.
Fernández Lidia (1994), propone restituirle a la concepción de institución, la idea de que designan alternativa y simultáneamente lo instituido y lo instituyente. Es decir, comprenderla como algo más que el espacio de concreción de lo instituido. Las instituciones son escenarios que evidencian la relación entre fuerzas instituidas (lo establecido – lo normado – lo pautado – sancionado) y fuerzas instituyentes (prácticas – comportamientos que cuestionan lo establecido).
Comprendiendo a las instituciones desde la propuesta de Fernández (1994) implica concebir que un suceso, un acto, una acción en un escenario institucional concreto es la manifestación de concepciones donde se ponen en juego una serie de cuestiones de orden socio-cultural, personal que propenden a la preservación y el cambio de lo instituido de manera simultánea. Entonces, la institución expresa las relaciones entre normas, reglas, representaciones, comportamientos, etc. que se apoyan implícitamente o explícitamente en la racionalidad establecida y/o la cuestionan.

A partir de los aportes hasta aquí expuestos podemos acordar diferentes maneras de entender a las instituciones:

Conjuntos de normas – valor que se han formalizado en leyes escritas o tienen una fuerte vigencia en la vida cotidiana de un determinado contexto social y cultural y; que representan valores sociales y pautan el comportamiento de los actores sociales y grupos fijando sus límites. Fernández (1994),
Conjuntos de interacciones sociales, poniendo el acento en el juego de relaciones sociales concretas que se ponen en práctica en un escenario de actuación específico.
Organizaciones concretas que cumplen ciertas funciones especializadas, tienen propósitos –objetivos; concretan acciones –actividades; cuentan con un espacio físico; y un conjunto de personas responsables del cumplimiento de determinadas tareas que son reguladas por diferentes sistemas de organización. Fernández (1994).
Conjuntos de significados – representaciones que pautan el comportamiento de los actores sociales. Representaciones que se constituyen en directrices del comportamiento y condicionan su percepción de la realidad. Es decir que en toda institución está implicado un orden simbólico que orienta a los actores sociales para entender y decodificar la realidad.

Por otra parte, una categoría imprescindible que se halla implícita en gran parte de los aportes de los autores hasta aquí expuestos, es la de institución como relación de poder. Es frecuente que se comprenda que en las instituciones el poder está en un determinado lugar, en manos de los jefes, autoridades, pensando en las instituciones piramidalmente. El poder puede estar allí y al mismo tiempo se manifiesta en las relaciones informales que se establecen en los escenarios institucionales “Las redes informales de una institución dan cuenta de cómo se ha distribuido y concentrado el poder en las prácticas cotidianas (…)” (Frigerio G. y otros 1996: 67).
Foucualt (1983) señala que el poder no es una cierta potencia de la que algunos estarían dotados, el poder se ejerce a partir de innumerables puntos y en el juego de relaciones móviles y no igualitarias dice. Entonces implica trabajar para lograr el momento para hacer prevalecer nuestras ideas, nuestra posición, de influir en la toma de decisiones.
El poder en las instituciones no tiene existencia por sí mismo sino en una red de relaciones, entonces supone la potencialidad de prescribir o prohibir los comportamientos – prácticas de los actores institucionales. Frigerio G. y otros (1996).
Entonces, si el poder desempeña el papel de productor de acciones, es necesario habituarnos a mirar a las instituciones desde la norma y desde las relaciones sociales que se establecen. Institución es relación social, relación de fuerzas y en esas relaciones ver cómo se vincula el poder, no el poder que organiza sino el poder que circula. En este sentido, una institución es una manera de distribuir poder o redistribuirlo, pero es una distribución no estática sino dinámica.

Así, la puesta en juego de toda esta serie de dimensiones sobre las que se ha enfatizado hasta este momento solo es posible comprenderlas a partir de nuestra participación en escenarios institucionales concretos, las instituciones operando como lo señala Fernández L. (1994).

El Trabajo Social y las instituciones
Los Trabajadores sociales intervenimos cotidianamente en el marco de instituciones, en toda prestación social que desarrollamos o servicio social en el que nos involucramos como profesionales, siempre existe una vinculación directa o indirecta con instituciones públicas de las políticas sociales u otro tipo de instituciones (entidades u organizaciones no gubernamentales).
En lo que concerniente al Trabajo Social, las instituciones se han constituido en escenarios de actuación profesional desde la constitución misma de la profesión, pero los problemas teóricos y prácticos de la propia actividad profesional en las instituciones de las políticas sociales, requiere que permanentemente las examinemos y actualicemos.
Sin embargo, advertimos, que frecuentemente depositamos la debilidad de nuestras acciones en las trabas institucionales, esta situación, sensación, padecer, responde muchas veces a cómo las estamos comprendiendo, desde qué lugar las estamos mirando o cómo nos posicionamos en dichos escenarios.
Si bien, aactualmente, el quehacer cotidiano del Trabajo Social, aparece ligado a una práctica de elaboración e implementación de proyectos para la prestación y administración de servicios sociales, esta “intervención”, siempre está vinculada a instituciones o se desarrolla desde un marco institucional determinado.
Es por ello, que a los Trabajadores Sociales se nos requiere para la intervención en situaciones – problemas, donde se hallan involucrados personas – familias – grupos – organizaciones, que demandan asistencia – recursos, etc. de diversa índole y por otra, instituciones que brindan servicios – proveen de recursos. Esta situación nos advierte de la necesidad, en el proceso de formación de los trabajadores sociales de potencializar la capacidad profesional en las instituciones de las políticas sociales a partir de la identificación de los componentes que permitan comprenderlas como escenarios donde se ponen en juego múltiples dimensiones (estructura, poder, comunicación, representaciones); intervienen diferentes tipos de actores (los agentes institucionales – los actores destinatarios de los servicios y el trabajo social) y donde se suscitan diferentes acontecimientos que hacen al funcionamiento institucional y es desde ese marco que se debe reflexionar sobre el ejercicio profesional en dichos escenarios, como espacios de construcción cotidiano del quehacer profesional.
En razón de lo expuesto se considera de suma relevancia el abordaje de las instituciones en estrecha vinculación con los distintos niveles de abordaje que se proponen en la formación del Trabajo Social (comunidad – organizaciones– grupo – familia).

Sustentamos la importancia del tema en las siguientes cuestiones:
En el ejercicio de la profesión, nos enfrentamos cotidianamente con el desafío metodológico y conceptual de dar cuenta de hechos que sufren una clara multideterminación: la que proviene de los sujetos (individuos) en sus características constitucionales y aprendidas; las que origina la existencia de modelos, pautas y significados en la interacción de los grupos y las organizaciones por su dimensión situacional e histórica y la que proviene de la realidad socio- económica y cultural. Lidia Fernández (1994)1.

Que el Trabajo Social interviene / opera cotidianamente en escenarios institucionales, toda prestación que desarrollamos o servicio social en el que nos involucramos como profesionales, siempre existe en vinculación directa o indirecta con instituciones públicas de las políticas sociales u otro tipo de instituciones. La prestación de servicios sociales por parte del trabajo social está mediada por una relación institucional que legitima al trabajador social como profesional.

Así planteada la cuestión, el Trabajador Social requiere para su ejercicio profesional de herramientas teóricas y metodológicas que le permitan orientar sus prácticas y tener la capacidad para conocer y leer hechos – acontecimientos – sucesos que se ponen en juego en el terreno de intervención, las instituciones de las políticas sociales.

Ya el CELATS (1986), planteaba su posición en relación al tema que nos ocupa; éste sostiene que el espacio profesional se construye en un escenario donde interactúan tres sujetos sociales: La Institución como organización que planifica, gestiona y administra las políticas sociales; el usuario como representante de las demandas y el Trabajo Social, como profesión que existe acreditada dentro de una organización social.
“La forma como se relacionan y diferencian los tres sujetos sociales: Institución – Trabajo Social, Usuario; la fuerza de cada uno de ellos, la semejanza o disparidad de intereses, definirá nuestras posibilidades y limitaciones dentro de un contexto social determinado.”(CELATS: 1986: 30)
En otro orden, autores vinculados a los estudios de las instituciones educativas como Lidia Fernández (1994)2, señala que las ciencias sociales y psicológicas tienden acordar sobre la existencia de diferentes ámbitos de complejidad en todo fenómeno humano y en ese marco, señala que en la realidad del hombre se puede visualizar la operación de lo individual, lo interpersonal, lo grupal, lo organizacional y lo social general.
La intencionalidad de la autora, es destacar que cada uno de estos ámbitos, que operan en la realidad del hombre, debe ser concebido integralmente y que cada uno de ellos se halla determinado recíprocamente, lo cual otorga un carácter de complejidad al estudio de los fenómenos sociales.
Con el aporte de Fernández podríamos plantear que: lo comunitario incluye lo institucional – lo institucional incluye lo grupal y lo grupal incluye lo individual; es decir, cada uno de estos ámbitos, que por razones de orden analítico son recortados o delimitados para su conocimiento y comprensión en profundidad en el marco de la formación profesional, se hallan determinados recíprocamente lo que requiere de la necesaria articulación sustantiva de los mismos.
Es decir, que el conocimiento y compresión de cada uno de ellos, por su complejidad, deben ser concebidos como ámbitos de análisis en sí, y al mismo tiempo no desvinculados de los demás.

En razón de lo expuesto, consideramos pertinente que en el proceso de formación profesional del trabajo social se debe abordar el tema de las instituciones, como un ámbito de análisis en sí, que supone una reflexión sobre las nociones de institución, las diferentes maneras de entenderlas porque de ello dependerá la comprensión de que las instituciones se constituyen en los espacios ocupacionales del profesional y que los espacios profesionales son espacios a construir y no dados.
Las intervenciones profesionales son siempre el resultado de un complejo proceso de decisiones donde el conocimiento del funcionamiento de las instituciones, sus agentes el juego de poder, los intereses etc. se constituye en un elemento crucial para los trabajadores sociales.

Consideraciones Finales:
El replanteo crucial que nos debemos los trabajadores sociales es que si se desconoce este ámbito, sus particularidades y solo nos concentramos en la mera ejecución de un programa social, dejamos de lado un conjunto de cuestiones, cómo se toman las decisiones, en que ámbitos se definen las acciones, sus destinatarios, el lugar que ocupa el trabajo social en esa institución, etc.
Entonces, abordemos el tema de instituciones repensando como las entendemos, con qué nociones de instituciones nos manejamos porque ello dependerá nuestra intervención como profesionales.
Así, al resignficar nuestra manera de comprender las instituciones despegadas de su connotación jurídica – tan solo como conjuntos de normas – permitirá reflexionar sobre la relación espacio ocupacional – espacio profesional favoreciendo procesos de autonomía profesional.
Concebir a las instituciones como producto de nuestras acciones, las construimos cotidianamente. En esa construcción, la manera en que cada profesional defina y desempeñe su rol profesional en las instituciones se convertirá en un factor clave para su intervención y el mejoramiento de los servicios sociales que despliegue.

Bibliografía:
CELATS: “La práctica del Trabajador Social”. HUMANITAS – CELATS. Bs. As. 1986.
FERNANDEZ RUIZ, L. “Instituciones Educativas”. Dinámicas institucionales en situaciones críticas. Editorial Paidós. 1994.
FOUCAULT, M.: “Microfísica del Poder”. Cap. IV, XXI, XXII. De: la Piqueta. Madrid, España. 1979.
FOUCAULT, M. “El discurso del poder”. Bs. As. Folios Eds. 1983.
FRIGERIO, G.; POGGI, M.: “Las instituciones educativas. Cara y Ceca.” Serie FLACSO. Editorial Troquel, 1992.
KAMINSKY, Gregorio: “Dispositivos Institucionales”. Lugar Bs. As. 1994
KAMINSKY, Gregorio: “Una gramática institucional. Organigrama y Diagrama”. Revista Espacio Institucional. Lugar Editorial. 1991. Bs. As.
LOURAU, R., BERNARD, M., y otros. “Análisis institucional y socio-análisis”. Ed. Nueva Imagen. México 1981.
NORTH, D. (1990), Institutions, Institutional Change and Economic Performance, Cambridge University Press.
SCHWARTEIN, L.: “La Psicología de las Instituciones”. Paidós, Bs. As. s/d.