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Globalización, Desarrollo local y Trabajo Social

Prof. Alicia DieringerDescargar PDF

El presente ensayo fue presentado en el Seminario – Taller “Sociedad Civil y Tercer Sector: Las problemáticas de la aparición de un “nuevo actor” en el ámbito de las Políticas de Desarrollo (1). Es su objetivo, aportar a la construcción de un marco conceptual sobre la base de reflexiones respecto al desarrollo local: la relación global/local, los escenarios, actores e identidades que intervienen en estos procesos y la posible vinculación con el Trabajo Social.

Introducción
Realizar el intento de comprender los procesos que acontecen en el interior de nuestra comunidad es una tarea que requiere tener en cuenta como se involucran los sucesos que conforman la trama del escenario nacional e internacional. Esta referencia a los ámbitos mas amplio es indispensable para captar adecuadamente en que medida condiciona la conducta de los sujetos sociales y sus organizaciones cuyo análisis se intenta explicar.
En el planteo de los objetivos que guían el conocimiento social, se hace cada vez más notoria la necesidad de dar cuenta el entrelazamiento o vinculación de los procesos que se dan al interior de las organizaciones y de cada comunidad con aquellos que transitan en el espacio de la sociedad mundial.

La trama de las relaciones en la sociedad mundial está compuesta por la textura de las relaciones transnacionales que transfieren y hacen circular discursos. ideas, informaciones innovaciones tecnológicas y recursos.

Nuevas tecnologías de información permiten la articulación de procesos sociales a distancia, ya sea en las áreas metropolitanas (tele-trabajo, tele-compra, tele-información, tele-diversión), entre las regiones o entre los continentes.

Se hace evidente, el grado de interconexión que se viene experimentando en el transcurso de la historia de la vida del hombre, en la complejidad que adquieren las formas de organización comunitaria, en las que no solo intervienen un número mayor de actores, sino que se incorporan mayores espacios donde se desenvuelve la interacción humana.

DESARROLLO LOCAL: la intersección de lo global con lo local.
La cuestión global
Abordar la globalización nos remite a considerar procesos que se caracterizan por el aumento de la competencia de los mercados, el protagonismo y liderazgo de las empresas multinacionales, las nuevas tecnologías de la información, los transportes y las comunicaciones facilitando y reforzando el funcionamiento y la interacción de las organizaciones.

Como así también, a un mundo organizado en torno a grandes aglomeraciones difusas de funciones económicas y asentamiento urbanos diseminados a lo largo de vías de transportes, con zonas periurbanas incontroladas y servicios desigualmente repartidos en una infraestructura discontinua.

Al respecto, Manuel, Castells. (1997:pp 17) analiza las complejidades de la articulación entre tecnología, economía, sociedad y espacio, como un proceso abierto, variable e interactivo, y al mismo tiempo señala, que en la sociedad de la información, lo global condiciona lo local y los flujos electrónicos estructuran la economía a partir de relaciones entre unidades espacialmente distantes.
Se puede sintetizar la postura de Castells – a expensa de hacer un reduccionismo de su obra- señalando la convergencia de tres macro-procesos, ellos son: la globalización, la informacionalización y la difusión urbana generalizada, a los que generalmente se le atribuye fundamental importancia, en la desaparición de la ciudad como forma específica de relación entre territorio y sociedad.

Es oportuno, introducir la diferenciación que se realiza entre urbanización y ciudad, el primer concepto se refiere a la articulación espacial, continua o discontinua, de población y actividades. En cambio el segundo, hace referencia, tanto en la tradición de la sociología urbana como en los ciudadanos en general, a un conjunto o sistema específico de relaciones sociales (ej. vecindarios) de cultura y sobre todo de instituciones políticas de autogobierno.

Un mundo organizado en torno a grandes aglomeraciones difusas de funciones económicas y asentamiento urbanos diseminados a lo largo de vías de transportes, con zonas periurbanas incontroladas y servicios desigualmente repartidos en una infraestructura discontinua.

El proceso de internacionalización también se ha venido dando en la esfera política. Actualmente, el Estado territorial, que fuera figura dominantemente en la esfera mundial durante cuatro siglos a partir de la finalización del feudalismo, está siendo eclipsado por actores no territoriales, como las corporaciones y organizaciones internacionales. Los actores no estatales que no están constituidos de acuerdo con el principio de organización territorial, se han convertido en participantes con peso propio en la nueva distribución del poder internacional.

Según Hoffmann (1988, 139) “Estos actores no estatales son, primero, agentes transnacionales como empresas multinacionales, y también internacionales religiosas, de ideas, intereses, organizaciones científicas o grupos privados que operan a través de la frontera”

Es necesario incluir en este análisis, la ruptura de la organización bipolar del orden mundial (Estados Unidos y la Unión Soviética). El proceso actual pareciera estar signado por la aparición de un mundo multipolar, que tendrá que buscar el equilibrio de poderes alrededor de varios centros y que de lugar, simultáneamente, a la integración de grandes espacios regionales donde se dibujan nuevos bloques de asociación entre países. Y tal como afirman diversos autores los finales de las décadas 80-90 ha sido un periodo clave en el desarrollo de estas transformaciones.

La actual integración implica el surgimiento de grandes bloques económicos, mercados integrados, ejemplo: la Comunidad Económica Europea. Los complejos, enlaces en el campo económico y político dan lugar también entre nosotros al MERCOSUR y como no podía ser de otra manera a profundas interrelaciones en el plano cultural.

En este sentido, las comunicaciones y la información concurren a robustecer la articulación del sistema internacional en su conjunto. Las agencias de noticias, las series de televisión, la producción de ciertas modas musicales, la aparición de personajes que se proponen como modelos de vida, son instrumentos de una propuesta cultural globalizadora impulsada desde los centros de poder transnacional.

En nuestra provincia, y a modo de ejemplo, la publicidad televisiva, los programas, en especial las telenovelas, de los canales brasileños, cobran especial importancia, por su presencia cotidiana, en la población. Situación que nos llevan a pensar, como estos aspectos, entre otros, constituyen uno de los instrumentos de vanguardia para la discusión de pautas del consumo dirigido y también de formas de comportamiento humano.

Ciertamente, las comunicaciones y la información se constituyen en un factor económico estructural, ya que conforman una fuerza productiva indispensable para el funcionamiento de las economías y las finanzas internacionales. Pero el despliegue de estas tendencias no solo contribuyen a una profunda transformación económica, sino que los ecos de estos fenómenos preludian grandes cambios en la vida social y cultural.
En este contexto: ¿podrían diluirse las formas actuales de organización social, de expresión cultural y gestión política? ¿o se podrían plantear la universalización de las relaciones políticas y sociales?

La cuestión local

Abordar la cuestión del desarrollo local implica rever corrientes de pensamientos que estructuran los diferentes modos de aproximación del tema y que condicionan el conjunto de tácticas.

Hay tendencias a pensar en desarrollo local como algo separadamente, sin contacto con lo regional, nacional o global, cuando por lo contrario, estos procesos son siempre pensados e interpretado a partir de las grandes corrientes de interpretación del desarrollo que existen. Por ello, Di Pietro (20001) considera necesario la crítica de los tres paradigmas tradicionales más importantes de desarrollo: el evolucionismo, el historicismo y el estructuralismo poniendo especial atención en remarcar la valorización que en cada uno de ellos tiene de desarrollo local.

Tradicionalmente las políticas de desarrollo como las estrategias de reequilibrio territorial predominante en América Latina y en especial en Argentina, han estado sustentada en un enfoque de desarrollo polarizado en las grandes ciudades y metrópolis propio del industrialismo sustitutivo, donde la organización productiva respondía al modelo fordista de gran empresa y las políticas obedecían a una esquema institucional centralista, regido por un crecimiento nacional impulsado desde un gobierno central.

Paralelamente la insuficiencia de los modelos tradicionales de desarrollo ha impulsado la exploración de nuevas vías y enfoques más cualitativos, integrales y armónicos de crecimientos, que tengan en cuenta además las especifidades, las diferencias y particularidades regionales. Así es como se ha incorporado al discurso actual expresiones como “desarrollo centrado en la gente”, “desarrollo sustentable”, “desarrollo humano”, etc.

Las nuevas condiciones y escenarios que plantea la globalización y a la dinámica financiera y económica han conducido a la búsqueda de alternativas locales y regionales de desarrollo, estimulando las energías y recursos endógenos, los sistemas locales de empresas, el fomento de la capacidad empresarial y el crecimiento del empleo local.

Por otra parte, los procesos de Reformas del Estado y descentralización de las políticas publicas han puesto en primer plano a las instancias regionales (provincias) y locales (municipios), que han recibido del nivel central la administración y ejecución de nuevas competencias y servicios sociales, obligándoles a modificar el sentido y la modalidad de la gestión, incorporar tecnología, desarrollar liderazgo innovadores, racionalizar las plantas de agentes públicos y capacitar sus recursos humanos.
La existencia de diferentes formas de percibir la sociedad contemporánea aparece en las interpretaciones de analistas como Castells, Arocena, Alburquerque.

Una primera agrupación de estas formas de percepción pone el acento en la importancia de los procesos supranacionales, en el desarrollo de los mercados globales, en la existencia de una lógica planetaria.
Para Arocena (2001:pp7), se estaría produciendo la emergencia de una nueva forma de la modernidad, cuya racionalidad habría que buscarla en la afirmación de lo global sobre los restos de los viejos Estados –Nación, “sobre los restos de las vieja identidades que intentan resistir de manera mas o menos caótica”.

Desde esta posición, se espera que esta nueva racionalidad se afirme, que se construya un nuevo orden que termine con la “explosión destructiva” de lo diverso. Al modelo de integración uniformizante característico de la sociedad industrial debería seguir un nuevo modelo de integración que tendría que lograr análogos efectos de uniformización.

Los argumentos que se exponen como innegables son los procesos de transnacionalización e internacionalización de la política, la economía y las comunicaciones, fenómenos que configuran la nueva la escena social. Es así que la tendencia general, muestra el avance hacia diversas formas de interconexión humana por encima de las fronteras nacionales.

Para Juan, P,. Lumerman, (1998:pp 4) el actual ciclo económico tiene su núcleo más dinámico en un reducido número de corporaciones gigantes, impulsoras de un proceso dentro del marco de una fuerte competencia oligopólica, que incluye ritmos permanentes de innovación tecnológica, nuevos perfiles industriales, específicas formas de organización empresaria, gran agilidad y sincronización de movimientos a nivel mundial. De igual manera – prosigue el autor- la existencia de incorporación masiva de flujos informativos para la toma de decisiones y la determinación de las alternativas de inversión y maximización de ganancias, utilización en gran escala de la publicidad, e instrumentos semejantes, que las han transformado en protagonistas centrales de la actividad económica.

El nuevo orden social centrado en torno a las tecnologías de la información y la comunicación, la microelectrónica, la informática, las telecomunicaciones, la ingeniería genética y los nuevos materiales, han posibilitado la televisión tridimensional, la inteligencia artificial, la conversión de voz a texto, y viceversa, la realidad virtual y otras muchas posibilidades aun pertenecientes – para nosotros- al campo de la ciencia-ficción.

Cuando se priorizan los condicionante macro económicos para analizar las posibilidades de desarrollo y se desconocen la capacidad constructiva y movilizadora de las iniciativas locales
Esta tendencia afirma el carácter determinante de lo global sobre lo local. Un interrogante que podemos plantear es el siguiente: ¿Como hablar de desarrollo local en una fase del devenir social tan fuertemente marcado por la globalización?

Una segunda agrupación de estas formas de percepción pone el acento en la importancia de “lo local” en lo comunitario y sus organizaciones.
Se destaca la disociación creciente en la sociedad contemporánea, entre una cierta forma de racionalidad instrumental que caracterizo a la sociedad industrial y las maneras como los sujetos expresan sus referencias básicas.

“Por un lado, las tecnologías desarrollándose en procesos relativamente autónomos y homogéneos, por otro lado, las identidades (étnica, de genero, regionales, generacionales etc.) produciendo diversidades radicales”(Arocena, J op.cit)

Desde esta posición se pone el acento en la disociación que produce la globalización. Como así también en la generación de una lógica que tiende a disminuir las autonomías, a aumentar las interdependencias, a acrecentar la fragmentación de las unidades territoriales, a producir marginación de algunas zonas.

Vázquez Barquero (2001:pp 6), señala que se visualiza lo “local” como alternativa a un proceso de globalización negativamente connotado, planteando por lo tanto una suerte de revolución anti-global que devuelve a los actores locales el poder necesario para construir autenticas democracias. “Es un enfoque con fuertes acentos ideológicos, que concede a la dimensión local todos los atributos positivos amenazados por la globalización. Esta manera de poner de relieve las virtudes de lo “local” alimenta una dimensión “movimentista” tras una utopía integradora”.
En esta manera de situarse frente a la relación global-local, se postula lo “local” como alternativa a los males de la globalización.

Para De Mattos (1994: 23), esta nueva lógica de la globalización es avasallante y vuelve imposible todo planteo de desarrollo local a partir de sus organizaciones comunitarias, por el actual modo de acumulación basado en una dimensión tecnológica que le otorga las herramientas necesarias y en una dimensión económica transnacional que apuesta a la desterritorialización del capital.

Sin embargo, James Petras 1 señala que, el análisis de un estudio reciente realizado por el Financial Times (mayo 2002) exhibe que de las 500 compañías mas grandes del mundo, casi el 48 por ciento son de los Estados Unidos; las 30 restante pertenecen a la Unión Europea y solo 10 por ciento son del Japón. El poder económico se concentraría en estas tres unidades económicas geográficas.

Asimismo – prosigue este autor, en otros párrafos – las implicaciones de esta concentración del poder económico son relevantes porque ningún país de los denominados “del tercer mundo” puede darse el lujo de “liberalizar” sus mercados ya que Estados Unidos y Europa se lo impedirían debido al control que logran ejercer con la superioridad y concentración de sus recursos. Por lo tanto, la idea del movimiento antiglobalización de que “otro mundo es posible” debe enfrentar esta monopolización del poder y los países imperiales que la defienden. La única manera de democratizar la globalización es socializar estos gigantes monopolios dondequiera que operen, o bien soportar la presión económica y las amenazas que tanto perjudican a las economías locales.

Una tercera agrupación de estas formas de percepción destaca la articulación local-global, al interior de una comprensión compleja de la sociedad contemporánea.
Esta posición basa el análisis en la complejidad de los procesos que caracterizan la sociedad contemporánea, intentando superar la antinomia global–local por un esfuerzo de articulación al interior de una real tensión.

Regresando al texto de Vázquez Barquero (op.cit), esta postura se sitúa más claramente en planteos técnicos políticos y se expresa en términos de oportunidades y desafíos. Esta más presente en las prácticas técnicos profesionales tensionada por la necesidad de resultados.

Para los autores que se enmarcan en esta posición (Debuyst, 1996, Arocena 2001), el tratamiento de la temática del desarrollo local debe necesariamente referirse a la relación con los procesos de globalizacion, buscando formas de articulación local-global. Es esa la única manera de aproximarse a la complejidad del problema.

En esta concepción, la globalización presenta no solo amenaza, sino también oportunidades, al respecto Federico Bervejillo (1995:pp3) desarrolla la idea de la globalización como una oportunidad de la siguiente manera:

“Solamente los territorios que han alcanzado ciertos niveles previos de desarrollo y que además cuentan con cierta masa critica de capacidades estratégicas, pueden acceder a utilizar las nuevas oportunidades para su beneficio. En otras palabras, la globalización seria una oportunidad especialmente para territorios en niveles medios de desarrollo y dotados de capacidades estratégicas relevantes”

Si esto es así, las oportunidades no están al alcance de todos, suponen ciertas capacidades y ciertos niveles de desarrollo. Por lo tanto se aborda el tema de las estrategias y la capacidad de constitución de actores locales.

Un escenario para los actores del desarrollo local

Las organizaciones económicas, políticas, culturales y sociales tejen el mundo en varios planos, en diferentes diseños, afirmando la coexistencia de muchas lógicas contradictorias: homogenización de pautas culturales – afirmación de identidades locales, inclusión/exclusión geopolítica de territorios, integración económica o aislamiento de economías regionales, unificación y/o fragmentación de espacios nacionales, globalización económica y diferenciación cultural Levy (1994) De este modo, el análisis socio espacial reconoce conjuntos espaciales identificables a diferentes escalas geográficas, que permiten pensar en diferentes escalas de desarrollo.

Desde el punto de vista de los actores, el territorio no solo es un lugar de conflictos de intereses diversos, sino también de sinergia, estrategias conjuntas. De poder compartido, agrega Madoery (2001) y que el desarrollo no solo representa una movilización acumulativa de factores productivos, sino un proceso de aprendizaje colectivo, cambio cultural y construcción política generado por los actores locales a partir de sus propias capacidades.

La nueva geografía del poder (Madoery 2001), lejos de generar una redistribución armónica de: actividades, población y riqueza, tiene efectos desiguales provocando una profundización de desequilibrios territoriales, con disparidades entre grandes regiones, en el interior de un mismo espacio regional y hasta en un mismo espacio urbano. La noción de desequilibrio (tanto en su faz social, económica, como territorial) define apropiadamente la nueva configuración del espacio y la sociedad contemporáneos.

Coincidimos con Arocena (op. Cit. pag. 22), cuando plantea que si bien es aceptable que toda singularidad se inscribe en una realidad estructural que la supera, a la que pertenece y cuyas lógicas de funcionamiento están presente en ella, también se puede atribuir a lo “local” en tanto realidad única e irrepetible, en tanto especificidad pura, y que parece no admitir modelos estructurados en base a racionalidades absolutas, permitiendo la constitución de actores locales.
El escenario se convierte en el territorio para un desarrollo endógeno que depende de las capacidades de los actores locales.

En el emergente Enfoque del Desarrollo local, la cercanía, la interacción y la asociatividad son elementos cruciales que están estructuralmente ligados al territorio, están “anclados” a lugares, al decir de Sergio Boisier (1999: pp13). Lo local es el punto de encuentro de esa fuerte y particular relación entre: territorio y desarrollo, o el ámbito donde los actores dejan de ser espectadores y pasan a ser protagonistas de su destino común, si cuentan con proyectos políticos aglutinadores.

De la globalización emerge una nueva cartografía de espacio único y múltiples territorios, que introduce lo local como factor de identidad socio-cultural, escenarios de compromisos y escala de desarrollo, dando lugar a la posibilidad de dotar de diversos sentidos a los procesos de interrelación local/global García Canclini(1998:pp26) evitando pregonar el predominio de lo global y reproducir acríticamente a nivel local los principios dominantes de la globalización, y con ello su ideología que contempla un único modo de desarrollo posible.

En este sentido, podíamos afirmar que las dinámicas orientadas al desarrollo se ligan a capacidades relacionales, en una visión no mecanicista que incluye los procesos de constitución y reconstitución relacional de los actores como parte del desarrollo mismo.

Desde esta postura, el desarrollo debe ser considerado como endógeno debido a su estrecha asociación con la cultura local y con los valores, actitudes y comportamientos que ella incluye.

Por lo tanto, hace alusión a un proceso de construcción y maduración sumamente complejo, que involucra además de los necesarios niveles constantes y crecientes de crecimiento económicos, interacciones sociales, instituciones acordes, pautas culturales y relaciones de poder favorable al mismo.

El desarrollo, desde esta perspectiva, esta vinculado a un conjunto de capacidades locales, como la innovación, creatividad y capacidad emprendedora de los agentes locales, la solvencia técnica y de gestión de los recursos humanos. La capacidad organizativa y de relacionamiento de las personas y organizaciones publicas y privadas, la habilidad de articulación con el entorno institucional y mercadológico, la capacidad de liderazgo y de generación de dialogo.

También puede ser visto como un proceso de aprendizaje donde el tiempo, la historia y el espacio condicionan las actividades que llevan a cabo los agentes políticos, económicos y sociales, generando identidades diferentes.

Actores locales e identidades
Con el análisis planteado precedentemente, se quiere aludir a uno de los grandes temas que se exponen con la globalización en el plano de la cultura: las identidades, y sus nuevas formas de emergencia.
Por identidad, y en lo referente a los actores sociales, se entiende, el proceso de construcción del sentido, atendiendo a un atributo cultural, o un conjunto relacionado de atributos culturales, al que se da prioridad sobre el resto de las fuentes de sentido.

Para un individuo determinado o un actor colectivo, puede haber una pluralidad de identidades. No obstante tal pluralidad es una fuente de tensión y contradicción, tanto en la representación de uno mismo como en la acción social. Ello se debe a que la identidad ha de distinguirse de lo que tradicionalmente los sociólogos han denominado roles y conjunto de roles.
Los roles (por ejemplo, ser docente, madre, vecina) se define por normas estructuradas por las instituciones y organizaciones de la sociedad.

Mientras que, las identidades son fuentes de sentido para los propios actores y por ellos mismos son construidas mediante un proceso de individualización. Aunque, las identidades pueden originarse en las instituciones dominantes, solo se convierten en tales si los actores sociales las interiorizan y construyen sus sentidos en torno a esas interiorizaciones.

La afirmación sociológica señala generalmente “todas las identidades son construidas”, pero es necesario o esencial plantearse como, desde que, por quien y para que.
Desde esta perspectiva, la construcción de las identidades utiliza materiales de la historia, la geografía, las instituciones productivas y reproductivas, la memoria colectiva y las fantasías personales, los aparatos de poder y la religión. Pero los individuos, los grupos sociales y las sociedades procesan todos esos materiales y los reordenan en sus sentidos, según las determinaciones sociales y los proyectos culturales implantados en su estructura social y en su marco espacial- temporal.

En la opinión de Castells, cada tipo de proceso de construcción de la identidad, conduce a un resultado diferente en la constitución de la sociedad. Las identidades legitimadoras, genera una sociedad civil, es decir, un conjunto de organizaciones e instituciones, así como una serie de actores sociales estructurados y organizados, que reproducen- en ocasiones conflictivamente – la identidad que racionaliza la fuente de la dominación estructural.

El trabajo del sociólogo chileno José Joaquín Bruner, publicado en 1987, en que se resumen “Los debates sobre la modernidad y el futuro de América Latina”, resulta claramente significativo para el análisis de la identidad cultural latinoamericana, en la medida en que es expresión de un núcleo existencial de mucha importancia en el campo de las ciencias sociales.

El estudio reconoce, en esta cultura, la vigencia de una sensibilidad que reacciona contra la modernidad, perspectiva profundamente enclavada en la conciencia latinoamericana. Para esta visión, el impacto del fenómeno modernizador alcanza un resorte presente en el estilo de vida colectivo, generando efectos que causan:
una pérdida de los valores propios,
una renuncia a la ética en las relaciones sociales,
un falseamiento de las identidades nacionales.

Pero el autor aclara, en primer lugar, que la modernidad no puede leerse como una única experiencia colectiva de lo moderno; ni siquiera como variaciones de la misma experiencia que, en el largo plazo, tenderían a una convergencia.

Es América Latina el motor de la modernidad, al que coloca en el mercado internacional, provoca y luego refuerza el incesante movimiento de heterogeneidad cultural, poniendo en juego, estimulando y reproduciendo una pluralidad de lógicas que actúan todas ellas simultáneamente entrecruzadas. Lógicas del imaginario colectivo, trabajadas al mismo tiempo por una memoria colectiva local y por seducciones de la comunicación en masas.

Como lo mencionáramos anteriormente, el proceso de modernización hoy se identifica con la integración transnacional, asociada a la interdependencia de los mercados locales respecto de la economía mundial. Estos mecanismos de integración mundial son articulados sobre la base de la internacionalización de la economía y el desarrollo científico-tecnológico.

Sin embargo, la fuerza y la vigencia de las identidades culturales que se han mantenido sólidamente y parecen indicar que las naciones han de seguir manifestando su vigencia en el presente periodo histórico. Al respecto, ya se está dando, una reacción de identidades particulares que manifiestan la necesidad de autoafirmación individual y colectiva, para preservar el entorno más cercano o inmediato.
De igual manera, se puede señalar que: frente a la globalización e incremento del anonimato, se produce una reacción de particularismos y afirmación de identidades a todos los niveles: religiosos, políticos, sociales, geográficos, culturales y hasta personales.

El interrogante que surge es el siguiente: ¿es posible plantearse procesos de desarrollo y mantener al mismo tiempo la identidad local?

Desarrollo local vs. Trabajo Social
En este apartado trataremos la vinculación especifica de los aspectos tratados anteriormente que hacen al desarrollo local con el Trabajo Social.

Desde el surgimiento del Trabajo Social Comunitario en América Latina (déc.60) éste ha estado enmarcado y determinado por el modelo político-ideológico imperante en cada país.
Argentina, no ha sido la excepción, y lógicamente las prácticas sociales comunitarias han tenido distintos enfoques e intencionalidades, dependiendo de la realidad en la que nos hemos encontrado insertos, no solo en términos de problemas sociales, sino también en cuanto a funciones y roles que el modelo imperante en la nación nos ha permitido desarrollar.

Distintos autores han conceptualizado los modelos que se pueden desarrollar bajo cada marco político ideológico. En este sentido, se hace referencia a lo que señalan J. ROTHMAN y J. THOMPSON (1987) quienes explican con mayor profundidad cada uno de ellos.

En términos generales, se habla de dos modelos básicos:

DESARROLLO LOCAL: en el cual los procesos de movilización de la gente tienen como finalidad la obtención de bienes y recursos necesarios para mejorar su situación social, económica y cultural. Aquí la participación popular intenta mejorar el orden social con la intervención de la gente, a través de un proceso en el cual los actores sociales tienen posibilidades de negociar con el gobierno aquellos aspectos que interesan a su propio bienestar.

El modelo de Desarrollo Local presenta metas de proceso, con una orientación hacia la autoayuda, centrándose en las capacidades comunitarias, a través del trabajo con diversas organizaciones comprometidas en analizar y buscar soluciones a sus propios problemas.

El profesional desarrolla roles de facilitador, coordinador y educador, siendo la comunidad participantes en un proceso de interacción por la resolución de problemas.
Bajo este supuesto, se considera que los cambios se deben lograr a través de una amplia participación de los sujetos en el nivel local, quienes deben alcanzar una capacidad de determinación, de dirección y acción.
La indudable crisis de la democracia representativa, podría ser compensada por lo menos en parte, en el ámbito local donde se da una relación directa y continuada entre elector y elegido, entre gobernante y gobernado, es decir, personalización, comunicación y control de la representación política.

Los principales temas presentes son la gestión democrática, la cooperación, la autoayuda, el desarrollo del liderazgo de base y las acciones de educación social.

Modelo “Gerencial- Tecnicista”: Implementado generalmente bajo la lógica del marco ideológico-político “liberal”, en el cual el trabajo con la comunidad es un instrumento idóneo para canalizar determinadas inquietudes de los sectores pobres, con el fin de resolver problemas de tipo social. El fin es utilizar canales que orienten determinadas situaciones conflictivas para evitar tensiones que perturben el funcionamiento del sistema. La participación comunitaria solo tiene como finalidad integrar a la gente para el funcionamiento armonioso del sistema, de acuerdo a lo que establece la clase dirigente y el liderazgo tradicional.

Este modelo está orientado a la resolución de problemas, en base a decisiones de hecho en relación a los problemas, en una perspectiva racional. Para ello el profesional cumple roles de gestor, analista, implementador de programas y de educador, a través del manejo de organismos formales y del manejo de información.
En general, se enfatiza un proceso técnico de resolución de problemas. Predomina una visión de cambio como proceso racional, planificado y controlado. Su desarrollo se basa en equipos técnicos calificados, incluyendo la capacidad de planificación y gestión de amplias organizaciones; porque la principal misión es establecer planes y programas que entreguen bienes y servicios a los grupos más necesitados.

Actualmente, con la unificación de los Programas Sociales desde las directivas gubernamentales, los proyectos comunitarios se han reducido a la acción de las Asociaciones Civiles, de las ONGs. De más está decir, que los procesos en las comunidades escasamente son desarrollados. La inversión de los recursos municipales o privados es controlada a través de la cantidad de soluciones entregadas y no en términos de los procesos generados.

En referencia a las practicas de los trabajadores sociales vinculados al abordaje comunitario, podríamos señalar que estas observan una permanente tensión entre realizar un trabajo profesional bajo el marco del desarrollo local, y la urgencia por “solucionar problemas concretos” bajo la racionalidad técnica del gerenciamiento, y como un legado del “desarrollismo” en cuanto a formas de actuar desde el Trabajo Social.

CONCLUSIONES

Teniendo en cuenta lo señalado anteriormente, debemos concluir en algunos aspectos:
Los procesos de marginación y de exclusión que se dan con más severidad en nuestras sociedades pueden ser abordadas con mayor eficacia en ámbitos territoriales locales, donde es posible combinar la actuación integral, la proximidad social y la solidaridad inmediata.

Para que exista, o se logre un verdadero desarrollo local, se hace necesario, tal como lo señala Sergio Boisier, construir un proyecto regional. Este proyecto, además de contener aquellos elementos económicos, comerciales y de política estratégica, requiere partir del reconocimiento de la identidad de los actores intervinientes, de aquella que se va construyendo a través de los procesos y de la historia de cada grupo humano y de los territorios.

Al hablar de los procesos, necesariamente nos estamos refiriendo a las vivencias que van desarrollando las personas y que van marcando el curso de las acciones que hoy conocemos.
La identidad regional la construyen sus actores, definido así por la Política que la enmarca. Actores que, fundamentalmente se encuentren organizados y posicionados de su rol, asumiendo los deberes y derechos que como ciudadanos poseen.

Aparece aquí, tanto en forma explícita como implícita, la noción de participación; pero participación en cuanto sujetos, en el entendido de que ellos son capaces de conocer su realidad y por tanto, plantear lo que estiman necesario para superar sus dificultades.

El Proyecto de Desarrollo Local debe construirse bajo una base sólida, organizada, capacitada, con clara conciencia de su rol y posición al interior de la comunidad; en la que participe la totalidad de los actores que a ese territorio pertenecen. Es una construcción conjunta, con fundamento, con capacidades, con habilidades y destrezas que cada uno aporta desde su ámbito de acción.
Notas

(1) Seminario – Taller “Sociedad Civil y Tercer Sector: Las problemáticas de la aparición de un “nuevo actor” en el ámbito de las Políticas de Desarrollo Dpto de Trabajo social Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Junio 20002

(2) James Petras ¿Quien gobierna el mundo? Diario Pagina/12 05/6/2002
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