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El Servicio Social en la Universidad. ¿Para quién trabajamos?

Lic. Alicia Noemí AlanizDescargar PDF

El texto siguiente apunta a compartir algunos análisis en torno a la intervención profesional en el ámbito universitario, para lo cual fue necesario pensar primero en la categoría “servicio social”.

Por lo tanto, comenzaré citando a Martinelli que dice: “el Servicio Social tiene existencia en sí y se relaciona con la sociedad capitalista en donde se origina y se institucionaliza como práctica social”. La observación y el análisis de las mismas nos hacen reflexionar sobre la conciencia social de los trabajadores sociales que muchas veces hacen intervenciones, como dice la autora antes mencionada, “con un tilde de alienadas, alienantes y alienadoras, enclaustradas en las instituciones y distanciadas de la lucha de clases”. (Martinelli 1997, págs. 8).

El Trabajo Social es fundado por la clase hegemónica para servirle como una estrategia de consolidación de su poder, por lo tanto, ¿cómo nosotros podemos construir una identidad que no sea reproductora de la misma? Creo que haciendo una permanente revisión crítica de nuestro accionar, tener una reflexión ontológica que nos permita ver vías de ruptura con el proceso de alienación y pensar las categorías identidad, conciencia social y totalidad social en forma dialéctica como categorías plenas de movimiento e historicidad.

Así, podemos entonces, comenzar hablar del Servicio Social en la universidad o de lo que tendría que ser éste; sin embargo hay una distancia entre lo que es y lo que debería ser.

Mi experiencia como trabajadora social en un Servicio Social universitario me da cierta autoridad para certificar lo antes mencionado.

Existen fuerzas de poder en tensión permanente dentro de una universidad y una de sus manifestaciones más evidente es la que se da en él Servicio Social, que en muchos casos solo se limita a la entrega de becas y subsidios y pasantías internas rentadas, autofinanciadas o de investigación.

Como toda institución estatal reproduce el modelo de Estado, se ve una fuerte fragmentación entre la sede central y los centros regionales siendo una forma más de evidenciar la fragmentación existente en la sociedad capitalista en la que vivimos.

También, se encuentra la ausencia de reconocimiento de la profesión, por parte de otros profesionales que trabajan en la institución, para ellos somos los visitadores domiciliarios que tenemos la misión de certificar o no la condición de pobreza que se necesita para recibir el “beneficio de la beca”.

Por consiguiente, nuestro accionar tiene que estar dirigido en dos direcciones; una hacia la población demandante de nuestra intervención y otra hacia los profesionales, para poder transformar el concepto que se tiene de la profesión.

Pero, esto se logra si nosotros mismos hemos hecho la ruptura, a partir de reconocernos, no desde el ser impuesto, sino desde nuestra práctica; tomando la misma desde la realidad, teniendo en cuenta que ella no es la suma de partes aisladas sino una totalidad, que al aprehender las determinaciones fundamentales del objeto permite la fiel reproducción intelectual de la realidad.

Ella no es económica, política, cultural, etc. sino que es una totalidad concreta en términos de Kosik, que solo a efectos de analizarla podemos tomarla desde algunos de esos aspectos. Esta realidad contiene su propia negación al ser contradictoria, es dinámica e histórica; pero esa historia no se hace de meras voluntades sino que se desarrolla dentro de casualidades y contradicciones.

Sin embargo, éste ideario de la profesión que tiene el resto de la comunidad no es por que sí; el Trabajo Social tiene sus propias raíces fundantes en el capitalismo monopólico, como una forma de regulación social y para dar alguna respuesta a la cuestión social producto de sí mismo, como a su vez, no se puede negar un sesgo fuertemente positivista que atraviesa a la profesión, en donde la praxis se reduce a un conocimiento operatorio, agotándose, la teoría social, en abstracciones.

Por lo tanto, es necesario hacer conocer nuestra perspectiva sobre la identidad del trabajador social, la cual se construye, en palabras de Moljo y Parra: “con un otro, que es manifestación y expresión de la alteridad y lo diverso”. Entendiendo que los procesos sociales tienen que ver con sujetos históricos que están condicionados por el modo de producción imperante y en relaciones sociales que se derivan diría Marx:
“Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y transmiten el pasado.” (1975:15)

El como nos ven tiene que ver, también, con la insuficiencia de debates y polémicas sobre las distintos posicionamientos que se dan al interior de la profesión.

Por lo tanto es eminente plasmar nuestras racionalidades que tienen que ver con la utilización de instrumentos técnicos, políticos y teóricos y presupuestos ético- político que hablan de un proyecto profesional, sin dejar de tener en cuenta la ubicación socio institucional que tenemos como prestadores de servicios y ejecutores de las políticas sociales universitarias.

Es muy importante que podamos demostrar con claridad y afirmar con convicción que el trabajo Social es una profesión con un estatuto académico y científico que emplea la investigación cuantitativa y cualitativa como complementarias y de articulación para trabajar con la singularidad del sujeto y su experiencia social, reconociendo el verdadero movimiento de la realidad que nos envuelve.

Verbitsky dijo una vez: “yo soy muy optimista en al práctica y bastante pesimista en la reflexión”, frase que implica una forma de trabajar con ese otro, objeto de nuestra intervención. Es manifestar un saber y hacer crítico, es jerarquizar la misma, es entender la producción de conocimiento como parte del ejercicio ético.
En cuanto a nuestra intervención en la comunidad estudiantil debemos reflexionar sobre tres categorías, ellas son: Intervención Profesional, sistematización y práctica.

Margarita Rozas dice: “La comprensión del Sobre qué, el Para qué. Y el Cómo y Con Quién de la intervención profesional solo pueden ser analizados en la medida que estén sustentados teórica y prácticamente”. Ahora bien, he dicho anteriormente que nuestra profesión está marcada por una segmentación positivista con una desarticulación entre ciencia y técnica por lo cual se hace difícil trabajar desde otro posicionamiento ético político. A mi entender no existe ésta dicotomía entre teoría y práctica puesto que la realidad no es suma de partes aisladas sino una totalidad de los fenómenos concretos.

Por lo tanto, intervenir profesionalmente es analizar concretamente totalidades concretas, es ser un profesional calificado no solo ejecutivo, que piense, analice y descifre la realidad que tenga una actitud investigativa y como dice Iamamoto “un profesional creativo e inventivo, capaz de entender a tiempo presente, hombres presentes en una vida presente”. (1998,pgs 49)

Una de las herramientas que tenemos es la sistematización de nuestra práctica. Ella nos permite reflexionar constantemente sobre nuestro trabajo, reconocer límites y sobre todo plasmar nuestra experiencia que puede servir a otros profesionales o a nosotros mismos en futuras intervenciones no para tomarlas como recetarios sino que a partir de, podemos ir superando los diferentes obstáculos que se nos presenta. La sistematización está íntimamente ligada a la investigación ya que entre uno de sus objetivos está mejorar la acción, para lo cual es necesario traducir los problemas sociales de marcos teóricos referenciales.

Sin embargo, lo hasta ahora dicho no tendría sentido sino explicito desde donde entiendo la práctica. A mi criterio, ella es la revelación del secreto del hombre como ser onto creador es decir, él crea, comprende y explica la realidad, diría Kosik “la praxis se funde con todo el hombre y lo determina en su totalidad”. (1996,pgs 241)

Por lo tanto, el comprender la praxis de ésta forma hace que superemos nuestra finitud y nos conectemos con la totalidad del mundo. Comprender las cosas y descubrir su ser en los fenómenos singulares y en su totalidad es lo que nos lleva a intervenir en forma dialéctica, tomando la realidad en sus movimientos permanentes.

Entonces, ¿es posible implementarla en un Servicio Social universitario? Sí, en cuanto se desmitifique al profesional como un agente de cambio de las circunstancias, dador de los recursos provistos por el Estado. Es necesario tomar en cuenta las condiciones reales de trabajo y no caer en idealismos o solamente en buenos propósitos, que no nos conducen al verdadero cambio.

Considerar la población, objeto de nuestra intervención, no como grupos de oprimidos interrelacionados personalmente sino que, según Faleiros ella es “movimientos de fuerza en confrontación por la propia dinámica estructural, con estrategias ofensivas y defensivas”. (Faleiros, 1987)

Por lo tanto, hablar del Servicio Social universitario es hablar de un espacio de lucha a conquistar, en donde existen diferentes bloques en los cuales el Trabajador Social deberá posicionarse. Espacios de enfrentamientos entre el poder hegemónico y los que propugnan una contra hegemonía.

Por consiguiente, los sujetos sociales que intercambian saberes, se encuentran en una relación de poder articulada históricamente, tener esto presente nos conduce a intervenir en lo social entendiendo a ese “otro” en su propia historia en donde es atravesado por lo económico, lo político, lo cultural construyendo estas categorías desde una unidad que tiene movimiento propio y permanente.

Pero ese Servicio Social del cual hablamos está cruzado por un achicamiento y retracción del gasto público nacional, lo cual lleva a grados de vulnerabilidades mayores. Estos cambios sufridos en el Estado inciden fundamentalmente en la sociedad, se da respuesta a los problemas acuciantes con políticas pobres de seguridad social, salud, educación, etc. Cada vez son menores las partidas presupuestarias para las universidades, las cuales tienen que hacer frente al continuo aumento de los producto y servicios.

El trabajador social, en éste escenario, se profesionalizó en la asistencia, actuando como mediador entre las necesidades de los estudiantes y los recursos proporcionados por la Institución. Así, los que trabajamos en la esfera pública estatal sufrimos ésta reducción de recursos para el área social y por lo tanto, vemos peligrar la cobertura y la calidad de los mismos.

Nos encontramos frente a la “cuestión social” en donde el trabajador social debe intervenir mediante una práctica investigativa, un análisis crítico de las propuestas, una lectura dialéctica sobre el correlato de fuerzas que se disparan, sin dejar de tener en cuenta el contexto que la abarca. Existe un continuo crecimiento de la pobreza en donde se produce y reproduce las desigualdades sociales, naturalizando la exclusión de varios sectores de la población, desde donde proceden gran parte de los jóvenes que transitan por nuestra universidad.

Cuando se habla de los excluidos se debe tener mucha precaución con ésta categoría, por que la exclusión no es ausencia de relación social sino, un conjunto de relaciones particulares con la sociedad, concebida como un todo. No hay nadie que esté fuera de ella, lo que hay es un conjunto de posiciones que se relacionan con el centro, en forma mas o menos laxa, es decir ex trabajadores víctimas del desempleo prolongado, jóvenes profesionales que no encuentran trabajo, poblaciones con mala atención sanitaria, etc. Suelen ser vulnerables que hacían equilibrio pero cayeron, ejecutivos bien considerados que se convierten en desempleados, trabajadores calificados que pasan a precarios.

Entonces, es necesario no desconocer éste marco referencial y trabajar desde la prevención, promoción y asistencia. Entendiendo que “prevenir”es, ante todo, incentivar procesos culturales e interpersonales propicios al afianzamiento de actitudes, valores y estrategias que favorezcan la neutralización de los factores de riesgo, es ayudar a mejorar la capacidad de grupos y comunidades para movilizar redes de solidaridad, para diseñar y construir de manera conjunta su futuro. El esfuerzo preventivo debe tener un enfoque comunitario y cooperativo.

La prevención debe basarse en lograr que participe la comunidad estudiantil, creando y abriendo canales de comunicación, con los cuales mayoritariamente se incorporen de manera activa y conciente en la formulación de alternativas y en los niveles de decisión.

La tarea preventiva no puede quedar a cargo exclusivamente de expertos sino que debe estimular la participación de toda la comunidad en la generación de programas y acciones de promoción de la salud y el bienestar estudiantil.

Prevenir es educar pero, educar no es un suministro de información, más bien es mejorar el sistema socio cultural y crear un clima de mayor seguridad y bienestar.

Promover es “mover a”, es decir mover las capacidades de los sujetos sociales, activar el conocimiento y el ejercicio de los derechos humanos, fortalecer la pertenencia, identidad y participación comunitaria, revisar y, si es necesario, modificar modelos vinculares y de interacción social relacionados con la violencia.

Es orientar, integrar y contribuir a la participación de gestiones tendientes a emprendimientos productivos y solidarios. La tarea de promoción radica también, en facilitar el acceso a los bienes culturales, la recreación y el deporte.

Por último y no menos importante se encuentra la asistencia. Entendiendo por tal la generación de oportunidades para ejercer los derechos.

El trabajador social corre el peligro constante en caer en el “asistencialismo” puesto que su trabajo permanentemente se ve atravesado por la “urgencia”, la cual hace que muchas veces se pierda o mimetice el objetivo de nuestra intervención. Todos sabemos que no está mal operar sobre lo inmediato, lo que sí está mal es quedarnos en la inmediatez de los acontecimientos. Este primer contacto con la realidad debe permitirnos investigar la esencia de la misma. No hay recetas posibles para esta fase sino que cada uno de nosotros debe ser constante y coherente con la auto evaluación y autocrítica, las cuales podrán dar los resultados de nuestra intervención.

La asistencia en Trabajo Social tiene que ver con la movilización de las redes sociales, con la generación de recursos y el mayor aprovechamiento de ellos y, sobre todo, con la negociación y construcción de espacios, que nos permitan construir en forma conjunta el contrato institucional, en el que se especifiquen responsabilidades y prestaciones entre las partes.

Por lo tanto, considerar el medio ambiente interpersonal de los actores sociales es fundamental, considerando éste como. “la trama viviente que nos alimenta con afecto, imágenes y sensaciones, del cual dependemos de manera tan inmediata y urgente como nuestro organismo del aire, el agua y los nutrientes de la tierra” 2.

Sin embargo es éste uno de los aspectos más descuidados en el Servicio Social universitario, en donde la urgencia termina con lo importante, por lo cual suele verse a colegas inmersos en una rutina aplastante.

Tener en cuenta que somos seres creativos y que existe la creatividad inherente a muchas fases de nuestro trabajo, que ella no es un artículo de lujo nos permitirá intervenir siendo facilitadores y liberadores de las potencialidades de los estudiantes.

Concluyendo, el Servicio Social universitario debe ser un espacio de respeto mutuo; de valorizar y alentar el ensayo y error; de ayudar a descubrir la propia vocación; de liberar los miedos, tabúes, dogmatismos y convencionalismos que existen y por sobre todo dejar de lado intereses corporativos a favor de aquellos que son parte de nuestro futuro. Todo lo que se necesita es estar dispuestos a involucrarse y pensar que:
“Ningún hombre es una isla, completo en sí mismo: cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra (…) la muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligada a la humanidad y por consiguiente, nunca mandes preguntar: ¿Por quién doblan las campanas? Doblan por ti…” John Donne.

Bibliografía
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FALEIROS. Investigación, Reconceptualización y Trabajo Social. Perú, Revista Acción Crítica Nº 21.Centro Latinoamericano de Trabajo Social, 1987
IAMAMOTO, Marilda. El servicio social en la contemporaneidad. Trabajo y formación profesional. Sao Paulo, Cortez, 1998
KARWALA, Tadeo y QUEVEDO, Héctor. ¿Yo prevengo? ¿tú previenes? ¿él previene?.Buenos Aires. Seminario CENARESO, Trabajo Inédito, 1999
KOSIK, Karel. Dialéctica de lo concreto. México. Ed. Grijalbo,1996
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ROZAS PAGAZA, Margarita. Una Perspectiva Teórica-Metodológica de la Intervención en Trabajo Social. Buenos Aires. Ed. Espacio s.f..