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Cuestión Social, Políticas Sociales e Intervención Profesional

Mag. Nelly BalmacedaDescargar PDF

Resumen
El presente trabajo tiene como eje central tratar de describir las particularidades que asumen en el escenario actual las manifestaciones de la cuestión social y, en consecuencia las respuestas que va a ensayar el Estado (desde un nuevo rol) para el abordaje de las mismas.
En tal contexto cobra significancia para el Trabajo Social las redefiniciones y el perfil que asumen las políticas sociales, en tanto éstas constituyen la base material de su ejercicio profesional. Se trata de develar a partir de la vinculación de tales conceptos, la particularidad que asume la práctica profesional en la realidad actual desde una mirada crítica, viendo la necesidad de posibilitar estrategias de actuación acorde a las actuales demandas, en un marco de reconocimiento de los derechos de los sujetos a los fines de favorecer procesos de construcción de ciudadanía.
Particularidades de la Nueva Cuestión Social

El análisis sobre la situación actual de la profesión, vincula la crisis de la materialidad bajo la relación cuestión social con las políticas sociales y de éstas con el Trabajo Social. Entendemos a partir de esta posición la estrecha vinculación existente entre estos conceptos para analizar y comprender los principales elementos contextuales intervinientes en el desarrollo del ejercicio profesional y, básicamente, poder clarificar la situación que viene asumiendo esta práctica profesional en la realidad actual.
En la actualidad se analiza la cuestión social relacionándola directamente con el derrumbe de la condición salarial.2
El sector asalariado vivió un largo proceso en el desarrollo de la sociedad, pasando por distintos momentos, hasta que en los últimos tiempos ocupo un lugar clave, llegando a estructurar la formación social casi en su totalidad. Pero en los momentos que mejor estaba posicionado es cuando comenzó a cuestionarse la centralidad del trabajo, es decir su papel de “gran integrador”; como base del reconocimiento social.
El contexto que determina este panorama está relacionado al repliegue del crecimiento, en el marco del sistema capitalista, que a su vez conlleva la desaparición del empleo casi pleno. De este modo, como aspectos significativos de la cuestión social cabe mencionar la transformación del trabajo, el incremento de la pobreza, el aumento del desempleo, la vulnerabilidad y la exclusión; escenario que como sostiene Rozas Pagaza “… afirman un nuevo entramado de relaciones sociales y políticas”.
La configuración social resultante no se puede pensar como un estado a recuperar sino que implica un período incierto de transición, orientado a una reestructuración de las relaciones de producción.
Este estado de cosas necesariamente replantea la relación con el trabajo y por lo tanto la visión de la sociedad en general.3
En este marco entonces, se critica fuertemente el papel del Estado, entendiendo a este como el actor responsable de hacer lo social, principalmente en el intento de garantizar la cohesión entre los grupos sociales. Sobre el tema LoVuolo plantea “el Estado de Bienestar tradicional consideraba la seguridad en el ingreso como un valor digno de mantenerse como objetivo social y para el logro de este objetivo se construyeron instituciones que generaban una dependencia entre seguridad en el ingreso y seguridad en el trabajo”. Algunas características que tienen que ver con la evolución conceptual y empírica de las políticas sociales en este marco, tienen que ver con:
la centralidad de las preocupaciones por construir mayores niveles de igualdad social
asignación de un rol muy importante a la solidaridad social como valor básico estructurante de la sociedad
la concepción de que la inclusión social duradera se da únicamente a través de la generación de empleo productivo
Idea de esfera pública como valoración de lo común. (Bustelo-Minujín s/f)4
La configuración social resultante, en el marco del modelo neoliberal, agudizada a partir de los años 80 y aún hoy vigente, evidencia los riesgos y limitaciones que presenta este proyecto conservador en todos los países y, especialmente en A. L.. Realidad que se plasma como ya se mencionó en el crecimiento persistente de la pobreza y la falta de trabajo, aspectos claves de la cuestión social contemporánea.

Políticas Sociales: transformaciones de las modalidades de intervención estatal
En las últimas décadas se asistió a una transformación en las modalidades de intervención del Estado. Sobre tal aspecto Castel sostiene “el cambio signa el pasaje desde las políticas llevadas a cabo en nombre de la integración hasta políticas conducidas en nombre de la inserción”.
Las políticas de integración se orientaron en la búsqueda de la homogeneización de la sociedad a partir del centro. Sus lineamientos proceden de un marco nacional.5 En el nuevo escenario se comienzan a implementar políticas de inserción que se oponen a las primeras, y que tienen como especial característica el despliegue de estrategias específicas, focalizando sus acciones en poblaciones particularmente vulnerables de la vida social.
Siguiendo con la línea de análisis que se viene sosteniendo se puede decir entonces que el proceso que tiene como resultado el achicamiento del Estado de Bienestar se relaciona con la profunda crisis acaecida en los ochenta en la estructura económica de América Latina. Así para poder superar la crisis los países latinoamericanos han tenido que llevar adelante políticas de estabilización y ajuste con un alto costo en términos sociales.6 El modelo impulsado se caracterizó básicamente por dos principios: 1- mayor privatización de los componentes “corporativos” del régimen anterior, 2- desmantelamiento de los componentes “universalistas”, sustituyéndolos por políticas residuales.
No sólo los sectores de más bajos ingresos se vieron afectados por el impacto del ajuste sino también y muy especialmente los sectores medios, tanto por la pérdida de empleo como por la precarización e inestabilización del trabajo que limitó el acceso a bienes y servicios.
A partir del escenario expuesto se puede afirmar que los años 80 significaron un fuerte empobrecimiento en la región, que implicó un agravamiento en la situación socioeconómica de los sectores pobres y medios. El crecimiento económico de los noventa no se trasladó a la población sino que, por el contrario, ésta sufrió un empeoramiento de sus condiciones de vida.
Del panorama citado se puede decir, tal cual plantean Minujín y Bustelo que “… la extrema desigualdad del ingreso que caracterizaba a la región en los 70, lejos de disminuir se ha incrementado, no solo durante la crisis de los 80, sino también en el período de implementación de apertura económica en los 90”. (Minujín-Bustelo s/f).
El contexto anteriormente mencionado muestra que las políticas económicas y sociales que predominaron en la región generaron situaciones de vulnerabilidad para amplias porciones de la población. El modelo actual es débil en cuanto a su capacidad de generar empleo, afectando negativamente la distribución del ingreso. Esta situación no necesariamente determina una dualización de la sociedad sino que complejiza el universo de la pobreza.
La Argentina como otros países de América Latina, llevó adelante una reforma económica que implicó una transformación profunda de los principios estructuradores del proceso de acumulación capitalista. En este contexto “… el Estado fue drásticamente redimensionado y casi desaparece como productor relevante de bienes y servicios públicos”. (Tenti Fanfani, 1997:3)
Así se sumó un Estado en retirada incapaz de actuar como centro generador de políticas económicas sustantivas. Con el fundamento de que el gasto social era elevado e ineficiente se propició la deslegitimación gradual de las instituciones de políticas sociales. Simultáneamente se redujeron los recursos sociales al tiempo que se incrementaban las demandas sobre sus prestaciones. En tal sentido, hay que expresar que la derechización del clima ideológico y político de los 80 implicó dos cuestiones principalmente: por un lado la exaltación del mercado y por otro un cuestionamiento al funcionamiento del Estado, como causante de todos los “males”, “infortunios”, que de distinta manera afectaron a las sociedades capitalistas.
La prestación de los servicios sociales en las últimas décadas ha generado polémica, poniendo en evidencia la tensión entre los contenidos universales y selectivos de la política social. En este contexto la focalización reduccionista ha ganado terreno, cobrando vigor a partir de los años ochenta cuando organismos como el Banco Mundial en el marco de propuestas privatizadoras de las políticas sociales, plantearon concentrar el gasto público social en los grupos más pobres de población mediante programas focalizados desmantelado los servicios universales.
Mientras se argumentaba que la provisión universal era muy “costosa e ineficiente” se aseguraba que la focalización permitiría, reducir la pobreza más efectivamente y con un costo menor. Desde esta perspectiva se imponía la ecuación mejor focalización, mayor alivio de la pobreza y menor gasto. En este sentido Grassi expresa que “en los diversos programas implementados en la década del 90 se dejaba sentada la necesidad de políticas compensatorias para eliminar los desequilibrios sociales producidos en el marco de la política de estabilización económica, buscando incrementar la eficiencia y equidad del sector social”.
La focalización reduccionista aparece como un conjunto de recetas sumamente “técnicas”. Así, “las políticas de asistencia en general, además de estatizar y focalizar la pobreza, constituyen mecanismos de reproducción de las mismas” como plantea Rozas Pagaza, además de reforzar el carácter de asistidos de los sectores subalternos.7
De este modo, estos nuevos procesos de reforma que se están aplicando en los últimos años, hay que interpretarlos como “…parte activa de un nuevo modelo de construcción social”. (Danani,1996). La retracción del Estado de Bienestar en nuestro país no produjo únicamente una disminución de beneficios sino que significó la transformación integral de los principios de organización de la sociedad. En este marco de grandes modificaciones lo que se instala como reflexión refiere al propio concepto de “derecho social”.
La intervención profesional en el ámbito de las políticas sociales
La consideración del perfil que asumen las políticas sociales, en el actual escenario adquiere relevancia y constituye un aspecto clave en el análisis del ejercicio profesional, en tanto históricamente las mismas significaron la base, la materia prima de la intervención del Trabajo Social como profesión.
Sobre tal aspecto Rose Serra (2000)señala “La comprensión del Servicio Social hoy, sobre la hegemonía neoliberal, hay que entenderlo en su inscripción histórica en el periodo monopolista como uno de los mecanismos del Estado para enfrentar las manifestaciones de la cuestión social”.
Desde esta perspectiva se hace necesario la consideración y análisis de las políticas sociales por constituir éstas la razón de ser de la profesión. En este sentido la referencia a sus orígenes indica que Trabajo Social nace en la sociedad moderna bajo el sistema capitalista, cuando se explicita la cuestión social. Las dificultades que esta situación determina para la organización de la sociedad en su conjunto implicó que el Estado tuviera que instrumentar diversos mecanismos para hacer frente a la misma. De este modo las políticas sociales aparecen como una de las principales estrategias de intervención ante manifestaciones de la cuestión social, ejerciendo además una función política de legitimación y control de la fuerza de trabajo.
En el contexto de instauración del capitalismo, la profesión se inscribe en la división sociotécnica del trabajo como una especialización en la esfera de reproducción social, cuya función refiere básicamente a la prestación de servicios sociales, espacio en el cual el profesional de Trabajo Social se convierte en ejecutor por excelencia de las políticas sociales, cobrando sentido y relevancia su función en tal ámbito.
Las respuestas implementadas por el Estado, para enfrentar la pobreza a fines del siglo XIX y principios del XX fueron canalizadas básicamente a través de la sociedad de beneficencia, donde el abordaje de las situaciones tendía a individualizar y puntualizar la emergencia de las manifestaciones sociales. Cabe destacar que esta forma de entender/interpretar los problemas sociales es la que ha tenido continuidad definiendo, en consecuencia, los tipos de respuestas profesionales para abordar tales manifestaciones.
Es preciso destacar que esta visión tiene presente la relación del Trabajo Social y sus protoformas (filantropía, asistencia) entendiendo que estas constituyen un hilo conductor en el desarrollo de la sociedad burguesa. Rose Serra plantea en tal sentido “Esta admisión, difiere en cambio de aquella que supone un continuum linear de esas formas hasta el Servicio Social, constituyéndose como la “nacionalización” o “cientificidad” de la asistencia como algunos estudiosos suponen”. Sobre tal aspecto Serra, citando a Neto expresa “… la relación de continuidad no es única ni exclusiva, ella coexiste con una relación de ruptura que se instaura como decisiva en la constitución del Servicio Social como profesión”.
A partir de tales argumentaciones se sostiene que se puede hablar de profesionalización cuando los agentes comienzan a realizar funciones, como trabajadores asalariados, en instituciones ajenas a las matrices originarias de las protoformas del Servicio Social.
Como ya se mencionó previamente, durante el Estado de Bienestar, la respuesta a la cuestión social fue de mayor complejidad, las políticas sociales aparecen como instrumentos compensatorios (obra social, educación, salud) y los servicios sociales aparecen más definidos y con mayor amplitud que antes. En la Argentina específicamente, la sociedad salarial tuvo un desarrollo importante, asumiendo un rol significativo en el escenario social. Se puede decir que en esta época hubo integración de la sociedad al Estado y a la inversa. Así, los procesos de integración y marginalización son los términos en los que se define la particularidad de la cuestión social, cobrando gran impulso el desarrollo de las políticas sociales en este contexto.
Rozas Pagaza sostiene que “… el campo problemático de la intervención se construye sobre esta relación (integración / marginalización), la cual constituye los términos sobre las cuales se conforma la cuestión social”.
De lo expuesto se desprende que no es la cuestión social en sí que funda el Servicio Social. Es a partir de su explicitación que el Estado ensayará las respuestas de acción ante la misma por medio de las políticas sociales, las que constituirán la base institucional de acción del trabajador social en el ámbito del Estado, desarrollando básicamente en este espacio su quehacer profesional. Este quehacer tiene como sustento las prácticas previas de acción social ya señaladas, manteniendo una concepción transitoria de la cuestión social separada y/o independiente del conjunto de relaciones sociales.
Este proceder determina la legitimación de una lógica en la que se crean objetos de intervención clasificatorios lo que implica, en consecuencia, una fragmentación en el abordaje de la cuestión social.

Trabajo Social en crisis
De acuerdo con lo que se viene analizando la implementación de políticas de ajuste en el marco del modelo neoliberal, a partir de la década del 80 especialmente, significó una fuerte restricción en términos monetarios de recursos orientados a las políticas sociales. Consecuentemente estas sufrieron reveses, traduciéndose en sistemas de protección residuales, compensatorios, con limitados recursos disponibles que al interior de Trabajo Social tuvo implicancias significativas. En tal escenario las redes de asistencia social fueron drásticamente reducidas, conllevando esto a una desprotección social en general. A partir de nuestro ejercicio profesional podemos advertir la escasa presencia del Estado a través de sus diversos programas que se orienten a garantizar la plena ciudadanía. Lo que se constata en el ejercicio de los derechos sociales ( a la salud, educación y seguridad social), en el escenario cotidiano de nuestra intervención.
Tales transformaciones sufridas en el ámbito de la política estatal, particularmente en el de las políticas sociales, nos lleva a reflexionar y analizar la manera en que tal escenario afecta a la profesión del Trabajo Social, teniendo presente como ya se mencionara, que las mismas constituyen la materia prima de su ejercicio profesional.
Sobre el tema Rose Serra habla de la crisis material del Servicio Social. Si bien hace referencia a la realidad brasilera, consideramos que los elementos generales tenidos en cuenta se pueden proyectar al análisis de nuestra realidad también. La materialidad aquí es definida como “la base concreta de institucionalidad del Servicio Social en el Estado, efectivizada en la prestación de servicios sociales de las políticas sociales, en especial el de asistencia social…”. Así, el concepto alude a esa particularidad de acción del Servicio Social, concepto que no se utiliza como sinónimo de material, si bien las cosas materiales forman parte de los servicios sociales.
La reducción de las políticas sociales, en el escenario expuesto, conlleva que la base material de la profesión entre en crisis. La configuración de esta crisis se da particularmente en el ámbito público estatal, debido a que como se expuso, el Estado se constituyó en el principal empleador a lo largo de su existencia, en el “… gran sustentador de la mayor visibilidad institucional de esa practica social y consecuentemente de su talla profesional” como plantea Serra.
De este modo las condiciones que dieron origen a la base de la profesión están sufriendo serias modificaciones y, consecuentemente el Trabajo Social está perdiendo el piso de su ejercicio profesional. Si bien este escenario afecta también a otras profesiones en el Trabajo Social se siente más marcadamente, teniendo en cuenta la amplitud de inserción institucional estatal que históricamente tuvo.8

Rose Serra (2000) expresa en tal sentido que “… la correspondencia de la situación expuesta con el Servicio Social es inequívoca, esto es, el desmantelamiento del Estado, y, consecuentemente, la reducción de las políticas sociales –base concreta de la acción de la profesión en el estado- significa una alteración sustantiva en el ejercicio de esa práctica profesional, dada su naturaleza de condicionalidad histórica en la mediación de ejecución de políticas sociales estatales mayoritariamente”.

Alternativas profesionales en el actual escenario
En función de lo expuesto se puede expresar que la complejidad de los cambios producidos en el mundo actual y la consecuente incertidumbre que produce, determina necesario la reconfiguración de la profesión sobre la base de replanteamientos analíticos que permita estar a la altura de las circunstancias, brindando respuestas acordes a las necesidades y demandas actuales, en un marco cuyas acciones favorezcan el ejercicio de la ciudadanía.
Al respecto Rozas Pagaza plantea una nueva perspectiva de análisis a partir de la cual la intervención es entendida como campo problemático, diferenciando y trascendiendo aquellas concepciones que han entendido al Trabajo Social desde una perspectiva meramente instrumentalista y/o de gerenciamiento social en el tratamiento de los problemas sociales, con una visión de externalidad en la consideración de lo social para la intervención profesional.9
El profesional deberá desarrollar una sólida competencia teórica que le permita llevar a cabo un análisis amplio y crítico de la cuestión social, sus manifestaciones en la vida cotidiana de los sujetos, situación que a su vez posibilitará rescatar el aspecto político que toda intervención connota, dándole otro sentido y lógica a su accionar.
Este actuar supone la implementación de estrategias de articulación política con presencia de diversos actores (institucionales, soc. civil y población usuaria de los programas), que conlleve la defensa de las políticas sociales públicas estatales.
De este modo la ruptura de viejas tradiciones implicará dejar de lado visiones parcializadas, sectoriales y puntuales de la realidad, asumidas por la profesión a lo largo de su historia, como se expuso. Se impone así la definición de enfoques convergentes e integrales en consonancia con las necesidades que el desarrollo del conocimiento exige a las sociedades contemporáneas.10
De las argumentaciones expuestas, se puede resumir que el debilitamiento de las políticas sociales, producto de decisiones en el marco del Estado neoliberal, impactó significativamente en nuestra profesión, alterando en consecuencia las condiciones de la intervención profesional. La situación de modificación de la base de institucionalización de la intervención determina necesariamente una ruptura teórica con las modalidades previas de ejercicio profesional.11
Se reconoce que la fragilidad y la fragmentación de las relaciones sociales –entre otros aspectos- son situaciones características de las sociedades contemporáneas y como tales ameritan ser colocadas en primer plano para proponer a partir de ahí nuevas estrategias de actuación, partiendo de una perspectiva teórica crítica de la realidad, que posibilite un ejercicio profesional renovado y pertinente.12
Podemos sintetizar que la situación planteada en la actualidad al interior de la profesión exige la asunción de una actitud reflexiva, realista y honesta de parte de los profesionales, replanteándose el accionar profesional en todos sus aspectos. Reconocer en este proceso no sólo los aspectos positivos de la intervención, sino también, y muy particularmente, los errores y deficiencias que hasta el momento limitaron el desarrollo de nuestra profesión a lo largo de su historia. Esto será posible cuando se adopte una postura científica de análisis de los problemas, como se explicitó, y consecuentemente la búsqueda de alternativas de solución para los mismos, desde una perspectiva integracionista y global que posibilite trascender los espacios microsociales de supervivencia de los sujetos involucrados en la actuación profesional.
Las reflexiones desarrolladas permiten pensar el ejercicio profesional en un marco de construcción de ciudadanía a partir del reconocimiento de derechos y obligaciones de las personas, asumiendo el concepto de ciudadanía como noción y como práctica desde un compromiso ético-político, que debe transversalizar las acciones del Trabajo Social en todos sus aspectos.
Bibliografia

Aquín, Nora (2000) “La especificidad del Trabajo Social”: neofilantropía o ciudadanía?” Confluencias. Revista del Colegio de profesionales en Servicio Social de la provincia de Córdoba. Año 8 Nro 35.
Bustelo, E, Minujín, A, (s/f), La Política Social Esquiva. Documento de Trabajo de la Maestría en Gerencia y Administración de Programas Sociales.
Castel, Roberto (1997), La metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado. Paidós, Págs. 13-26 y 389- 478. Bs. As.
Custo, Esther (2000), “Subjetividad y Ciudadanía. Un desafío y un compromiso para el Trabajo Social a fin de siglo”. Utopías. Revista de la Facultad de Trabajo Social. UNER. Año IV. Nro 7. Entre Ríos.
Danani, Claudia (1996), Algunas precisiones sobre la Política Social como campo de estudio y la noción de población-objeto. En Hintze S. (organizadora Políticas Sociales). Contribución al debate teórico-metodológico. Universidad de Bs. As. Colección CEA-CBC. Bs. As.
Grassi, Estela. Políticas y problemas sociales en la sociedad neoliberal . Cáp. VI. Documento de trabajo del Seminario Cuestión Social e Intervención Profesional. Año 2003.
Rozas Pagaza, Margarita (s/f), La intervención profesional en relación con la Cuestión Social. El caso del Trabajo Social. Documento de trabajo del Seminario Cuestión Social e Intervención Profesional. Año 2003. Edit. Espacio. Bs. As.
Serra, Rose (2000), Crisis de la materialidad del Servicio Social, repercusiones en el mercado profesional. Cáp. I, Editora Cortez, San Pablo.
Tenti Fanfani, E. (1997), Resonancias Políticas de “La nueva Cuestión Social” en la Argentina Contemporánea . Documento de la Maestría en Gerencia y Administración de Programas Sociales.