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Concepciones de intervención en la curricula. El caso del Plan de Estudios de la carrera de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Misiones

Susana Moniec, Rosario GonzálezDescargar PDF

Resumen
El interés de indagar sobre las concepciones de la intervención profesional plasmadas en el plan de estudio de la Licenciatura en Trabajo Social de la Universidad Nacional de Misiones Argentina, surge como resultado de la primera exploración sobre la intervención, llevada acabo entre profesionales de Trabajo Social en Misiones, en el marco del proyecto de Investigación “Política Social y Trabajo Social. La Construcción de Sentidos y Prácticas sobre la intervención social. De la Filantropía a la Neo Filantropía.
En ese primer relevamiento se consultó a los trabajadores sociales sobre la relación entre quehacer y formación profesional. En el análisis de la información respecto del para qué, los profesionales, creían que habían sido formados, se observa la configuración de dos perfiles1. Uno, marcadamente técnico, ligado a un quehacer profesional que pone en práctica un conjunto de herramientas metodológicas propias del gerenciamiento social; y el otro, vinculado a ideales humanistas propios de otro contexto histórico social, que recupera los valores de la promoción y dignificación de la persona; de la protección, difusión y promoción de los derechos y el desarrollo de potencialidades.
Considerando estos resultados es que se plantea como objetivo de esta ponencia analizar cuáles son las concepciones sobre la intervención profesional presentes en la propuesta curricular del Plan de Estudio 1999, actualmente vigente.

Características del diseño curricular vigente
El Plan de Estudio de la Licenciatura en Trabajo Social de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNaM, se comienza a instrumentar a mediados del año 1999. Este Plan surge a partir de un diagnóstico de las dificultades identificadas en la curricula anterior (Plan de Estudio 1982) y de la necesidad de su actualización.
En el actual Plan de Estudio (1999) se establece como objetivo principal de la modificación curricular el mejoramiento de la calidad de la enseñanza y la adecuación de las mismas a las nuevas demandas sociales. Asimismo se enuncia la intencionalidad de: “Formar profesionales de excelencia en Trabajo Social para que sean capaces de analizar, explicar y comprender las necesidades y problemas sociales, creando modelos de intervención para su atención”2.
Como objetivos específicos se establecen las siguientes competencias: “Diseñar y desarrollar investigaciones sociales; Diseñar y evaluar propuestas de políticas y planeación social; Diseñar, desarrollar y evaluar modelos y proyectos de atención, prevención y promoción social; Construir y desarrollar modelos de intervención; Diseñar y desarrollar modelos de evaluación”3.
Respecto al perfil, en el Plan se expresa que el profesional al término de su formación “será un profesional capacitado para intervenir en problemas de carácter social en las diferentes dimensiones (…)”. A este perfil se asocia un conjunto de conocimientos teóricos y metodológicos; una serie de habilidades vinculadas a diseños, operación y desarrollo de políticas, programas y proyectos, investigaciones sociales y modelos de intervención, comunicación y análisis del contexto y; un conjunto de actitudes, entre las que se puntualizan la reflexión crítica sobre el contexto y el análisis en la aplicación de los modelos de abordaje, la promoción y defensa de los derechos humanos, la flexibilidad en la actuación profesional y desarrollo de valores humanos, éticos y culturales.
La estructura curricular a partir de la cual se operacionaliza este perfil se organiza en tres áreas, a saber: “Conocimiento Científico y de las Ciencias Sociales; Metodológica y el área del Trabajo Social; también se esboza una propuesta para la Práctica Profesional”4.
En este Plan de Estudio, la intervención profesional es abordada fundamentalmente en el área de Trabajo Social que concentra las siguientes asignaturas: Trabajo Social I, II, III, IV, V y VI (teóricas) y en las asignaturas Aproximación al Trabajo de Campo, Niveles de Intervención I, II, y III y Taller de Integración (prácticas).
La lectura y análisis de los objetivos y contenidos mínimos de estas asignaturas establecidos en el Plan de Estudio evidencian:
a- Un fuerte peso de contenidos y objetivos orientados al aprendizaje de cuestiones de orden metodológico, principalmente de técnicas conducentes al relevamiento de información (observación, cuestionario, encuesta, entrevista; etc.) y un menor peso de contenidos y objetivos vinculados a la problematización teórica y epistemológica de los niveles o modelos de abordaje en Trabajo Social (familia, grupo, comunidad).
b- En relación a los momentos del proceso de intervención (estudio, diagnóstico, planificación, etc.) se observa, que casi exclusivamente se referencia a la fase de estudio y diagnóstico de una situación vinculada a algún nivel de abordaje (grupo, comunidad, familia) y, escasamente a los momentos de la planificación, la intervención, la evaluación y la sistematización como fuente de la producción de conocimiento en trabajo social.
c- Por otra parte, el problema objeto de intervención es entendido como la familia, el grupo o las organizaciones de la comunidad considerados en el momento de la intervención. Es decir, el problema objeto aparece como cosa dada; evidenciándose que se homologa el problema social con el objeto de intervención profesional.
d- Las referencias a la intervención profesional de una manera más integral aparecen fundamentalmente, asociados a la recuperación del proceso histórico de la profesión y su situación actual, en los contenidos y objetivos de las asignaturas del primer año de la carrera, y en las asignaturas de los años siguientes, se trabajan más específicamente los diferentes niveles de abordaje (familia, grupo, comunidad) priorizándose las cuestiones de orden metodológico.
Por otra parte, también se procedió a la recopilación y lectura de los programas5 en vigencia del conjunto de las materias del área de Trabajo Social. En relación a la fundamentación esbozada en los programas de las materias teóricas y prácticas se observa:
En las teóricas:
En todos los programas se describe el lugar de la misma en el plan de estudio y la forma en que se organiza el programa.
Aparece un fuerte peso de lo contextual y lo histórico referido a la profesión en relación al nivel de abordaje y de lo contextual, local, regional y nacional en general.
Se marca el nivel de abordaje como objeto de intervención.
Se enuncia la necesidad de un adiestramiento en lo metodológico – instrumental para el nivel de abordaje a fin de potenciar su manejo y funcionamiento.

En las asignaturas prácticas:
Se reitera la ubicación de las mismas en el plan de estudio y la forma en que se organiza el programa.
Se enfatiza la relación del proceso metodológico de intervención en TS con el nivel de abordaje particular; de la identidad profesional con la intervención y se coloca como eje de la formación, la práctica profesional.
Se marca la necesidad del desarrollo de habilidades y destrezas en el uso de las técnicas de recolección, registro y sistematización de información.
En cuanto a los objetivos esgrimidos en los programas de las asignaturas teóricas y prácticas del Área del Trabajo Social que:
En las materias teóricas:
Se estructuran en función de cuatro dimensiones: histórica (referida al desarrollo de la profesión en vinculación con los niveles de abordaje y las problemáticas sociales); contextual (conocimiento de lo social, de la cuestión social y visibilización de los nuevos problemas sociales); metodológica – instrumental, (referido al adiestramiento y aprendizaje de procedimientos, técnicas e instrumentos vinculados a cada nivel de abordaje) y la dimensión profesión que solo aparece en los objetivos de una de las asignaturas en el cual se plantea el abordaje de la relación Trabajo Social – Ciencias Sociales; TS como profesión y especificidad profesional.
En las materias prácticas:
También aparece la explicitación de objetivos en base a dimensiones: contextual (que en este caso referencian específicamente al contexto local, provincial y nacional); la metodológica – instrumental (a partir de la cual se propone la identificación y apropiación de los ejes teóricos – metodológicos que sustentan la práctica en lo general y en lo particular del abordaje y; el desarrollo de habilidades y destrezas en metodologías y técnicas de intervención y técnicas de recolección y sistematización de información) y profesión (en la cual se asocian los problemas sociales con el objeto de intervención en TS y escasamente se referencia al ejercicio e identidad profesional).
Así, el recorrido por las diferentes asignaturas prácticas va a proveer de una matriz fundamentalmente metodológica que permita el abordaje de los distintos niveles, sin plantearse otro tipo de discusiones más actuales tendientes a problematizar el sobre qué del trabajo social.
Respecto a los contenidos esbozados en los programas, tanto en las materias teóricas como prácticas se visualiza la misma estructura organizativa (dimensiones histórico, contextual, metodológica- instrumental y profesión) que en los objetivos antes descriptos. En la dimensión histórico se enfatiza en el conocimiento de la génesis y posterior desarrollo de la profesión con la particularización de aquellos hitos vinculados al desarrollo de cada uno de los niveles de abordaje según la asignatura de la cual se trate; en cuanto a la dimensión contextual existe una recurrencia en el planteamiento de contenidos relacionados a la nueva cuestión social, nuevos problemas sociales y referencias a lo local, regional y nacional.
En la dimensión metodológica – instrumental se despliegan contenidos vinculados al proceso de intervención y a los enfoques en el abordaje de los niveles, así como a las técnicas y herramientas para el relevamiento de la información. En tanto en el eje que refiere a la profesión se aborda, campo profesional, relación teoría –práctica, investigación – intervención, práctica social – práctica profesional, intervención profesional en el nivel, la supervisión en trabajo social y en forma acotada se enuncia la cuestión de la relación visión tecnicista – rol político del trabajador social; reiterándose la relación problemática social – objeto de intervención del trabajo social.
Analizando las características que asumen las dimensiones como ejes vertebradores de los diferentes programas considerados se observa que los contenidos de la dimensión contextual6 son explicitados con mayor fuerza en la fundamentación de las materias teóricas, pero en las asignaturas prácticas son soslayados, esto manifiesta que su recuperación ya no adquiere importancia a la hora de la problematización de la intervención profesional.
Esta situación se agudiza más aún en el tratamiento de la dimensión profesión que de forma asociada con la dimensión histórica, es abordada más integralmente en las asignaturas del primer año de la carrera, luego en los años siguientes, a partir del desarrollo de las asignaturas prácticas y teóricas, se trabaja más específicamente la profesión vinculada a los diferentes niveles de abordaje (familia, grupo, comunidad). Así, el tratamiento fragmentado y desequilibrado de las diferentes dimensiones que permean el diseño curricular debilita la necesaria articulación entre conceptos, realidad y procedimientos.
Finalmente en relación a la bibliografía de las distintas asignaturas de orden teórico y práctico del Área de Trabajo Social se observan obras que permiten el abordaje de las diferentes dimensiones antes citadas. En relación al tema de interés que es la intervención en Trabajo Social se advierte la recurrencia en la utilización de determinados autores, primordialmente Margarita Rosas Pagaza; Nora Aquín; Nidia Barros y Ezequiel Ander Egg; y, en segundo orden Mercedes Escalada, Natalio Kisnerman, Susana García Salor, Alfredo Carballeda y Olga Lucía Velez Restrepo.
Reflexiones finales
La década del noventa introdujo modificaciones sustantivas en la operacionalización de la política social argentina; en esa instancia cobraron mayor relevancia las políticas de carácter asistencial, se extendió la focalización y la descentralización, entre otras cuestiones que, exigieron perfiles marcadamente técnicos para la intervención sobre lo social. Es en ese contexto que comenzó a gestarse la modificación curricular, que finalmente fue aprobada en el año 1999. Así, la demanda de técnicos y profesionales que pudiesen hacerse cargo de gerenciar programas y proyectos enlatados, donde el problema sobre el cual se interviene y las alternativas para su abordaje estaban prescriptas, permeo el diseño curricular.
El análisis de los distintos componentes del plan de estudios (objetivos/contenidos mínimos), como de los programas de las diferentes asignaturas, evidencia la primacía de las cuestiones de orden metodológico -instrumental (contenidos vinculados a metodologías y técnicas de intervención social, así como a las técnicas y herramientas para el relevamiento de la información) como eje fundamental de la formación y como garantía de racionalidad y eficacia en la consecución de resultados. Así, el componente metodológico-instrumental, reviste un carácter casi autónomo, en detrimento del qué y el para qué de la profesión al cual el método debería responder.
Si bien se preservan los niveles de abordaje y los diferentes momentos del proceso metodológico de intervención como componentes propios de la especificidad del trabajo social, en el desarrollo de los distintos momentos (diagnóstico, planificación, ejecución, evaluación), prevalece una visión instrumentalista, un fuerte peso de lo procedimental referido al nivel de abordaje, a partir de la cual se asocia intervención con el hacer y la práctica aparece como sinónimo de la intervención y el ejercicio profesional. Lo cual se corresponde con la forma en que es comprendida la intervención.
La noción de campo problemático explicitada por Rosas (2002) y trabajada en las propuestas bibliográficas de los programas de diferentes asignaturas del área, pareciera no ser recuperada en su complejidad, en la medida que no se logra enunciar la construcción del objeto como elaboración teórica- práctica, apareciendo así el problema objeto de intervención como cosa dada o evidencia empírica; de modo que el objeto se homologa al “problema social” que se presenta para cada uno de los niveles de abordaje, omitiéndose que la situación problema o lo social constituyen categorías ambiguas que imprimen en el objeto de intervención una serie de obstáculos de orden epistemológico, metodológico, político e ideológico, ya advertidas por diferentes autores vinculados a la profesión en la actualidad.
Pareciera entonces que las discusiones más actuales sobre la intervención profesional, donde se pone el acento en el “sobre el qué” y el “para qué”, en la necesidad de promover un debate en torno al concepto de intervención a fin de esclarecer las dimensiones que deben ser consideradas y que contribuyen a pensarla como campo problemático, quedan solapadas en el Plan de Estudio vigente por la fuerte impronta de la práctica, característica de un determinado momento histórico del desarrollo de la profesión y actualmente eje vertebrador de la formación, junto con la dimensión metodológica – instrumental. Es decir, persiste la idea de asociar a la profesión con práctica social en el sentido colocado por Aylwin (1982), quién equipara al Trabajo Social como un tipo específico de práctica social.
El análisis del Plan de estudio permite hipotetizar que el perfil del ejercicio profesional, marcadamente técnico7 que aparece de forma hegemónica entre los profesionales entrevistados, responde en parte a la demanda de un determinado tipo de intervención, propio del contexto de la década de los “90”, que recupera características de la profesión sedimentadas a lo largo de la historia. En tanto el otro perfil, vinculado a ideales humanistas propios de otro contexto histórico social, que recupera los valores de la promoción y dignificación de la persona; de la protección, difusión y promoción de los derechos y el desarrollo de potencialidades, aparece de forma dispersa en algunos de los componentes de los programas analizados, no cobrando de este modo la fuerza necesaria para balancear la hegemonía del perfil técnico.
Así en la curricula se ratifica la postura pragmática, que sitúa a la profesión en el terreno de la acción y se la somete a las demandas ocupacionales que dificultan la posibilidad de aportar a la construcción del conocimiento. De esta manera el Trabajador Social se constituye como un asalariado más que debe ajustarse a lo prescripto, derivado de intereses que lo trascienden.
Finalmente, y no por ello menos importante, la curricula también refleja la discusión no resuelta aún que se viene dando sobre la intervención profesional en el campo intelectual del Trabajo Social.

Bibliografía:
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