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Ciudadanía y Reflexividad

Susana MoniecDescargar PDF

Resumen
Este artículo constituye una aproximación a la discusión de las posibilidades de construcción de ciudadanía en un contexto de retracción de las protecciones sociales instaladas desde el Estado de Bienestar y a partir de la teoría de la reflexividad propuesta por Scott Lash.

Las grandes revoluciones tecnológicas vienen acompañadas de proceso de deconstrucción donde todo lo que parecía solidamente consolidado se liquidifica y adquiere nuevas formas. La gran incertidumbre sembrada por la Revolución Industrial dio lugar al surgimiento de la sociedad del trabajo asalariado1 y a una serie de instituciones a partir de las cuales los sujetos construían su identidad. En este sentido, los sistemas de protección social o Estados de Bienestar Social, tanto aquellos vinculados a la situación de asalariado o a la de ciudadano, cumplieron un rol fundamental, al constituir el sistema de “protecciones construidas” que en gran medida reemplazo al sistema de protecciones, basadas en las relaciones de proximidad.
Los procesos de globalización y automatización están transformando profundamente las estructuras sociales, haciendo que se desvanezcan todas las certezas en torno al futuro. El trabajo, que en el modo de producción fordista, funcionaba como uno de los principales mecanismos de integración social, hoy además de cambiar rápidamente de configuración, al adecuarse al modo de producción flexible, ya no esta disponible para toda la población. Se estima que “si continua la tendencia actual, el 20 % de la (potencial) fuerza laboral batará para mantener en marcha la economía … hecho que reduciría al otro 80 % de la población laboral del mundo a la categoría de económicamente redundante”2; situación que nos advierte sobre la nueva configuración social en construcción, en la que la problemática social cobra una dimensión diferente. El problema de la violencia, coloca en jaque a los sistemas ideados para controlarla y suscita grandes desplazamientos poblacionales; la desocupación obliga a las migraciones a las cuales también se asocia la xenofobia; una gran parte de la población parece ya no ser funcional y por lo tanto necesaria para el funcionamiento del sistema, y quedan confinadas a vivir en los “guetos inmovilizados”, o constituir la “infraclase”, que nos reporta Lash.
Paradójicamente, el sistema de protecciones construidas ya no puede dar cuenta de la nueva cuestión social instalada, “el pesimismo o la incertidumbre sobre el porvenir, han abierto la puerta a la aceptación de que el Estado de Bienestar esta en quiebra y de que frente al futuro amenazador sólo cabe el sálvese quien pueda”(Ludolfo: 1998).
Así, el Estado de Bienestar que durante mucho tiempo garantizó determinados estándares de vida, hoy, además de no dar cuenta de las nuevas problemáticas sociales3, esta siendo duramente cuestionado a nivel mundial bajo una diversidad de argumentos, tanto por parte de la izquierda y las minorías, como de la derecha. En su reemplazo, se perfila el surgimiento del Welfare Pluralism (Abrahamson: 1994), que, además del mercado y el Estado, incorpora a la Sociedad Civil en la provisión del bienestar de la población. Tratándose de este modo, de retornar al sistema de protecciones próximas para el atendimiento de los problemas sociales, suponiéndose que las instituciones incluidas en el mismo, tienen la capacidad y los recursos para hacer frente a las problemáticas devenidas de la nueva cuestión social, en un contexto de desarrollo del proceso de individualización y de liberación del sujeto de las estructuras.
En América Latina y especialmente en Argentina, el atendimiento a la problemática social, sigue los lineamientos propuestos por el consenso de Washington, y cada vez más se asienta en sistemas de Bienestar de tipo Meritocrático, acompañado por una serie de políticas sociales de carácter asistencial y focalizadas en los sectores más pobres de población.
Entonces, si durante la segunda mitad del siglo pasado, las esperanzas de construcción de ciudadanía estaban depositadas en el acceso a los derechos sociales a través del Welfare State, cuyo principio fundamental pregonaba que “independientemente de sus ingresos, todos los ciudadanos –en cuanto tales- tienen derecho a ser protegidos” (Bobbio: 1995) y hoy esos derechos ya no se garantizan más, ya que los Estados de Bienestar están cambiando rápidamente su configuración, desde dónde y cómo podemos pensar la construcción de ciudadanía?, cómo suplimos este déficit de regulación social? O debemos resignarnos a vivir en una “sociedad de los dos tercios”, como la denomina Lash?
Ante este panorama de perplejidades y en contraposición a la tendencia al pesimismo observada en varios autores, la Teoría de la Modernización Reflexiva nos provoca por proponer o por ver que la modernidad reflexiva puede representar un tercer espacio enteramente diferente de la modernidad simple y su utopía de cambio social, y con finales más abiertos” (Lash: 1997: 139); nos provoca al presentar a la modernidad reflexiva como la “posibilidad de un nuevo giro positivo de la dialéctica de la Ilustración” (Lash: 1997: 140), ya que supone el desarrollo del poder de los actores sociales, o de la agencia en relación a la estructura, en un momento en que las estructuras sociales están siendo desplazadas por estructuras informáticas y comunicativas (Lash: 1997). Planteamiento este, que no deja de suscitarnos interrogantes acerca de las posibilidades y potencialidades del desarrollo de la reflexividad, más aún si la pensamos desde el contexto latinoamericano.
En primer termino, si las condiciones estructurales de la reflexividad están dadas por el acceso a redes globales y estructuras de información y comunicación, los actores directamente involucrados en el proceso productivo, los incluidos, serían los que tendrían mayores posibilidades de acceder a la reflexividad, justamente en función del manejo de información y sus capacidades de procesamiento de las mismas. Sin embargo, nos preguntamos, en que medida esta masa laboral puede constituir un exceso que ponga en cuestión el sistema como tal?, y por otro lado, que sucede con las posibilidades de desarrollo de la reflexividad en las sub clase o infra clases, que constituyen la mayoría de la población, y que se vinculan con las estructuras de información y comunicación mediante las estructuras sociales características de la modernidad simple; o de manera precaria4, como consumidores de símbolos e imágenes5; o directamente están desconectadas?. En este sentido, la teoría de la reflexividad, parece apoyarse fuertemente en la teoría de la inmanencia, ya que parece no explicar como se articula la critica racional sobre el propio sistema a la que pueden acceder los beneficiarios de la reflexividad cognitiva o estética, con la producción del cambio social.
En este contexto es que nos preguntamos si la reflexividad, tanto estética como cognitiva, puede constituir una fuerza emancipatoria, que supla los déficit de regulación, o esas fuerzas deberíamos buscarlas en otro lugar, en la expansión y pluralización de las luchas sociales, que articuladas permitirían la construcción de antagonismos eficaces para producir cambios políticos, que hagan gobernable a la sociedad y que frenen el proceso de fragmentación entre incluidos, que tendrían su posición social asegurada, y la masa de la población, carente de todo tipo de protecciones y condenada a vivir en la intemperie.
Notas:
Castel muestra que si bien hoy la situación de asalariamiento es un fenómeno que abarca a la mayoría de la población activa y a la cual están vinculados la mayoría de las protecciones contra los riesgos sociales, esto no siempre fue así, “durante mucho tiempo fue una de las situaciones más inseguras, y también más indignas y miserables. Se era un asalariado cuando uno no era nada y no tenía nada para intercambiar, salvo la fuerza de su brazo…Caer en el salariado era instalarse en la dependencia, quedar condenado a vivir ‘al día’, encontrarse en las manos de la necesidad” (CASTEL, 1995: 13).
2 Hans Peter Martín y Harald Schuman. The global Trap, Londres, Zed Books, 1997. Citado por Zygmund Bauman. En Busca de la Política. FCE, México, 1999, pag 28.
3 Rosanvalon (1995) plantea el advenimiento de una nueva cuestión social, que se traduce en una inadaptación de los viejos métodos de gestión de lo social y a su vez esta acompañada por la tercer crisis del Estado de Bienestar, que él la denominó crisis filosófica, que indica una inflexión en la forma de percibir lo social y se traduce en la “desintegración de los principios organizadores de la solidaridad y el fracaso de la concepción tradicional de los derechos sociales para ofrecer un marco satisfactorio en el cual pensar la situación de los excluidos” (ROSANVALON, 1995: 10). Antes de esta crisis, los mecanismos productores de solidaridad se asentaban en los sistemas de seguros sociales y en la mutualización de los riesgos sociales. Con la evolución demográfica, con la diferencia entre aportantes y sujetos de derecho y con el conocimiento de las diferencias entre los individuos y grupos, estos mecanismos productores de la solidaridad se desintegran irreversiblemente.
4 al no acceder a los recursos necesarios para ello.
5 Símbolos e imágenes que ante la centralidad de la comunicación y la importancia de los medios, están cargados de sentido.

Bibliografía:
BAUMAN, Zygmund.
1999. En Busca de la Política. FCE, México.
BOBBIO N., METTEUCCI Y PASQUINO.
Diccionario de Política, S XXI editores.
CASTEL, Robert.
1995. La metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado. Piados, Bs. As.
HARVEY, David.
1995. A condição posmoderna. Loyola, São Paulo.
LASH, Scott y URRY, John.
1998. Economías de signos y espacio. Sobre el capitalismo de la posorganización. Amorrortu, Bs. As.
LASH, SCOTT.
1997. La reflexividad y sus dobles. Estructura, estética, comunidad, en U. Beck, A. Giddens y S. Lash. Modernización reflexiva. Política, tradición y estética en el orden social moderno, Alianza universidad, Madrid.
LUDOLFO, Rodrigo.
1998. Estado de Bienestar y ciudadanía. En García Fernández (coord.). Estado de Bienestar, Perspectiva y Límites. Ed. De la Universidad de Castilla-La Mancha. Cuenca
ROSANVALON, Pierre.
1995. La nueva cuestión social. Ed. Manantial, Bs. As.