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Autonomía y heteronomía del trabajador social en su ejercicio profesional

Nora Aquín, Patricia Acevedo, Nelly Nucci, Esther CustoDescargar PDF

Resumen:
El presente trabajo da cuenta de algunos aspectos relevantes que resultan de la línea de investigación que venimos desarrollando desde el año 2004, en torno al Trabajo Social en las actuales relaciones Estado-Sociedad. Se ha seleccionado para esta publicación, la discusión de uno de los aspectos contenidos en nuestros objetivos de investigación, cual es la autonomía-heteronomía en los procesos de toma de decisiones de los trabajadores sociales insertos en instituciones pertenecientes al sector público-estatal. Para ello, organizamos el texto a partir de una introducción, unas breves consideraciones teóricas y metodológicas, y algunos resultados, en los que consideramos la relación autonomía-heteronomía en dos dimensiones: desde las condiciones institucionales y desde las disposiciones de los profesionales. Incluimos, a través de la inclusión en el texto de los testimonios de las personas entrevistadas, la perspectiva de los actores de esta investigación. Finalmente, proponemos algunas reflexiones finales que surgen de los datos reconstruidos.

A modo de introducción

La presente publicación recoge información significativa sobre algunos resultados de una línea de investigación que venimos desarrollando en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Córdoba2.
La apertura de esta nueva línea se funda en las siguientes premisas:

1.- El Trabajo Social no es simplemente una profesión que interviene en el tramo final de la implementación de políticas, en carácter de operacionalizadora, sino que gesta un espacio público peculiar, en tanto “el espacio de aparición, el ámbito público, no preexiste a la acción sino que se gesta en ella y se desvanece con su ausencia”3.

2.- La profesión ha de considerarse bajo dos ángulos, expresiones del mismo fenómeno: por un lado, como actividad socialmente determinada por las circunstancias sociales objetivas que confieren una dirección social a la práctica profesional, lo que condiciona y sobrepasa la voluntad de sus agentes individuales; y por otro –lo que no es menos importante- como realidad vivida y presentada a través del discurso teórico-ideológico sobre el ejercicio profesional4. El primer aspecto resulta, a nuestro criterio, particularmente relevante si consideramos el estado actual de los arreglos institucionales relacionados con el bienestar social, como así también la coexistencia de múltiples vertientes de acción social en el interior de la institucionalidad bienestarista. En estos casos, el papel de los profesionales varía según concepciones profesionales, concepciones institucionales, y según la particular ‘función de producción’ de lo que se transfiere como prestación. En cualquier caso, la participación de los profesionales del Trabajo Social pueden reconocerse como prestaciones ‘humano intensivas’, es decir, la relación directa entre el destinatario del servicio y los profesionales es insustituible5.

3.- Los sujetos con los que trabaja nuestra profesión siempre emergen al interior de una categoría analítica determinada: mujer golpeada, cesante, menor en situación irregular, organización de base, etc. Por tanto, el núcleo del Trabajo Social es una intersección, un cruce entre los sujetos y el fenómeno social que los convoca. Consecuentemente, si la categorización social se realiza en términos estigmatizadores, esos sujetos llevarán esa marca en forma persistente6.

4.- Podríamos pensar en un continuum de prácticas y representaciones que van desde el universalismo hasta el particularismo expresado en las relaciones clientelares, a fin de caracterizar distintas formas de representar el vínculo entre el Estado y los destinatarios de las políticas sociales, mediado por los profesionales.

5.- El ejercicio profesional se desarrolla mayoritariamente bajo condiciones de asalariado, no obstante lo cual las tareas atribuidas y el mandato conferido no pueden ser enteramente definidos ni codificados, lo cual deja a los profesionales una parte de autonomía y de iniciativa en la producción de lo que de ellos se espera7.

Son estas premisas las que fundan la pertinencia de analizar concepciones, justificaciones y decisiones a partir de las cuales los trabajadores sociales desarrollan sus intervenciones, y que involucran a sujetos en espacios públicos específicos, que viven en determinadas condiciones objetivas.
Si bien nuestra línea de investigación aborda los distintos espacios ocupacionales de los trabajadores sociales –público estatal, público societal y privado- en esta oportunidad nos interesa dar cuenta de los hallazgos en el espacio público-estatal, en relación a la autonomía y heteronomía de los profesionales de nuestro campo en el proceso de toma de decisiones. Nuestro interés ha radicado en recoger significaciones de las acciones en curso y los actos realizados, que permiten inferir distancias entre el significado subjetivo y el significado objetivo, entre el significado de la propia experiencia y la experiencia del otro. Asimismo, hemos tratado de reproducir en el proceso de las entrevistas aquello que marca la especificidad de las profesiones: el profesional es un intérprete de sí mismo y de los otros. Su desafío profesional consiste en interpretar los signos de las evidencias profesionales, en el mundo de la vida y de los desafíos éticos que la contienen.
La mirada teórica.

Para una conceptualización de las categorías de autonomía y heteronomía hemos seguido a Mario Heler8, quien argumenta en torno a que el profesional está fabricado socialmente –socializado en su profesión- lo cual implica responder a la ley que define su ocupación como un campo profesional. Que esta ley –y su mayor o menor autonomía- es producto de las relaciones de fuerza que se fueron estableciendo en el proceso de profesionalización, y que han ido definiendo la estructura del campo específico, siendo interiorizada por los miembros de la profesión en su formación y en la experiencia de su desempeño. En este marco, pensar la autonomía equivale a pensar en el ejercicio responsable de la libertad, lo cual conlleva la capacidad –y el poder- tanto de dar respuesta a la pregunta del por qué de nuestras decisiones y acciones, como de hacernos cargo de sus consecuencias. A su vez, la heteronomía implica que asumimos una ley que nos ha sido dada sin injerencia de nuestra decisión, impuesta por un poder diferente, ajeno, y que corresponde a la ley que hemos interiorizado en el proceso de socialización, convirtiéndonos en consumidores de ciertos patrones.

De manera que la autonomía se refiere originalmente a la categoría profesional, es de carácter colectivo , y su grado relativo de autonomía es la resultante de las relaciones de fuerza que han constituido históricamente al campo. Pero el mayor o menor grado de autonomía alcanzado por el campo profesional, no se traslada mecánicamente a los individuos que representan a la profesión y la ejercen en las distintas instituciones9. Más allá de los diversos condicionantes sociales y políticos del ejercicio profesional de Trabajo Social, las formas del ejercicio profesional plantean múltiples matices respecto de las concepciones, perspectivas y ejercicio particular de Trabajo Social. Los márgenes de autonomía factibles de plantear desde la actividad profesional de aquellas colegas entrevistadas en la investigación señalan elementos que nos permiten realizar algunas consideraciones respecto de las características que asume la práctica profesional y de los márgenes reales de autonomía planteados en dichas prácticas, teniendo en cuenta –como sostiene Margarita Rozas Pagaza10- que la profesión se explica en el movimiento histórico de la sociedad, y asume como referencia analítica una perspectiva crítica, al conjugar la trayectoria de la profesión y las transformaciones societarias, para concluir que a medida que las nuevas situaciones colocan a la profesión frente a nuevas exigencias, el Trabajo Social precisa redefinir posicionamientos, estrategias y procedimientos conforme a las demandas y requisitos de los usuarios de sus servicios, coincidiendo con Iamamoto11 en la necesidad y urgencia de construir un proyecto ético/político12 en la dirección de una sociabilidad más justa e igualitaria.

Breves consideraciones metodológicas.

El primer caso que seleccionamos para el estudio es el ejercicio profesional de Trabajo Social. Dada la diversidad de ámbitos en los que se produce el ejercicio profesional en el caso seleccionado, durante 2004 abordamos una muestra escogida dentro del ámbito estatal, ya que la profesionalización de esta práctica en nuestro país se realizó en estrecha relación con la gestión estatal de la cuestión social. De allí deriva la consolidación de un campo ocupacional para esta profesión centrado en el empleo estatal, en distintas áreas relacionadas con las políticas sociales. Sin embargo, el retroceso programático y el giro liberal- residual13 que se produjo en las políticas sociales durante la década de 1990 dio origen a cambios en el ejercicio profesional de Trabajo Social: la privatización de políticas sociales abrió campo al ejercicio profesional en el sector mercantil (con fines de lucro); y la transferencia de recursos a las organizaciones no gubernamentales para la ejecución de proyectos sociales (en el marco de la reforma de la asistencia social estatal), dio origen a una creciente captación de profesionales de esta disciplina en este subsector14.

Durante 2005 abordamos el sector no gubernamental, ámbito que se caracteriza por su pertenencia al conjunto de organizaciones denominadas civiles, organizaciones de bien público que trascienden con su acción a los miembros que la conforman y que se orientan, genéricamente, a la contribución -a partir del trabajo técnico profesional- al desarrollo social, a la consolidación de organizaciones populares y redes sociales y a la lucha contra la pobreza (en áreas clave como hábitat, salud, educación, igualdad de género, derechos de minorías, etc.). La riqueza y complejidad de este ámbito de inserción profesional fue examinada en el transcurso de la parte II de este proyecto.

No obstante estos avances, permanece escasamente explorado-y tematizado- el sector de servicios sociales mercantiles y el ejercicio profesional por cuenta propia, en especial, en las dimensiones que consideramos significativas para nuestro estudio: la autonomía profesional, la conceptualización que expresan los agentes profesionales sobre los problemas sociales y sobre los destinatarios/ co-gestores de la práctica de intervención social. Es por ello que durante el presente año 2006 estamos abordando la intervención profesional del Trabajo Social en el ámbito mercantil. Este sector ha cobrado relevancia en la última década, en estrecha relación con la privatización de numerosos servicios sociales y servicios públicos. Hoy encontramos profesionales ocupados en las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión, en una vasta red de clínicas y sanatorios privados, en clínicas geriátricas. Asimismo, encontramos profesionales ocupados en empresas, en las áreas de selección y/o vinculación con los recursos humanos; además, hay un conjunto de Fundaciones de empresas que cuentan en su planta de personal con profesionales de Trabajo Social15.

Nuestro foco entonces está centrado en la indagación del mismo objeto de estudio en los tres sectores aludidos, con los siguientes objetivos:

1.- Describir las concepciones a través de las que se caracteriza a los sujetos de la intervención.
2.- Analizar relaciones de autonomía y heteronomía en el proceso de toma de decisiones que afectan a la vida de los sujetos de intervención.

Nuestro estudio es de tipo exploratorio-descriptivo y su metodología es cualitativa. La población está conformada por trabajadores sociales de la ciudad de Córdoba que se desempeñan profesionalmente en los sectores estatal, no gubernamental y mercantil. Se ha establecido una muestra de carácter intencional constituida bajo la combinación de los siguientes criterios:
Todos con desempeño profesional actual.
Con representación de colegas que ocupan distintas posiciones jerárquicas en la institución.
Con representación de distintas edades, a partir de una escala predeterminada, entre 25 y 55 años.
Nuestra unidad de análisis está constituida por cada trabajador/a social.
Las técnicas utilizadas son:
Entrevistas en profundidad16.
Análisis de contenido.
Algunos resultados.

Nos interesa a los fines del presente artículo detenernos en el análisis de la autonomía y heteronomía en la toma de decisiones de los trabajadores sociales insertos en el sector público-estatal. Para ello, consideraremos:

La autonomía y heteronomía miradas desde las condiciones institucionales.
La autonomía y heteronomía consideradas desde las disposiciones de los trabajadores sociales.
Autonomía, heteronomía y condiciones institucionales.

La autonomía para crear, para reflexionar y para proponer es limitada y supeditada a una marcada relación de poder, lo cual afecta la posibilidad de mejorar los fundamentos de los objetos de conocimiento y de intervención, y también la posibilidad de expansión de la profesión.

1.- La formación parece ser relevante dentro del universo estudiado para enfrentar el proceso de construcción de autonomía relativa dentro de la institución. Así se expresa una profesional inserta en una institución total, de la cual podría esperarse una mayor heteronomía: “Las cosas se construyen entre todos, si no, no sirven, entonces estos criterios los fui imponiendo yo, los fui armando yo, los fui fundando yo, con toda la libertad institucional, porque no hubo quién me lo pudiera cuestionar. Por supuesto que hay una formación en la cual me sostengo, también me sostengo en leyes, en estudios, en consultas, en supervisiones…” “…yo aprovecho las demandas institucionales, los controles de gestión tan tediosos a mí me sirvieron para producir profesionalmente, para conceptualizar”. Esta entrevistada desarrolla un proceso de formación permanente, en el plano filosófico, psicoterapéutico y criminológico.

2.- En los testimonios encontramos en todos los casos una asociación entre el grado de autonomía alcanzado y la formación más o menos sistemática de postgrado. Pero todavía falta interrogarse acerca de la escasez de formación de postgrado en los profesionales entrevistados. En este sentido, no es casual que tanto Etzioni como Wilensky17 consideren al Trabajo Social –junto con el magisterio y la enfermería- como “semiprofesiones”, esto es, ocupaciones que no han completado su proceso de profesionalización, su práctica y conocimiento necesitan ser supervisados por otro y depende de una profesión con un status superior. No nos proponemos en este informe debatir estas aseveraciones. Solamente planteamos la necesidad de comprender los significados de las diferentes prácticas profesionales actuales, su grado de legitimación, desde una perspectiva histórica, en tanto el valor y consiguientemente el poder otorgados a una profesión son históricamente construidos. En este sentido, la acción social estatal incorpora el capital simbólico acumulado por las actividades domésticas, voluntarias y benéficas, y queda instalado el símbolo de “la buena acción” para referirse a los trabajadores sociales. Y así también se autorreferencian los profesionales. Desde allí, lo importante es el desinterés y la voluntariedad, en detrimento de la acción social profesional como categoría de conocimiento y de comunicación. Las prácticas insertas en procesos de acción social han sido históricamente despreciadas y desposeídas de su valor. Este desprecio y desvalorización es histórico y transversal a los colectivos que han desarrollado funciones profesionales en el amplio campo de la acción social. Y hay sin dudas una interiorización hecha cuerpo en los trabajadores sociales. “No prevemos solicitar presupuesto para Servicio Social, es como que nosotras, con un par de fibras, nos arreglamos…. Yo creo que es una debilidad por lo menos del equipo, no sé si de la profesión nuestra”… “el equipo no tiene un espacio físico propio…se han hecho reclamos varias veces…nos dan respuestas puntuales, así como la emergencia, como si fuéramos un usuario más de los servicios…las psicólogas tienen otra instancia de reclamo, que creo que por ahí tiene que ver con la profesión. Es como que ellas están acostumbradas a funcionar con un encuadre, marcan mucho eso, y consiguen más cosas…Pero por ahí es como que se juega el desgaste. Como saben que uno se las arregla para funcionar…en una época trabajaba y mi escritorio era una camilla médica, ahí me apoyaba y escribía, o sea este escritorio que ves acá costó siete, ocho años hasta que tuve algo en qué apoyarme”. (A). La institución y los trabajadores sociales parecen entonces imbricados en un juego circular en el que la tarea primordial es la ayuda, ofrecida por profesionales en su mayoría mujeres, que connotan una cualidad paliativa y reparadora, con representaciones ancladas en la inmediatez, y con bajo sentido reflexivo.

3.- La imediatez de la “buena acción”: todos opinan. “Cuando hay discrepancia en la atención de algún caso, siempre opinan de nuestras competencias, sobre todo médicos y enfermeras”. “Todo el mundo se piensa que puede ser trabajador social, todo el mundo hace recomendaciones de que habría que hacer alguna visita, de que…y es una la que tiene el caso” (N.). La inmediatez, la urgencia, la “buena acción”, reducen la abstracción, el poder y la competitividad, tres atributos actualmente instalados como fundamento intelectual y confianza social a las “auténticas” profesiones18. Ello reduce las disposiciones a la formación permanente y al perfeccionamiento.
Al respecto, es significativo el aporte de Susana Cazaniega: “Es probable que la fuerte presencia de otras prácticas de asistencia y el encomendar preponderantemente a las mujeres esta misión, por los atributos construidos respecto de las mismas en la sociedad patriarcal (abnegación, sensibilidad, instinto maternal, entre otros) produzcan una especial operación de sentido hacia la profesión. En el propio imaginario del Trabajo Social estas imágenes se van resignificando incluso entre los profesionales que intentan romper con las figuras del “buen samaritano” y de esta manera vemos a menudo cómo el necesario compromiso social se convierte en la imposibilidad de poner los límites a la multiplicidad de demandas, y la aceptación medianamente pasiva de bajos salarios o la incorporación a una institución en carácter de ad honorem se reinterpretan en una suerte de identificación con los que menos tienen. Vistas desde afuera, estas identificaciones suponen una homologación de prácticas y la posibilidad de pensar que cualquier persona de buena voluntad puede ocupar ese lugar. Aquí el punto de debate tiene que ver cono una diferenciación clara entre ética y voluntariado o “moral sacrificial”19.
Así, una entrevistada con más de veinte años de egresada, manifiesta en relación a su formación: “…nos afectaron en comisiones para ir a algunos congresos…un congreso de Habitat que hubo en Carlos Paz en 1985, por ejemplo…durante el gobierno de Martí, sí hubo una capacitación que estaba dirigida a los jefes en aquel momento y por inquietudes nuestras pedimos una ampliación para que nos incorporaran como profesionales y nos permitieron participar…” Otra entrevistada, en relación a su participación en procesos de formación profesional: “No, no, lo que pasa es que es mucho el trabajo que hay acá, trabajamos dos ó tres veces por semana hasta las cinco de la tarde, entonces no te quedan neuronas. En realidad uno sale muy cansado”). Aparece también como significativo en cuanto a la inmediatez y a la “buena acción”, las respuestas recogidas en torno a los aspectos que producen satisfacción profesional: “cuando mejorás una situación caótica o cuando conseguís algún recurso” . “Me encanta cuando puedo con mi aaporte haber resuelto algo de una persona enferma que vino a pedir algo y yo poder resolverlo. Y la gente cuando viene por ahí se acuerda de uno, me parece que eso es hermoso…” .“Ver a las mujeres cuando vienen y me saludan…o el reconocimiento que por ahí hacen los propios compañeros” .
“Toda una serie de saberes descalificados como incompetentes, o insuficientemente elaborados: saberes ingenuos, inferiores jerárquicamente al nivel del conocimiento o de la cientificidad ejercida…un saber diferencial incapaz de unanimidad, que debe su fuerza a la dureza que le opone lo que le rodea; y es mediante la aparición de este saber, de estos saberes locales de la gente, como se ha operado la crítica”20. “Lo que pasa es que hay una desvalorización de la profesión…ellos también lo pueden hacer, o sea que no ven que sea estrictamente necesaria la intervención del trabajador social si es algo que ellos también pueden hacer” .

4.- El peso del control según las instituciones. “… el dinamismo de este campo, enaltecido por el medio, se debe a la naturaleza de las tareas que le han sido atribuidos y al mandato que le es conferido – los cuales no pueden ser enteramente definidos, ni codificados-, y dejan a los profesionales, una parte de autonomía y de iniciativa en la producción que de ellos se espera…”21. “…me ha tocado acompañar gente a la policía, a veces hacés de abogado pero esas cosas son más del abogado pero por una cuestión de que hay un solo abogado también lo he hecho yo .Un buen ejemplo de dificultades de definición y de codificación de la tarea profesional.
.
5.- El peso de las jefaturas. La politización de las jefaturas de los grupos profesionales aparece con frecuencia y con fuerza en los testimonios recogidos.
Así como la ambigüedad22 del campo posibilita la libertad de creación e innovación a los trabajadores sociales, es la misma ambigüedad la que también los deja librados a las decisiones en algunos casos a los mandatos autoritarios de los políticos de turno enfatizándose aun mas la heteronomía en el proceso de toma de decisiones. Como se manifiesta en el siguiente testimonio: “el Estado puede llegar a tener a profesionales reclutados con un mínima intervención, reclutados como recluidos al servicio de esta política puntual. Hemos vuelto peor que en la época de Mary Richmond23 .Pensar hoy por hoy en el conjunto de los profesionales es peligroso para la Argentina. No se puede pensar, no está permitido pensar, por ende proyectarse…. La misma entrevistada plantea que la actual conducción político-administrativa demuestra en su práctica que “…. lo poco y lo bueno lo destruye siempre … y que…. la mayor parte de la gente se fue y con ello los conocimientos, se fue la historia , se fueron las historias de muchas familias… hoy no tengo nada.. quieren negar la historia, nada del pasado sirve ni es bueno y la gente de planta tampoco….” . Este modo de operar cuya acción se sostiene en el desconocimiento liso y llano de la existencia de los sujetos , ha sido denominado por Hanna Arendt “la banalidad del mal”24.

Se ha encontrado –particularmente para algunos espacios de ejercicio profesional- un marco político-institucional que presiona fuertemente a los profesionales en general y particularmente a los trabajadores sociales, hacia el cumplimiento de mandatos político-partidarios: “.. el programa está supeditado a las decisiones políticas… los profesionales se encuentran supeditados a las coordinaciones políticas…” .

6.- Dos fuentes diferenciales de disciplinamiento y control: La precarización laboral y el traslado como castigo.
“..Ha habido renuncias masivas te diría…nos han trasladado para castigarnos…pusieron coordinadora y un buen día llegamos y teníamos la cerradura cambiada sin poder entrar en la oficina donde cumplíamos nuestras funciones…nos sacaron todos los expedientes, nos sacaron todas las funciones y nos tuvieron tres meses a todos los profesionales de mi oficina sin funciones
Las condiciones institucionales generan, en algunos casos y en relación al trabajo, determinados sentimientos de gran sufrimiento psíquico. “… me siento mal , muy mal . Me he enfermado, te diría que hoy si el Estado me pudiera dar un gran aporte sería para la terapia. No lo digo porque es una cuestión de salud mental y poder objetivar un montón de cosasEn otro momento de la entrevista señala que”…. en alguna medida tenemos cierta libertad pero te diría la frase que te dije cuando nos juntamos. Solo por hoy estoy acá, mañana no lo sé. Por lo que no te permite ni planificar, ni consolidarte ni un espacio, ni consolidar un trabajo….

Por lo tanto aparecen evidencias de un entretejido y complejo sentimiento de malestar producto de las condiciones materiales y simbólicas de trabajo, que revela una relación muy estrecha entre la forma en que una sociedad se organiza sobre la base del derecho, la justicia, las instituciones de la cultura, y la forma en que el sujeto se organiza internamente en relación con los otros, la pertenencia, los valores , los responsabilidades, los posibles proyectos.
Sin embargo, lo que provoca el llamado “malestar sobrante” en términos de Bleichmar25 en los sujetos, “está dado básicamente por el hecho de que la profunda mutación histórica sufrida en los últimos años deja a cada sujeto despojado de un proyecto trascendente que posibilite, de algún modo, avizorar modos de disminución del malestar reinante. Porque lo que lleva a los hombres a soportar la prima de malestar que cada época impone es la garantía futura de que algún día cesará el malestar y en razón de ello la felicidad será alcanzada. Es la esperanza de remediar los males presentes y la ilusión de una vida plena”.
El actual escenario social, se caracteriza, fundamentalmente. por la precarizacion laboral y que por cierto incide, entre otras cuestiones, en la configuración de determinadas subjetividades que generan determinadas practicas sociales. En el caso particular del Trabajo Social y en relación con la autonomía, observamos lo siguiente: “… en lo profesional tengo cierta autonomía por mi experiencia institucional y porque soy de planta primero … la gente que esta contratada no tiene nada de autonomía… aun así me acerco, permanentemente los movilizo, a poner en los informes lo que deben poner , no dejar la ética….”
“… Hay mucha gente contratada que yo la entiendo, llora y de llorar en serio por las presiones que vive a diario y por no poder dejar el trabajo. Eso no se ha visto nunca”
Parecería que algunos Trabajadores Sociales tienen la posibilidad de construir cierta autonomía, prioritariamente los que se encuentran laboralmente estables, estabilidad que promueve ciertas capacidades de innovación y de sentidos de la acción profesional . En este sentido Verdés – Leroux26 señala que “… en el plano material, ellas encuentran un mercado de trabajo poco estructurado en el que ocupar una posición equivale a crearla, y en el plano simbólico, un sector de recuperación. donde pueden aplicarse disposiciones y un capital cultural que no encontraron curso en el interior del sector dominante…”. En cuanto ser profesional contratado los complica ya que la precarizacion laboral los disciplina, genera dependencia, obediencia y donde se reinstala la heteronomia más enérgicamente.
En ciertos ámbitos, la determinación al control implica el uso de la violencia simbólica, en el sentido bourdieuniano de la expresión, es decir, como aquella violencia que arranca sumisiones que ni siquiera se perciben como tales apoyándose en unas expectativas colectivas y en unas creencias socialmente inculcadas.
La pertenencia a la planta permanente de personal proporciona cierta protección que les permite intervenir con mayor autonomía, libertad y responsabilidad. Pero en estos casos se utiliza otro mecanismo de control y disciplinamiento: el traslado. “… hay cosas que por ahí se puede encarar…el año pasado se dieron grandes enfrentamientos por posiciones nuestras, de esa manera terminó que a las únicas dos jefas que nos quedaban y otra compañera las trasladaron, desmembrar, sacarnos la posibilidad de tener alguien de capaz de ponerse en frente… ” ( D).

7.- La cuestión generacional. La supervisión disciplinaria irrumpe como un lugar importante en los argumentos de algunos de los entrevistados De los testimonios podemos inferir, por un lado , la supervisión – así llamada en la organización institucional- constituye un espacio de contención profesional ; por el otro, la figura del supervisor representaría las luchas que se ponen en juego y que a través de la conquista o pérdida de derechos imprimen huellas a las prácticas y representaciones de los trabajadores sociales
En la medida que se produce la reforma institucional , las supervisiones disciplinarias desaparecen dejando a los trabajadores sociales, en este caso, sin el referente inmediato de protección profesional, el cual es reemplazado por las llamadas coordinaciones políticas para controlar políticamente que los mandatos institucionales se cumplan. En palabras de una entrevistada: “…además ha desaparecido la supervisión en los servicios, hay personas que no tienen una profesión y están a cargo de un servicio profesional…”…”las jefaturas fueron remplazadas por coordinaciones políticas. Antes la jefatura era una carrera administrativa y profesional, ahora no. Ahora todas las coordinaciones son políticas.

La desaparición de la supervisión, y la instalación del control en su reemplazo, dificulta la reposición generacional en el ejercicio profesional, y posiblemente sea una fuente de pérdida de autonomía. La supervisión debe entenderse como una asesoría, un seguimiento, un apoyo profesional que se construye con los supervisados en la práctica
y que supone una relación validada, esto es, generada en base al respeto por los
compromisos contraídos; Procesualidad, ya que demanda continuidad y nunca es un hecho esporádico: formación permanente, y generación de procesos dialógicos para superar posibles conflictos. En muy pocos casos hemos encontrado la existencia de la supervisión.
Como consecuencia directa, se instituye una situación que es vivida por los profesionales como de riesgo contingente o posible, agravada por la escasa conexión intergeneracional. “Y…somos como los dinosaurios de la institución, un grupo de las más antiguas, que está desapareciendo, y no podemos compartir con los profesionales más jóvenes nuestras experiencias, nuestra manera de ver el Trabajo Social…nosotras tenemos más historia, …y con esta gestión, ni siquiera escuchar, ni siquiera llegarse al lugar, es toda una forma de negar nuestra existencia”. Y podríamos agregar: y de dilapidar la historia.

La autonomía y la heteronomía de los profesionales considerados individualmente.

El profesional considerado individualmente, también es un producto social, socializado en un campo profesional en medio de relaciones de fuerza que se fueron estableciendo en el proceso de profesionalización, proceso en el que se fueron estructurando leyes interiorizadas por los miembros de la profesión, a través de la formación y el desempeño profesional. Estos procesos han generado también expectativas de comportamiento tanto al interior como fuera del campo profesional, que juegan un papel importante a la hora de definir la autonomía o heteronomía en el ejercicio profesional. Así, las leyes instituidas del campo profesional se reproducen, conservándose o transformándose, como resultado de las acciones de sus miembros, de acuerdo a la relación de fuerzas del campo y en vinculación con el resto de la sociedad. Sin embargo, el profesional debe asumir su responsabilidad, que si bien es compartida con el resto del colectivo, exige responder por su accionar como si actuara personalmente en forma autónoma27.
No hemos encontrado en los entrevistados una clara conciencia de esta tensión, que en general se adjudica a una supuesta maldad o desconocimiento por parte de las autoridades, pero no puede encuadrarse en términos históricos y de luchas de poder. Se trata de una situación de violencia que se desconoce como violencia. “Llamo desconocimiento al hecho de reconocer una violencia que se ejerce precisamente en la medida en que se le desconozca como violencia; de aceptar este conjunto de premisas fundamentales, prerreflexivas;, que los agentes confirman al considerar el mundo como autoevidente, es decir, tal como es, y encontrarlo natural, porque le aplican estructuras cognoscitivas surgidas de las estructuras mismas de dicho mundo. En virtud de que nacimos dentro de un mundo social, aceptamos algunos postulados y axiomas, los cuales no se cuestionan y no requieren ser inculcados. Por esta razón, el análisis de la aceptación dóxica del mundo, que resulta del acuerdo inmediato de las estructuras objetivas con las estructuras cognoscitivas, es el verdadero fundamento de una teoría realista…”28. ”….. La otra cuestión que hay que instalar no se si obligatoriamente, pero algo parecido el tema de la reflexión en las prácticas, digo la tarea operativa , te absorbe, te chupa… atendiendo al público, entones digo si no te paras a pensar, a reflexionar entonces va ser muy difícil devolver una mirada mas actualizada hacia al sujeto. , porque esto tiene que ver también con reflexionar sobre como le estás prestando el servicio a ellos. “

Pero no todos desconocen las situaciones de violencia. “…cuando me he dado cuenta que la diferencia ha sido ideológica, y me he dado cuenta del sadismo que puede haber detrás de una institución, me ha dado mucho miedo…se las cobra. Yo creo que sí se las cobra, y hay cosas que por ahí las niego, no me atrevo ni a reconocer como temores de la dimensión de hasta dónde pueden llegar” .. ¿Podrá tratarse de un proceso compensatorio de desconocer la violencia para evitar el miedo?
Entre la resignación y la desesperación, se va consolidando el sufrimiento institucional, común, por otra parte, a todos los trabajadores que se sitúan en lo que Bourdieu llama “la mano izquierda del Estado” 29. “Todo eso resulta bastante sorprendente, sobre todo, para aquellos a quienes se manda a primera línea a fin de desempeñar las funciones llamadas ‘sociales’ y suplir las insfuciencias más intolerables de la lógica del mercado sin darles los medios para realizar realmente su misión. ¿Cómo no van a sentirse constantemente engañados o desautorizados? Hubiera debido comprender desde hace tiempo que su rebelión va mucho más allá de los problemas salariales, por más que el salario pagado sea un índice inequívoco del valor concedido al trabajo y a los trabajadores correspondientes. El desprecio hacia una función queda patente por la remuneración más o menos ridícula que le es otorgada”30
Considerando las disposiciones de las entrevistadas, encontramos al menos dos posiciones: por un lado, una minoritaria, profesionales que libran batalla en pro de su autonomía, que coincidentemente son las pocas que incorporan la noción de derechos tanto propios como de los sujetos con los que trabajan, y que también coincidentemente desarrollan procesos de formación permanente. “…sin tener que pedirle permiso ao nadie, fui aprovechando cierto poder que me han dado los años…y lo he reconvertido en función de no descuidar mis propios intereses, no adaptándome a lo que la institución espera de mí, a lo que la institución demanda, y en eso me ha servido mucho la formación que he tenido, porque hoy en día no me pueden cuestionar algo que yo hice o di, porque considero que nadie tiene los elementos para cuestionarme…creo que he sido libre, no una libertad sin limitaciones, creo que el proceso que yo he tenido en la institución ha sido muy costoso y lento…” .Por otro, la posición mayoritaria de quienes han interiorizado acríticamente la imposición de normas, la injerencia debida en su labor profesional, con escasas posibilidades de autocrítica y de trabajo sistemático en pro de un reposicionamiento profesional. Coincidentemente, estas profesionales son las que acusan mayor malestar institucional, en algunos casos con agotamiento emocional. También esta posición es concomitante a bajo sentimiento de realización personal, lo cual incide no sólo en los profesionales sino también en la calidad del servicio que prestan. “Yo siento que no tengo ganas ya de hacer este trabajo, que me insume muchas energías…y por ahí llego a mi casa destruida, no me puedo sacar los casos de la cabeza, sueño algunas veces con casos porque me pega de algún modo particular, es inevitable, inevitable…” . “No hay satisfacciones importantes dentro de la oficina. Vos llegás a la oficina ¡es tétrico! Y preguntás ¿hay alguna novedad? Como diciendo esperen que me siento y me cuentan porque toda la semana te encontrás con algo distinto, hasta hace poco no teníamos jefe, no sabíamos en qué oficina íbamos a trabajar, te cambiaban a vos de oficina, a lo mejor cambiaban a compañeros del programa porque no había llevado el número de oficios que le habían pedido, a otro, porque había dicho que no a qué se yo…llegabas y alguna compañera tuya, muy querida, había renunciado, después a la semana siguiente la otra ¿entendés? Entonces es así, nosotros mismos llegamos y uno es un lugar donde puedas decir: voy a estar un poco contenida para poder seguir con semejante trabajo” .
Bleichmar31 estableció dos aspectos que consideramos importante tener en cuenta. Por un lado el concepto de autoconservacion de la existencia que tiene que ver con la conservación de la vida y la realización de las tareas necesarias para ello ( el trabajo); y por el otro el concepto de preservación de la identidad , refiriéndose al conjunto de enunciados que articulan el ser del sujeto, no sólo en su existencia material sino también en sus representaciones simbólicas, en su ideología y en sus valores. Al respecto Schenquerman32 señala que “en tiempo de estabilidad ambas coinciden, y se puede preservar la existencia sin por ello dejar de ser aquel que uno es ,o al menos intentar ser el que uno aspira a ser. Pero en épocas históricas de crisis particularmente devastadoras como la que se vive hoy en nuestro país, ambos ejes entran en contradicción y la supervivencia biológica se contrapone a la vida psíquica representacional, obligando a optar entre sobrevivir a costa de dejar de ser o seguir siendo quien se es a costa de la vida biológica”.
De esta manera argumenta una entrevistada: “ … hay como una manipulación del trabajo social, lo veo mas afuera a lo mejor, esta necesidad de la gente, esto de cambiar subsistencia a cambio de un informe profesional, la intervención profesional , este sometimiento que hay de los trabajadores sociales en general””…. vivimos tan en contacto con la inmediatez de la realidad ,que no todo podemos percibir este proceso de decir aca esta pasando esto… no nos detenemos trabajadores sociales a ver lo profesional, da lo mismos que sea un trabajador social que un puntero político el que lo está implementando …”
Por su parte Mario Heler33 señala que una de las formas de profesionalizar las normativas del Estado es el automatismo, la reiteración acritica. “”Podría interpretarse que la esquizofrenia sería una consecuencia de ese automatismo, cuando ya no podemos dejar de percibir la gangrena que produce en la significatividad de nuestras prácticas el repetir patrones de comportamientos que generan más conflictos que inicios de soluciones, cuando no podemos dejar de percibir el abismo entre nuestras practicas y nuestros ideales, por más confusos y ambiguos que estos ideales se presenten. En fin cuando no podemos ocultar las tensiones y los conflictos que generan nuestras prácticas pero tampoco estamos preparados para afrontarlos.”

Por cierto que –como ya señaláramos- la mayor o menor grado autonomía de un campo no se traslada a todos los miembros de igual manera, ni provoca que cada uno de los profesionales se desempeñe autónomamente.34

Los testimonios de algunos entrevistados revelan una relativa autonomía a partir de la confección de un manual de procedimientos que protege a los trabajadores sociales de las demandas de otros profesionales o de la institución. Pareciera ser que este manual, al plantear las funciones del trabajador social, plantea al mismo tiempo es el límite que instala la profesión para no realizar otras tareas que no son de su competencia: ”… armamos un manual de procedimientos y organización de funciones…el manual contiene una introducción del porqué los hacemos ,una fundamentación donde nosotros fundamentamos la importancia del manual… está todo pautado, en ese manual tenés el diagnóstico, la división de las funciones, desde cronogramas de atención , todo lo formal…y después viene la intervención del servicio social en cada área… la política nuestra apenas entró el director , que me toco justo a mi , para eso nos sirvió también el manual de procedimientos que ya los teníamos hecho es decir “nosotros trabajamos así…”. Es decir, construir un código de conocimientos y de respuestas capaz de preservar la legitimidad de su intervención.
.
Mario Heler35 señala que para actuar autónomamente deberíamos elegir libremente, por propia decisión , la ley que nosotros mismos nos sometemos.
Hay áreas en las que claramente la ley provee un marco, define y encuadra la intervención, como por ejemplo en el caso de la ley de ejecución de la pena privativa de la libertad. …El Trabajador social esta sujetado a la ley. Esta sujetado en las situaciones que requieren dar respuestas de fondo Pero por otra parte la misma entrevistada manifiesta “..que la autonomía es un ejercicio que no hay que resignar, apenas te duerme se pierde, porque a veces quedan cosas en el camino que tenés que renunciar…”

Cabe destacar que en otros entornos la sujeción del Trabajador Social es total, se acciona de acuerdo al mandato político institucional y se infiere que para lo único que tiene libertad es para buscar recursos que la institución no provee. Así lo plantea una colega: No, no fue una decisión mía. Porque yo había sugerido que no se le otorgara la beca. Hice el informe con la recomendación de que no se le otorgara la beca, justificando todos mis no, porque no cumplía los requisitos, no había una situación de riesgo, no había nada que justificara el darle la beca pero como venía mandado por fulano de tal, me dijeron esto es para beca…” Del testimonio de la entrevistada se desprende que se encuentra supeditada a la supervisión de los jefes del programa, coordinadores abogados , psicólogos , y no la de un trabajador social.
Reflexiones finales.

1.- No pretendemos la defensa de una intervención profesional radicalmente desvinculada de los marcos institucionales, sus estructuras, normas y actores institucionales, en la medida en que la inserción social institucional del trabajador social de algún modo lo supedita a ciertos mecanismos de control. Pero sí pretendemos advertir la identificación de muchos profesionales con las normas y el poder institucional, y con los mecanismos disciplinadores que le son inherentes, en la perspectiva foucoultiana.

2.- Hemos encontrado gran riqueza de lenguajes que permite la discusión de aspectos pragmáticos, cotidianos y valóricos de la acción social del trabajador social, pero una significativa pobreza de lenguaje formal. Predomina la racionalidad práctica en detrimento de la racionalidad científica, en términos weberianos.

3.- Quienes se plantean el problema de la construcción de autonomía, simultáneamente se proponen procesos de legitimación de la acción profesional, reconociendo juegos de poder; y a la inversa, aquellos profesionales que no se plantean el avance de su autonomía, adscriben a la racionalidad instituida en el sentido instrumental. La tendencia más marcada es la segunda, en el sentido de que la mayoría de los entrevistados parece validar socialmente su práctica sujetos y obedeciendo a una razón de tipo burocrática y normativa. La jaula de hierro weberiana está representada claramente por los relatos de los entrevistados. Claro que, al decir de Heler36, resulta beneficioso, simbólicamente y a veces materialmente, someterse a lo universal, cubrir por lo menos las apariencias de la virtud, doblegarse, exteriormente, a la regla oficial. Estos beneficios promueven la heteronomía en el desempeño, con el aparente objetivo de conservar la identidad profesional, y dificultando la visión de algunos aspectos problemáticos y conflictivos de la práctica profesional. Dificultando, en otros términos, y también en sentido weberiano, que los hombres “están condenados” a elegir.

4.- Se advierte que el principal productor de malestar sobrante, en algunos trabajadores sociales, es el mismo Estado a través de sus instituciones y sujetos cómplices – en el sentido bourdieuriano del termino- reproductores de esta política . La posición y el posicionamiento de los trabajadores sociales es un elemento que gravita en ese escenario.

5.- Para una profesión subvalorada, que no ha alcanzado la plenitud de su estatuto disciplinario, la flexibilización laboral opera negativamente en el sentido de la desprofesionalización, entendida como “un proceso tendiente a descalificar de forma premeditada el rango y competencia profesional. Pretende disminuir paulatinamente las calidades y cualidades que caracterizan a una profesión de formación y trayectoria universitaria. Desprofesionalizar implica reducir y eliminar las características que hacen de una profesión, precisamente una profesión: metodologías de intervención, conocimientos particulares, presencia de paradigmas epistemológicos y ontológicos que sustentan el cuerpo de conocimientos y la intervención, métodos de investigación de la realidad, capacidad de interpretación, identidad profesional, principios filosóficos y valores éticos, entre otros 37.

6.- A contramano de lo que esperábamos, los trabajadores sociales entrevistados en muy pocos casos se referencian en una intervención fundada en derechos, y escasamente refieren una crítica a los proceso vividos por los cuales los derechos sociales conquistados durante décadas, pasan a convertirse en objetos de consumo. Aún los planes sociales vigentes, que operan bajo la lógica del consumidor y no del ciudadano.

7.- La organización adquiere una dimensión fantasmática. Enriquez38 analiza la organización como una instancia inhibidora y represiva cuya función consiste en canalizar los deseos, y en los casos más extremos, censurarlos y aniquilarlos. El otro –jefe, político, gobernante, los mismos sujetos con los que se interactúa, etc.- es un depositario de todos los males. Al respecto resultan reveladores los hallazgos alcanzados por Isela Firpo39, estudiando el discurso de trabajadores sociales en el ámbito académico: “…adquiere relevancia lo que parece una constante en los enunciados de gran parte del colectivo profesional: esto es, la atracción que ejerce la noción de imposibilidad….De modo que la importancia no radica sólo en lo que se dice, sino en cómo se dice. No estriba sólo en incluir lo atinente a la dimensión política de la intervención profesional, sino en cómo se traduzcan sus implicancias habida cuenta que en la palabra, en el decir de muchos trabajadores sociales, la queja parece ser el medio más idóneo de traducir imposibilidad. En la concepción de Balestena, “la queja es una apelación al sistema, pero abortada”, “un puerto seguro que nos sustrae de la confrontación”. Constituye una especie de martirio y “tiene por objeto encontrar en ese martirio lo que no se encuentra en la propia acción”. Distrae la atención sobre nuestra propia responsabilidad depositándola en el afuera”.

8.- La legitimidad de una profesión es el resultado de dos factores: un sistema de valores y la importancia funcional de los papeles encuadrados en la estructura ocupacional de una sociedad. Esta última depende de la capacidad relativa de un papel para producir un bien o servicio en la sociedad. Cada uno de los papeles productivos de una sociedad tiene una importancia funcional diferente para esa sociedad y es valorado en más o menos; es decir, tiene más o menos prestigio. Se puede establecer una equivalencia entre la subvaloración de la cuestión social y los derechos sociales en nuestra sociedad, y la valoración del papel del Trabajo Social en ella.

9.- Estimamos una correspondencia entre el compromiso de los profesionales de Trabajo Social y las recompensas que reciben, recompensas que abarcan ingreso, categoría, estima, respeto y satisfacción por el desempeño adecuado del trabajo. Si las condiciones de trabajo están directamente referidas a la satisfacción y realización de los miembros, el tratamiento que sienten que reciben condiciona el vínculo de los profesionales con la organización, resultando determinante de su identificación y compromiso con la tarea. En este sentido, la mayoría de los trabajadores sociales entrevistados no registran para sí mismos un tratamiento justo y equitativo ni en el salario, ni en la tarea, ni en la posibilidad de realización personal que ésta brinda, ni en las alternativas de desarrollo que se ofrecen, ni en las oportunidades de participar.

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