« Ver Todas « Perspectivas # 2

“Algo cambió, Nosotros Cambiamos” Aporte al estudio de las Representaciones Sociales sobre el Tercer Sector

Claudia Rosana BogadoDescargar PDF

El presente artículo refiere a las imágenes, creencias, supuestos que los sujetos sociales tienen sobre Tercer Sector con el objetivo de incorporar elementos al debate y a la reflexión; y en forma paralela potenciar un compromiso ético en la intervención profesional en este ámbito.

Introducción

“No lamentar, no reír, no detestar, sino comprender”
Pierre Bourdieu*

Lo que definió la modernidad fue la separación entre el orden del mundo1, se vivencia el quiebre, la ruptura de todos los modelos, frente a una realidad que desborda los marcos de interpretación y pone en duda algunas certezas construidas desde otros parámetros que hoy es necesario revisar.
La interpretación desde un solo lugar se vuelve sostenedora de inequidad. Se hace preciso establecer y profundizar la relación entre el ser y el no ser de las cosas, de modo tal que, en forma sistemática, pueda superarse la reducción o simplificación de las contradicciones vividas en el esfuerzo por responder a una lógica “tradicional” que no acepta que la realidad pueda ser y no ser, de una determinada manera al mismo tiempo, en las mismas circunstancias y condiciones.
La comprensión de las luchas por caminos alternativos de organización social y las esperanzas liberadoras de los sometidos de nuestra sociedad desafían hoy, aun más los saberes. La trama social con nuevas configuraciones (en cuanto sujetos y escenarios de actuación) levantan otras indagaciones y cuestionamientos, que pasan a exigir nuevas interpretaciones y respuestas.
En el intento por quebrar con la linealidad del discurso y la univocidad del lenguaje, el presente artículo tiene el propósito de penetrar en el universo de las “representaciones sociales”, de las imágenes que los sujetos crean y conservan, o en términos de Bourdieu, “estructurador de prácticas y percepciones” referidas al tercer sector como esfera en crecimiento y reconstrucción.
He aquí un camino de grandes desafíos, pues las polifonías desde los diversos sectores requieren un gran ajuste auditivo.
Para Berger y Luckmann2 las acumulaciones específicas de “realidad” y “conocimiento” pertenecen a contextos sociales específicos; y las relaciones deben situarse en un análisis sociológico adecuado a dichos contextos. Por ello, resulta imprescindible situarse en principio en el escenario como el marco de transformaciones materiales y simbólicas en lo global y local3, que van a poner de manifiesto una ampliación de los espacios de actuación de la sociedad civil.4
En dichos espacios, se evidencia una diversidad de manifestaciones de diferentes segmentos sociales, particularmente de los sectores sometidos a mayor degradación y exclusión, los que van a configurar el eje central de lo siguiente: los actores5 y sus papeles. Por consiguiente, se plantearán de manera sucinta las nuevas configuraciones, perfil y rol del Estado, el mercado y la sociedad civil, centrando la atención en esta última.
Seguido a ello y como objeto principal del artículo, interesa ahondar en el detrás de la escena, es decir, en aquello que está de fondo, que no se ve, pero sostiene la actuación: aquí se presentan las representaciones – entendidas como la forma de conocimiento, elaborada y compartida socialmente – sobre el tercer sector6 y su vinculación con los demás sectores.
Implica describir y analizar las creencias que están profundamente arraigadas, o en otros términos, “realidades” y “conocimientos” que se dan por establecido y generalmente son poco reflexionados.
En este sentido, se abordarán las representaciones como producciones discursivas, significados emplazados en los discursos7, Para Schutz “…cada relato constituye una “versión”, una interpretación del conjunto de hechos, conductas y actos que constituyen la vida de un individuo. Este universo de significaciones productos de las experiencias- propias y ajenas – conforman lo que él denomina conocimiento intersubjetivo”.8
Y para finalizar, se presenta el desafío de las nuevas relaciones que se establecen entre los sectores y que reclaman la reflexión constante de los profesionales, de los intelectuales, de los académicos y de la sociedad en general, para forjar un nuevo guión – como las orientaciones comunes para los diferentes actores – donde confluyan de forma orgánica estas “fuerzas” y se retroalimenten para formar juntos el proceso
de reconstrucción del país9; he aquí el intento de iniciar el mismo.

El escenario

En el marco de los profundos cambios económicos – políticos y sociales acaecidos en las últimas décadas a nivel mundial y en Argentina en particular, se configura en el país un escenario de gravedad de la crisis y un intenso deterioro de las condiciones de vida de la población.
Este panorama se recrudece en las concepciones de Estado – Nación y la propia democracia que en el inicio de su historia moderna fuera fundada como esperanza de un futuro mejor y que hoy empiezan a tambalear.
Durante dos siglos o más, la idea democrática fue inseparable de la de revolución – o de un conjunto de reformas profundas – por medio de las cuales serían eliminados los obstáculos en la entrada en una sociedad moderna, que sería al mismo tiempo: racionalmente organizada, protectora de los intereses correctamente entendidos por todos y socialmente justa, una vez que se fundaba sobre un principio absoluto de igualdad. La democracia en este orden, trataría de política destructora de barreras sociales y creadora de una sociedad de ciudadanos.
En el nuevo orden global, se experimenta otro tipo de concepción democrática vacía de toda consistencia, minimizada a un simple atributo de la modernización económica bien sucedida. Lo social queda retraído a un segundo plano y la libertad es el valor exacerbado para los sujetos sociales, entendiendo la democracia como una forma de gestión social que facilita la acumulación de las riquezas y los poderes de decisión, aumentando de este modo las distancias sociales en vez de reducirlas.
El modelo clásico de sociedad, produce hoy individuos semejantes pero desiguales. En muchas experiencias se está volviendo a las concepciones originarias de ciudadanía ligadas a los “ciudadanos convenientes” en la que combina fácilmente derechos civiles con la desigualdad de los derechos sociales; aquellos derechos que se fueron acrecentando en las Políticas Sociales de redistribución en la esfera del Welfare State “criollo”10 y que gradualmente fueron desapareciendo.
Es precisamente desde estas ciudadanías de baja intensidad, desde estas democracias incompletas, donde O´ Donnell11, reconoce las desigualdades tanto políticas como sociales.
Por lo antedicho, resulta de suma importancia revalorizar el espacio de lo público – distinto a lo estatal- en los que los diferentes actores/sujetos producen, reproducen, impugnan y gestan procesos de decisión de sus propias vidas en una determinada correlación de fuerzas en los distintos espacios de la vida colectiva.
En el proceso de transformación en marcha señalan Rosanvallon y Fitoussi: “…fallan las instituciones, que hacen funcionar el vínculo social y la solidaridad (crisis del Estado Providencia), las formas de relación entre la economía y la sociedad (crisis del trabajo) y los modos de constitución de las identidades (la crisis del sujeto).12
Si se ha de sintetizar este proceso en dos palabras, se podría recurrir a incertidumbre y ambigüedad, en el contexto de reestructuración productiva, de apertura externa, de disminución de la demanda laboral, del empobrecimiento creciente y profundización de la exclusión social.
En tal sentido, la gestión de la reforma económica no es independiente de su legitimación y por lo tanto tampoco de los modelos de ciudadanía que la acompañan.13 Será preciso entonces, reinterpretar y revalorizar las demandas de la población tendientes a encontrar – además de la sobrevivencia y la integración – el “sentido” de la vida individual, familiar y colectiva.
En procura de ello, es un requisito fundamental identificar el perfil de los actores intervinientes en la escena – diferenciando sus procesos constitutivos – a la hora de iniciar el camino de reconstrucción del tejido social.

Los actores y sus papeles

La sociedad se configura, cada vez más, como un lugar de convergencia de fuerzas y procesos sociales, como un lugar de hacer política y de construcción de nuevos sujetos con diferentes perfiles y racionalidades, modos disímiles de ser y estar en el mundo.
Estos “nuevos actores” (viejos ausentes o recién venidos) rompen con las antiguas configuraciones de lo social, lo político y lo económico, que ya no aparecen como esferas estancas sino como una compleja red de interacciones que no terminan de reacomodarse y redefinirse.
En este orden, el Estado se encuentra en un camino de transformación soportando profundos cambios en muy poco tiempo, desestabilizándose como centro, aglutinante e instaurador de un modelo que compactaba al conjunto de la sociedad.
Quebrado el estadocentrismo y modificadas sus funciones de regulación económica, mediación política e integración social, se configura una nueva matriz donde la administración y gestión toman prevalencia.
En términos generales, la esfera de actuación estatal se restringe a una menor actividad económica, ampliación del espacio del mercado, apertura de las fronteras, retracción en lo social, contratación de servicios a agencias internacionales. Según lo anterior, orienta sus acciones a la descentralización, privatización, reforma administrativa y desregularización.
Por otra parte, la fuerte presión del pago de la deuda externa es uno de los principales factores que hace que la superestructura se “achique”, recortando desde lo blando, es decir, reduciendo el gasto público. En este aspecto, las políticas de ajuste para lograr el esperado “equilibrio fiscal” y la inserción del país en la nueva economía mundial, entre las que se incluye la regionalización como intento ante el avasallamiento globalizador sobre la economía nacional, ponen en relieve la fuerte dependencia.
De un Estado garante de los derechos sociales se pasa a uno garante de las reglas del juego, de la competencia, de los equilibrios macroeconómicos. Se construye una sociedad de mercado, en la que éste deja de ser un instrumento de regulación de la vida económica para convertirse en un orden social, un dispositivo cultural.
El mercado redimensionado toma un espacio sin precedentes, se configura en el actor de mayor incidencia. Norbert Lechnert, señala que el desplazamiento del Estado por el mercado como ámbito privilegiado de las iniciativas sociales implica también un desplazamiento de los principios de legitimación y organización.
Se instala la “mercantilización”, es decir, la búsqueda de la ganancia, la invasión de esta lógica depredatoria sujeta a los “precios” que cuestiona seriamente la universalidad de la ciudadanía. En este orden, Eduardo Bustelo apunta “…No se trata de satanizar el mercado y sus mecanismos pero es sabido, que no habrá posibilidades de avanzar en el proceso de ciudadanía sin afrontar la lucha política para hacer gobernables los mercados”.14
Es justamente aquí, donde se da la fisura en el ordenamiento social y el eje sobre el cual se desea avanzar en el análisis: el pasaje de un Estado fuertemente ligado a la sociedad llegando hasta a una fusión entre ambos, a una ruptura, donde la ampliación de la sociedad civil confluye con la pluralización e individuación pero también en la diferenciación y desigualdad que conllevan a la fragmentación y exclusión propiciadas por el mercado.
Para García Delgado las nuevas configuraciones de las relaciones Estado – Sociedad revisten este panorama: “…una sociedad donde los individuos pesan más que el conjunto, donde hay multiplicidad de intereses, ampliación de los espacios de libertad y de competencia, pero a la vez, menor solidaridad e integración. Una sociedad donde se ha producido un cambio drástico de relaciones de poder entre grupos y sectores sociales, donde lo evidente no es solo la modificación de aparatos, instituciones y políticas públicas, sino también de las creencias e intereses de los actores que la sustentaban”. 15
En esta transición de “desencanto estatal” la sociedad civil viene a configurar un importante nuevo actor en la dinámica social, con intención de articular acciones colectivas coordinadas y sostenedoras de otras formas de relación: movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales (ONGs) como Asociaciones, Cooperadoras, Fundaciones, Entidades Religiosas, Sindicatos, Mutuales, Clubes, Foros, que van conquistando un espacio de actuación que demanda ser resignificado.
Ante la pérdida de protagonismo por parte del Estado envuelto en la crisis de la política a nivel general, se potencia una percepción agudizada de la desigualdad, de la pobreza, de la opresión; así el deseo de vivir mejor viene forjando a lo largo de las últimas décadas estrategias de actuación política de la población empobrecida, que apunta a la construcción de una identidad social que haga de ellos sujetos demandatarios de ciudadanía.
De esta manera, las personas buscan su propia manera de autogestionarse política y organizativamente, demandando al Estado la porción de recursos que debe redistribuir y el papel de regulador que debe cumplir, con el objetivo de reconstruir el tejido social con bases en la solidaridad y la equidad.
Desde la pluralidad de formas asociativas, la sociedad civil aparece como intento de dar respuesta a las crecientes necesidades, en lo que muchos han acordado en llamar la “privatización” de las políticas sociales, evidenciando de este modo un fuerte corrimiento del papel de lo público a lo privado en la cuestión social.
En este contexto de demandas sociales emergentes, parece paradójico hablar de conquistas pues la sociedad civil resulta depositaria de un sin fin de problemáticas a las cuales no puede dar respuestas. En un sentido amplio, tendrá que operar en la reconstrucción de vínculos, redes, mecanismos de protección, etc., dificultad que crece en el intento de precisar el perfil del tercer sector.
La gran heterogeneidad que presenta, distinguiendo desde organizaciones solidarias16 hasta otras dedicadas a fines comerciales, o en otros términos, “desde las más populistas a las más clientelares”, complejizan el universo de análisis y la asunción de posturas al respecto. Sin embargo, no resulta novedoso que aquellas [organizaciones] que adquieren un perfil empresarial sean financiadas y sostenidas, caso contrario ocurre con las que se hallan cercanas a las demandas populares.
En síntesis, el redescubrimiento del antiguo tema de la sociedad civil pone en tensión contradictoria temas como: la expansión de la democracia, lo público y lo privado, movilización e institucionalización como así también conciencia de ciudadanía y conciencia de pertenencia a una comunidad, temas que desde cualquier ámbito ameritan ser estudiados.
La relación entre Estado – sociedad va configurando una nueva subjetividad, a su vez que perfila nuevas identidades a los sujetos. Estas identidades se convierten en la “…fuente de sentido17 y experiencia para la gente”18 y son en gran parte internalizaciones de las identidades de las instituciones dominantes.
Así, la sociedad civil se conformaría mediante estas identidades legitimadoras; en palabras de Gramsci, “…la sociedad civil está formada por una serie de “aparatos” como la (s) Iglesia (s), los sindicatos, los partidos, las cooperativas, las asociaciones cívicas, etc., que, por una parte, prolongan la dinámica del estado, por otra, están profundamente arraigados entre la gente”.19
En síntesis, el estado, el mercado y la sociedad civil están constantemente redefiniendose a sí mismos, cada uno reconfigurando a los otros. Son dinámicos y van redistribuyendo la división del trabajo y la mezcla de tareas que le tocan a cada uno, pues ningún sector aislado tiene instrumentos para enfrentar con eficacia la pobreza y las estructuras que contribuyen a su crecimiento. Para Reilley “Es cuestión de equilibrar los reclamos, competencias y capacidades de cada uno, mientras se describen maneras de hacerlos complementarios.”A lo que en otra parte añade: “podría prevalecer un estado más pequeño pero más efectivo, mercado en expansión pero mejor regulados y una sociedad civil impulsada tanto por las responsabilidades de los ciudadanos como por sus derechos.” 20

Detrás de la escena

Los cambios en todas las órdenes no han provocado sólo transformaciones materiales sino que se modificaron también las representaciones y relaciones sociales cotidianas (familiares, grupales, comunitarias) y con otras instancias de la dinámica social.
Así, como se van perfilando nuevas identidades a partir de las diferentes necesidades, también se configuran las representaciones y saberes al interior de cada sector social. Los esquemas de percepción, valoración y orientación de sus prácticas y discursos.
Como señala Osvaldo Dallera: “No es posible llegar a los “hechos”, ni al “mundo”, ni a las “cosas”; los hechos, el mundo y las cosas son efectos de sentido, representaciones, emplazadas en los discursos”.21 Ellos permiten arribar a las variaciones de las significaciones que están sujetas a los diversos contextos, en el cual un mismo ítem puede tomar distintos significados, en tanto los sujetos no aprecian de forma pasiva al objeto, sino que le otorgan sentido de acuerdo a su universo simbólico, que está relacionado al grupo social al que pertenecen, a la cultura en la que están inmersos.
El actor social sujeto a relaciones concretas: profesionales, económicas y también igualmente ligado a la nacionalidad y al género. Para Bourdieu “La construcción del mundo de los agentes opera bajo condiciones estructurales, por lo tanto las representaciones de los agentes varían según su posición y (los intereses asociados) y según su habitus, como sistema de esquemas de percepción y apreciación, como estructuras cognitivas y evaluativas que adquieren a través de la experiencia duradera de una posición del mundo social”.22
Todos sostienen de una manera más o menos implícita una forma de concebir la realidad, el mundo que los rodea, que en la mayoría de las veces es pensada cómo lo que está, frente al sujeto, ya dado como tal. De este modo se acerca, percibe, clasifica, ordena e interpreta; pero estas acciones solo se acercan a lo dado como cosas y al mundo que está ahí, independiente de la mirada y acción sobre él.
En palabras de Reigota “Contrario a los conceptos científicos que tienden a la generalidad y al rigor las representaciones se refieren a un tipo de conocimiento que, pudiendo eventualmente poseer un aspecto de cientificidad se pauta por la comprensión descompromisada de lo real, situándose fuera de un padrón inflexible de formulación de un saber”.23 En otros términos, las representaciones hacen familiar lo no familiar.
En efecto, el tercer sector se ha vuelto parte de nuestra familiaridad, sus acciones se evidencian en lo “cotidiano” procesando de este modo nuevas significancias.
En épocas de crisis, el distanciamiento de lo social y lo político se hace más evidente. La crisis de representación coloca al desnudo la alicaída imagen del Estado con alta adhesión a las organizaciones sociales a la vez que se fortalece el proceso de legitimación de la delegación.
Esto influye en que las representaciones del conjunto social en relación a la actuación estatal sean cada vez más peyorativas. Su gestión y administración se ve envuelta en la trama de denuncias de corrupción, burocracia y clientelismo político24 por la mala utilización, desvío o malversación de fondos que muchas veces no llegan eficiente y correctamente a sus destinatarios, sosteniendo además una postura paternalista frente a la relación asistente- asistido.
Se le reclama mayor transparencia en el ejercicio de sus funciones y un fuerte cuestionamiento ante la indolencia y los servicios de mala calidad. Las prestaciones estatales se ven además de espacios privilegiados para la burocracia como expresión de anomia, como manifestación de la tiranía de un poder impersonal que subyuga a las personas, comportamientos, modos de pensar, gustos.
Estos son algunos de los rasgos distintivos que ha alentado la transferencia de gestión y administración a las esferas privadas, es decir, por el proceso sociovalorativo favorable hacia estos.
El perfil que toma mayor visibilidad y se proyecta sobre la opinión pública prevalece como la expresión de la sociedad. Esta visibilidad tiene su impronta en las representaciones de la población que terminan asumiendo como propias aquellas manifestaciones más frecuentes.
En contraste al Estado, al tercer sector se le concede un sin fin de atributos tales como: la honestidad, responsabilidad, justicia, integridad, patriotismo, etc. Las organizaciones se transforman en el reaseguro de la eficiencia y la eficacia. Se constituyen como espacios de pluralismo además de actuar como “auditores” siendo los más confiables en controlar el uso de los recursos y evaluar la satisfacción de los usuarios.
En el caso de las ONGs25 se cree potenciar un modelo de relación más instrumentado y profesionalizado, mayores grados de libertad y de beneficios estatales en el financiamiento, control, programación y articulación.
En síntesis, la visibilidad, credibilidad y legitimación se vinculan en un proceso movilizador de nuevas relaciones. Para Cardarelli y Rosenfeld, los significados compartidos adquieren la forma de un “sentido común legitimador”: un discurso público, una cierta racionalización circundante. De este modo, en la esfera de lo simbólico se estructuran estas visiones:

El Estado VILLANO desertor de sus responsabilidades, la sociedad civil como el HEROE que adquiere un protagonismo singular e innovador frente al SALVAJE mercado.
He aquí un cuadro simplificador de las concepciones referidas a la histórica día Estado – sociedad:

Estado “Villano” Sociedad Civil “Héroe”
Mínimo En expansión
No intervencionista Con fuerte intervención
Malversación y despilfarro Eficiencia, eficacia, efectividad
Burocracia Agilidad, dinamismo
 Corrupción  Honestidad, transparencia
Competencia Solidaridad
Desvinculación Responsabilidad
Pasividad Participación
Dependencia Autonomía
Fragmentación  Articulación
Espacio de anomia y exclusión  Espacio de pertenencia, identidad e inserción social

Algunas de los siguientes párrafos permiten acercarse aun mejor a estas representaciones:

“Nacidas como una respuesta alternativa al fracaso del Estado de Bienestar y los intentos por hacer llegar a la gente los beneficios del crecimiento económico, estas organizaciones proporcionan servicios y apoyo para la movilización de intereses, el fomento de la autosuficiencia y la autonomía o el mejoramiento de las condiciones de vida y las oportunidades, a grupos locales rurales y urbanos de familias e individuos necesitados”.
Elba Luna26
Aquí, se destaca el desmembramiento del Estado, entendido como fracaso exacerbando la imagen del tercer sector como responsable de propiciar la alternativa para el cambio, entendiendo a su “nacimiento” como una victoria.

Ante esta pérdida [retracción del Estado] la imperiosa necesidad de forjar una democracia “real” es central en los atributos que se consignan a las diversas organizaciones de la sociedad civil (OSC), en este orden:
“…Las ONGs son organizaciones que exhiben excelencias: son éticas, tienen credibilidad, creatividad, inmensa capacidad de trabajo, saben innovar, son generadoras de una nueva política y de una nueva cultura (…) son comités de ciudadanía y surgieron para ayudar a construir la sociedad democrática con la que todos soñamos”.
Ideas de Herbert de Souza27

Por otro lado, la capacidad e idoneidad, para llegar y trabajar junto a la gente se sitúan dentro de sus rasgos más distintivos:
“…están cara a cara con el destinatario de su acción, pueden dar servicios más eficientes y económicos por su experiencia y falta de burocracia”.
“…Se conforma un Estado que las identifica como reaseguro de eficiencia y eficacia y por organizaciones que encuentran en este casi la única fuente de recursos y la posibilidad de brindar servicios continuamente a su población – objetivo”.
Carderelli – Rosenfeld28

El cambio de “lógica” donde primaría la solidaridad como valor esencial:
“…Las organizaciones del tercer sector que no buscan lucro ni el poder político serán los facilitadores de estos procesos.”
María Rosa Segura de Martini29

Por otra parte, la puesta en escena de este actor como reaseguro de la escucha y respuesta a las demandas populares con una verdadera participación del mismo en los procesos desicionales.
“…Son organizaciones privadas en defensa de los intereses públicos, particularmente de los intereses de la amplia parcela de los sectores sociales privados de sus derechos.”
Rosangela Paz30

Además de destacar sus “bondades”, reclaman una ampliación de sus espacios de actuación.
“…una enorme fuerza social invisible que moviliza una incontable cantidad de recursos, talentos, motivaciones y esperanzas. Esperamos haber aportado a que este sea visible y, de esta manera, ocupe el lugar que le corresponde en la política y en la economía.”
Andrés Thomson31

Finalmente, se señala la necesidad de la recuperación de la responsabilidad colectiva sobre lo social:
“El Estado ha estado demasiado tiempo solo, a cargo de lo público. Es la hora de la sociedad civil, pero la sociedad civil es la gente”.
CCNPPS32

Estos y otros supuestos están forjando formas diferentes de interrelación entre los distintos sectores. Aquí, no importa establecer valoración sobre los mismos, pues las representaciones no interesan en cuanto reflejen un actitud favorable, indiferente o desfavorable, lo que releva son las relaciones entre los significados y las actitudes. Por lo tanto, en este caso solo se las coloca a la “intemperie” para ser objeto de reflexión y análisis.
No obstante, se cree necesario intentar una aproximación a la sistematización de estas ideas con el propósito de profundizar en el debate de lo que muchos autores han acordado en llamar “explosión del Tercer Sector”, “La hora de la Sociedad Civil”, entre otras denominaciones.
Siguiendo a Carlos Montaño33, las concepciones precedentes permiten arribar a una serie de postulados generalizadores que ameritan ser puestos en tela de juicio.
En primer lugar, la idea de que Tercer Sector disminuiría el poder del Estado y se constituiría en refuerzo de la Sociedad Civil
El Estado como gigante, acaparador, reductor de las libertades individuales, paternalista y por lo tanto nocivo, es reemplazado por el gestor administrativo, librando del asfixio a la población que empieza a tomar como propios los valores de las clases dominantes transformados en ideologías e intereses de “todos”. Es una especie de naturalización o socialización de la crisis y de la pobreza, entendida como estado “natural” o “divino” desde el cual solo será posible salir por los propios esfuerzos.
Así se conforma el desarrollo de lazos de solidaridad particulares en detrimento de la solidaridad universal, cada grupo o colectivo que presenta una necesidad se debe auto – responsabilizar por su financiamiento/respuesta. Como así también, la idea del “hombre económico” condensado en la figura del “héroe capitalista” que es “bueno y bondadoso” y desde diversas organizaciones va a brindar ayuda, en una especie de capitalismo social.
Estas posturas justifican y en gran medida legitiman el Estado mínimo de las privatizaciones, del vaciamiento de los recursos de las políticas, etc. es decir, del modelo neoliberal, que viene a romper con todas las verdaderas conquistas de los trabajadores en términos de ampliación de sus derechos y la lógica democrática tan amenazadora para el capital. Para Netto “…el apelar a las iniciativas de la sociedad civil (…) cubriendo la desresponzabilización del Estado en fase de secuelas de la cuestión social mediante la convocatoria de “grupos o asociaciones” es perfectamente compatible con el vaciamiento de la efectividad de la ciudadanía.”34
En segundo lugar, la idea del Tercer Sector como es un espacio “alternativo” de creación de Bienes y servicios y de asunción de las políticas sociales abandonadas por el Estado.
En este punto se rebate la idea del Tercer Sector como “tercera vía”35, pues si bien difiere del Estado y del Mercado, se mueve en la misma lógica sin cuestionar – y mucho menos amenazar – el sistema capitalista. Es decir, integrado al mismo sistema: en la lógica del capital y del lucro.
En este punto es necesario analizar la característica que aparece como central en este tipo de organizaciones: “el sin fines de lucro”.
Si bien generalmente las inversiones que realizan superan las eventuales retornos financieros, indirectamente o en forma encubierta ello está presente en los canales y las fuentes de financiamiento (organismos internacionales, empresas nacionales o el propio estado) que se orientan política y económicamente. Esta dimensión no puede dejar de formar parte de la dinámica del campo social,36 sin mencionar en el mismo orden el interjuego de otros capitales como el simbólico, el cultural y el ampliamente difundido capital social.37
El fomento de la participación de las OSC en la cuestión social en definitiva no es más que un mecanismo que privilegia a uno de los rasgos neoliberales más distintivos: la oposición al Estado de bienestar. En las esferas donde se identifica mercado con sociedad civil, esfera pública con racionalidad técnica – administrativa y ciudadanía con derechos privados.38
El traspaso de las funciones públicas al ámbito de lo privado modifica tanto la identidad como las formas de reclamo de los beneficiarios que anteriormente se definían como usuarios y ahora lo hacen como clientes. Se configuran como fricción de los servicios, de los beneficios y de los derechos de ciudadanía. Es el traspaso de ciudadanos a consumidores.
Las OSC aparecen como herramientas que muestran otra manera de hacer política social aunque con alcance muy limitado y con claras diferenciaciones en su interior. Las atenciones que promoverá tendrán un carácter multifragmentado de la cuestión social y estarán lejos de ser consideradas en cantidad, calidad, variabilidad y abarcabilidad a las abandonadas por el Estado.

El guión

Como se ha señalado con anterioridad experimentamos un fuerte proceso de cambio, una verdadera transformación histórica – estructural, que va modificando nuestras formas de producir, consumir, gestionar, informar y pensar.
Sumergidos en una crisis económica y de gobernabilidad que se evidencian al mirar las condiciones materiales de millones de argentinos y las propias imágenes del colectivo social donde se ve deteriorada la capacidad misma de formular proyectos de sociedad y la voluntad de revertir el cuadro actual, el desafío mayor es animarse a pensar.39
En este profundo proceso de cambio, advierte Faleiros40, como un momento favorable para los debates y las iniciativas audaces, donde los “acomodados” del sistema serán traspasados y rechazados por las fuerzas de transformación.
Haciendo eco a las palabras de Martinelli donde señala que: “Cada momento tienen en sí la fuerza de lo inaugural, el impulso creador del nuevo”41, se alienta a proponerse y arriesgarse. Pensar más allá de este horizonte confuso, de los paradigmas que tanta seguridad nos dieron en el pasado. Como observaba Prigogine “… tuvimos que abandonar la tranquila quietud de haber descifrado el mundo”.42
No se trata de definiciones estancas, donde la ciencia cargue con la autoridad de la “validación” sino que parece mucho más importante animarse a las controversias, pues muchas veces ellas son más interesantes que los resultados.
Pensar, contra la marea neoliberal del mercado y del nuevo orden económico y militar que intenta prevalecer en la economía mundial. Pensar, en las actuales tragedias colectivas como conteniendo en ella misma elementos de algo nuevo, de algo posible, de procesos reconstructores de vida en conjunto de una sociedad que se puede reencontrar, resolver sus problemas, humanizarse.
Pensar, como forma de recuperar la energía vital de las instituciones y de una ciudadanía activa que crea que existen caminos. Pensar, que todas las relaciones sociales se pueden dar en democracia como modelo de desarrollo, y en este orden, animarse a pensar democráticamente como modo de desafiar a la crisis y crear reales alternativas para esta relación de causalidad circular que encierra la evidencia de las relaciones de dominación. “… Cuando los dominados aplican a lo que les domina unos esquemas que son el producto de la dominación o, en otras palabras, o cuando sus pensamientos o percepciones están estructurados de acuerdo con las propias estructuras de las relaciones de dominación que se les ha impuesto, sus actos de conocimiento son inevitablemente, unos actos de reconocimiento, de sumisión”.43
La supremacía del Sujeto en el Trabajo Social, está pensada desde el lugar que su condición de persona y ciudadano le otorga. Sin embargo, sus derechos sociales, civiles y políticos, aún no están consolidados. El devenir de lo social trajo aparejado una sistemática reducción de lo que debió ser un camino en ascenso hacia la conquista y consolidación de los mismos.
La intervención profesional debe ser pensada desde estos parámetros, fortaleciendo el polo emancipatorio e incorporando a la teoría social en su argumentación, entendiendo que la vida social pasa por los procesos y los sujetos; y que se construye la historia desde lo que se hace y piensa acerca de ellos y de sus situaciones afligentes. Se debe realizar un intento de ruptura con lo “instituido” construyendo mediaciones con las nuevas condiciones de reproducción materiales y simbólicas por las que hoy atraviesan los sujetos en su vida cotidiana.
Esto reclama un compromiso ético – profesional y político en la reconstrucción de la propia identidad del Trabajo social desideologizado, narcisista, descremado y light, es decir posmoderno.44 En otras palabras, el servicio social que se institucionaliza y legitima en el ámbito de enfrentamiento de la cuestión social en sus más variadas formas y manifestaciones, o mejor, en las más traumáticas expresiones, sea en la vida individual o en la colectiva, precisa imperiosamente redefinir posicionamiento, estrategias y sobre todo un proyecto ético – político en la dirección de otra sociabilidad más justa e igualitaria. Asimismo, articular en la vida cotidiana de las clases subalternas el mundo público de los derechos y de la ciudadanía.45
Exigir al trabajo profesional una readaptación a los requisitos impuesto por el desarrollo de las fuerzas productivas y luchas sociales, entendiendo la modernidad no como una evolución autónoma, sino como el resultado del proceso global de las contradicciones sociales.46
De este modo, será posible pensar en la construcción de “minorías activas” bajo la idea de Moscovici, como la clase de individuos detentores de una propuesta alternativa de sociedad y que se encuentran dispersos en variadas áreas de actuación. Así, desde los diferentes ámbitos de acción, el Trabajo Social desde propiciar siempre el desarrollo de la ciudadanía, parafraseando a Nora Aquín “… tenemos que detenernos a pensar de que manera construir, reconstruir o recuperar ciudadanía, entendida como derechos y responsabilidades, como igualdad y diferencia. De manera que la ciudadanía no quede relegada a la idea de status legal , sino que sea trabajada como una identidad compartida y por lo tanto inclusiva.”47
La posibilidad de realizar una apuesta en términos Gramscianos “contrahegemónica” se dará en la medida de que se implementen dispositivos y procedimientos hacia la ampliación de los derechos sociales que den respuestas a las demandas emergentes. A las contradicciones del mundo social que se viven como dramas personales en la miseria material y moral.
Finalmente, resulta necesario reconocer que los tiempos son duros y el margen de maniobra escaso – en las insuficiencias intolerables de la lógica de mercado – que frecuentemente exige asumir el lenguaje y las acciones de racionalidad económica; pero los intelectuales deben estar a la altura la responsabilidad histórica que les incumbe, comprometiendo sus actos a la función de servicio. Desafiando a ello, Pierre Bourdieu dice: “… es urgente crear las condiciones de un trabajo colectivo de reconstrucción de un universo de ideales realistas, capaces de movilizar las voluntades sin confundir las conciencias.”48

Conclusión

“La propia esencia de la reflexión
es comprender que no se había comprendido”
Gastón Bachelard *

Al describir, ordenar y reflexionar analíticamente se han puesto de manifiesto la profundidad de los cambios producidos. Como señala Ximena Bararibar: “Allí donde nada parece cambiar, también se están produciendo cambios. Hay emergencia de nuevas realidades, o tal vez las mismas realidades tienen caras cada vez más complejas. Estas nuevas realidades implican nuevos desafíos y no será posible dar cuenta de ellos por fuera de la reflexión y discusión teórica”. 49
Esto coloca ante la necesidad de forjar nuevos caminos donde sean posibles la incorporación de las experiencias innovadoras de los movimientos sociales, los proyectos creativos de grupos y entidades, comunidades de sentido, de gestión, de organización social, que busquen vencer la opresión de las grandes estructuras, rescatar las relaciones interpersonales, redimensionar la subjetividad, valorizar los sujetos individuales. Volver la atención a las microestructuras, a los microprocesos que significan nuevas relaciones sociales basadas en la solidaridad, en la participación real, en la corresponsabilidad, de la intervención del Estado en los procesos reguladores de las relaciones sociales.
Según Charles Tilly, los lugares de la democracia siempre exponen un cartel: “en construcción”.50
Se requiere establecer por lo tanto, una visión más general de los procesos sociales, donde las condiciones objetivas y subjetivas: lo estructural y la interrelación de los actores, posibiliten un análisis más complejo.
Las distintas aproximaciones sucesivas deben ser efectuadas para entender y comprender los fenómenos en situación como una totalidad. Esto permitirá la irrupción de nuevos modelos que rijan desde la diversidad posibilitando otras formas de intervención en la cuestión social. No perdiendo de vista lo que dice Tenti Fanfani: “Detrás de cada política pública siempre existe en forma implícita o explícita, una determinada perspectiva teórica, es decir, un modo específico de ver las cosas. Una teoría, en síntesis, es un sistema de categorías de percepción.” 51
En este universo de significaciones, en el cual se ha intentado incurrir es lo que para Durkheim las personas crean en el proceso de intercambio social como una realidad “sui generis”, pero no es una realidad intrínseca ni está dada de una vez para siempre, se construye y reconstruye en un proceso continuo. Sigue siendo real, en el sentido de una plausibilidad subjetiva, solo si se la confirma y vuelve a confirmar en relación con otros sociales.
El objeto de análisis es la persona en cuanto crea y extrae significado en el mundo de la vida cotidiana52, de su conocimiento (los modos en que las personas organizan su experiencia diaria y especialmente los del mundo social) constituye el telón de fondo dentro del cual debe iniciarse la indagación.
Por lo antes expuesto se percibe cómo operan las representaciones en las practicas cotidianas de los actores relacionadas a la esfera del tercer sector, entendiendo a las prácticas como la unidad compleja de comportamientos + representaciones, en las que las exteriorizaciones más directamente observables que constituyen los primeros se encuentran internamente reguladas/organizadas por las segundas. Por lo tanto, el análisis de las representaciones adquiere un papel de primer orden, no solo – ni principalmente – por razones teóricas, sino por su condición constitutiva de prácticas.53
En la compleja trama social de principio de siglo en una Argentina sumergida en una profunda crisis54 urge repensar en estas imágenes que los ciudadanos crean y conservan sobre la vinculación de los diversos sectores:

El Estado “malhechor” frente a un tercer sector “benevolente” y un mercado “invisible”, convergen en un sin fin de supuestos que tejen los hilos del proyecto neoliberal.
Interesa aquí no caer en el absolutismo ni en la fatalidad, al contrario recalcar que en la cantidad y variedad de formas asociativas que adquiere el tercer sector (en cuanto funciones, tipos de servicios que prestan y características estructurales) se construyen y reconstruyen frecuentemente diversas e importantes formas de concebir e intervenir en lo social, que van dotando de sentido este espacio y buscando, grietas, fisuras e intersticios para hacer crecer la ciudadanía.
Resulta pertinente señalar entonces, la significativa contribución de las organizaciones en la integración de los sectores expoliados que encuentran en ellas un importante espacio de actuación y su potencialidad para generar ámbitos donde primen la solidaridad y la reciprocidad.
Reconociendo las dificultades y los limitantes del tercer sector, se apuesta a acentuar en sus fortalezas, sin que ello signifique la renuncia a las funciones consideradas exclusivas del Estado. Entendiendo que la asistencia social no puede ser transformada en un acto mecánico de administración social y ni ser movida apenas por la buena voluntad como prácticas aisladas para aminorar la pobreza absoluta, sino sostenida como política de seguridad, concretizado en las políticas públicas que procedan como instrumento real de acceso a los recursos y a la condición de ciudadanos.
Según esto, “…la articulación de esfuerzos y la capacidad para encontrar estrategias comunes o soluciones de conjunto son, sin duda, los elementos necesarios para movilizar la sinergia social que producirá el cambio”.55 

BIBLIOGRAFÍA

BERGER, Peter – LUCKMANN, Thomas. La construcción Social de la realidad. Buenos Aires, Amorrortu editores, 1968.
CARDARELLI, G. y ROSENFELD, M. Las participaciones de la pobreza. Programas y Proyectos Sociales. Buenos Aires, Paidós, Trama Social, 1998,
CENOC. Hacia la construcción del Tercer Sector en la Argentina. 1997
DALLERA, Osvaldo. Quien es la gente. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1994.
GARCÍA DELGADO, Daniel. Estado y Sociedad. Buenos Aires, TESIS – FLACSO, 1994.P
GENTILLI, Raquel. Representaçoes y Práticas. Identidade e processo de trabalho no Serviço Social. Veras Editora. Sao Paulo, 1998.
MONTAÑO, Carlos. “Das lógicas do Estado” as “lógicas da sociedade civil”. Estado e “terceiro setor” en questao. En: Espaço Público, Cidadania, Terceiro Setor. Revista Serviço Social y Sociedade, N·59, Marzo 1999.
PEÑALBA, Susana – ROFMAN, Alejandro. Desempleo estructural, pobreza y precariedad. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1999
PORTANTIERO, Juan Carlos. El tiempo de la Política. Temas Grupo Editorial. Buenos Aires, 2000.
REIGOTA, Marcos. Meio Ambiente y representacao social. Questoes Da Nossa Epoca. N·41 . Cortez Editora, Sao Paulo, 2001.
TOKMAN, V. – O DONELL, G. Pobreza y desigualdad en América Latina. Buenos Aires, Paidós, 1999.
TOURAINE Alain. Igualdade y Diversidade. O sujeito Democrático. Sao Paulo, EDUSC, 1997
WANDERLEY BELFIORE, Mariangela. “Metamorfoses do desenvolvemento de comunidade”, Cortez Editora, 2001

REFERENCIAS

** Artículo realizado y presentado en el Seminario “Sociedad Civil y Tercer Sector: Las problemáticas de la aparición de un nuevo actor en las Políticas de Desarrollo”. Dpto. de Trabajo Socia. Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Junio 2002.

* Epígrafe BOURDIE, Pierre. La miseria del mundo. Bs. As., Fondo de Cultura Económica, 1999, Pg. 78.
TOURAINE, Alain. Igualdade y Diversidade. O Sujeto Democrático. Sao Paulo, EDUSC, 1997.
2 BERGER, Peter – LUCKMANN, Thomas. La construcción Social de la realidad. Buenos Aires, Amorrortu editores, 1968.
3 En estos términos se refiere a las transformaciones macroestructurales y su equivalente en lo micro.
4 A lo largo del presente trabajo el concepto de sociedad civil se utilizará indistintamente al de tercer sector respondiendo al campo de lo social que se halla fuera de la esfera del Estado y del mercado.
5 El término actor se utiliza en reemplazo de la categoría de “sujeto”, no significando ello una reducción de este último, sino como una analogía teatral a los que van a cambiar de papeles, improvisar el guión o elaborar nuevas formas de representación.
6 Si el tercer sector se ha configurado como un importante objeto de estudio, las representaciones resultan un instrumento imprescindible para su acceso.
7 La etnometodología con influencia de la fenomenología y del interaccionismo considera que las palabras son “miniaturas de la acción”. Interesa destacar que el análisis y la reflexión del presente trabajo se sitúan en los discursos circundantes sobre el tema del tercer sector.
8 SCHUTZ, Alfred citado en BARONE, Miryam E. Dos Historias de nunca acabar. Misiones, Editorial Universitaria, 2000, Pg. 48.
9 Es importante señalar que si bien la sociedad determina la presencia de las ideas, no así naturaleza de las mismas.
10 El Estado de Bienestar en la Argentina, que para varios autores difiere en gran medida de los modelos europeos.
11 Guillermo O·Donnell habla de países con ciudadanía de baja intensidad, caracterizado a aquellos cuyo grado de “democraticidad” es relativo, según los grados existentes de justicia e igualdad. “Así varias formas de discriminación, la pobreza generalizada y su correlato – una extrema disparidad en la distribución de los recursos – no solo económicos – van de la mano con baja intensidad de ciudadanía.
12 FITOUSSI, Jean Paul y ROSANVALLON, Pierre citado en PORTANTIERO, Juan Carlos. El tiempo de la Política. Buenos Aires, Temas Grupo Editorial, 2000, Pg. 75.
13 PEÑALBA, Susana – ROFMAN, Alejandro. Desempleo estructural, pobreza y precariedad. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1999.
14 BUSTELO, Eduardo en CARDARELLI, G. y ROSENFELD, M. Las participaciones de la pobreza. Programas y Proyectos Sociales. Buenos Aires, Paidós, Trama Social, 1998, Pg. 16.
15 GARCÍA DELGADO, Daniel. Estado y Sociedad. Buenos Aires, TESIS – FLACSO, 1994, Pg. 18.
16 Entiéndase por aquellas que efectivamente cumplen con funciones sociales e instalan una efectiva lógica solidaria.
17 Identificación simbólica que realiza un actor social del objetivo de su acción.
18 CASTELL, Manuel. La era de la información . El Poder de la identidad. Madrid, Alianza Editorial, 1997. Pg. 28.
19 CASTELL, M. Op. cit. Pg. 31.
20 REILLY, Charles. “El equilibrio entre el Estado, el mercado y la sociedad civil” En: TOKMAN, V. – O DONELL, G. Pobreza y desigualdad en América Latina. Buenos Aires, Paidós, 1999. Pg. 206.
21 DALLERA, Osvaldo. Quien es la gente. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1994, Pg. 42.
22 BOURDIEU, Pierre en GUTIÉRREZ Alicia. Pierre Boudieu: Las prácticas sociales. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1994, Pg. 17.
23 REIGOTA, Marcos. Meio Ambiente e representacao social. Sao Paulo, Cortez, 2001, Pg. 67.
24 El clientelismo se caracteriza por una forma de expoliación del propio derecho del ciudadano a tener acceso igual a los beneficios sociales, por la intermediación de un distribuidor que se posesiona de los recursos o de los procesos para conseguirlos, cambiándolo por formas de obligaciones que se convierten en deuda para la población
25 En este punto se utiliza el concepto de Organizaciones no Gubernamentales para referirse a aquellas inscriptas jurídicamente como Asociaciones Civiles sin fines de Lucro y que se clasifican como organizaciones de apoyo, con el objetivo de diferenciar de las otras formas asociativas antes mencionadas. No se pretende ahondar en la conceptualización teórica de las mismas.
26 En PEÑALBA – ROFMAN. Op. cit. Pág. 175.
27 PAZ, Rosangela. “O que é ONG?”. En: Descentralizaçao, Cidadania, participaçao. Revista Serviço Social y Sociedade N· 54, Julio de 1997, Pg. 176.
28 CARDARELLI, G. y ROSENFELD, M. Op. cit. Pg. 88
29 CENOC. “El rol del Tercer Sector” En: Hacia la constitución del Tercer Sector en la Argentina, 1997. Pg. 54
30 PAZ, R. Op. cit. Pg. 177.
31 THOMSON, Andrés. El “Tercer Sector en la Historia Argentina”, s/d.
32 Consejo Consultivo Nacional para la participación y el Debate sobre Políticas Sociales. En: CENOC, Op. cit. Pg. 57.
33 MONTAÑO, Carlos. “Das `lógicas do Estado´ ás `lógicas da Sociedade civil”. En: Espaço Público, Cidadania, Terceiro Setor. Revista Serviço Social y Sociedade, N·59, Marzo 1999.
34 Idem Pg. 72. Traducción propia.
35 Uno de las mayores exponentes de la sociedad civil como “Tercera Vía” es Anthony Guiddens, quien levanta cuestionamientos en obras como ¿Tercera Vía o Neoliberalismo? bajo la compilación de Martin Jacques. Barcelona, Icaria – Antrazit, Análisis contemporáneo, 2000.
36 Bourdieu define a los campos sociales como “espacios de juego históricamente constituidos con sus instituciones específicas y sus leyes de funcionamiento propios” y Costa añade: que en su aprehensión sincrónica los campos se presentan como “sistema de posiciones y relaciones entre las posiciones”. GUTIERREZ, Alicia. Op. cit. Pág. 31.
37 Un campo se define, en otras cosas, “definiendo lo que está en juego y los intereses específicos del mismo.” Ibid, Pg. 32.
38 MALLIMACI, Fortunato. “Demandas Sociales emergentes: pobreza y búsqueda de sentido…” En PEÑALBA y ROFMAN, Op. cit. Pg. 185 – 210
39 WANDERLEY BELFIORE, Mariangela. Metamorfoses do desenvolvemento de comunidade. Sao Paulo, Cortez Editora, 2001.
40 FALEIROS, Vicente de Paula. Trabajo Social e Instituciones. Buenos Aires, Hvmanitas, 1986.
41 MARTINELLI,María Lucia.Servicio Social. Identidad y Alineación.Sao Paulo, Cortez 1992.Pg. 12.
42 PRIGOGINE, I. citado por REIGOTA, Marcos en Op. cit. Pg. 18.
43 BOURDIEU, Pierre. “La dominación masculina”. Barcelona, Ed. Anagrama, 2000. Las negritas son propias. Pág. 24
44 DIEGUEZ, Alberto. Identidad Profesional y Trabajo Social. Bs. As., Espacio Editorial, 1997.
45 YASBEK, María Carmelita en ROZAS PAGAZA, Margarita. La intervención profesional en la Cuestión Social. El caso del Trabajo Social. Espacio. 2001.
46 FALEIROS, Vicente de Paula. Op. Cit. Pág. 8.
47 AQUIN, Nora. “Las implicancias de la ciudadanía para el Trabajo Social”. Apuntes.
48 BOUDIEU, Pierre. “La mano derecha y la mano izquierda del Estado”. Entrevista con R. P. Droit y T. Ferenczi, publicada en Le Monde Diplomatique, el 14 de enero de 1992. En la misma el sociólogo francés plantea que los profesionales del área social representan la mano izquierda del Estado que se halla en lucha constante con la derecha de los “enarcas” de los superministerios.
* Epígrafe BACHELARD, Gastón, Epistemología, Selección de Dominique Lecourt, Río de Janeiro, Zahar, 1983.
49 BARAIBAR, Ximena. “Articulación de lo diverso: lecturas sobre la exclusión social y sus desafíos para el Trabajo Social” En: Revista Servico Social y Sociedade, Op. cit. Pg. 81.
50 TILLY, Charles citado en PORTANTIERO, Juan Carlos, Op. cit. Pg. 59.
51 ISUANI, Ernesto – LO VUOLO, Rubén – TENTI FANFANI, Emilio. El Estado Benefactor. Un Paradigma en crisis. Buenos Aires, Miño y Dávila/Ciepp-, 1993.
52 SHUTZ, Alfred especialmente en Las estructuras del mundo de la vida. Amorrortu, Buenos Aires, 1973.
53 DANANI, Claudia, 1999, s/d.
54 En este tema El Lemonde Diplomatique (Marzo 2002) señala: “…Las vacilaciones del gobierno de Eduardo Duhalde entre las brutales presiones de los lobbies y los organismos internacionales de crédito por un lado, y los reclamos de una sociedad al borde de la desesperación por otro, comprometen su estabilidad y colocan al país al borde de un caos político, económico y social sin precedentes.”
55 CENOC, Op. cit. Pg. 47.